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Una ambiciosa hoja de ruta hacia la sostenibilidad

Repsol lleva 25 años trabajando para ser más eficiente, reducir sus emisiones de CO2 y ayudar al desarrollo económico y social de los territorios en los que se asienta. Fue la primera compañía de su sector en apoyar el Protocolo de Kioto. Y ha hecho suyos los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Una ambiciosa hoja de ruta hacia la sostenibilidad

Hay muchas definiciones de sostenibilidad , pero, sin menoscabo de ninguna, a Antonio López Rodríguez, gerente sénior de Energía y Cambio Climático de Repsol, le gusta enunciarla como la capacidad de una compañía para estar presente desarrollando su actividad en el medio-largo plazo. Lo que implica “abstraerse de las decisiones cortoplacistas y mirar hacia el futuro en todos los aspectos: seguridad, medio ambiente, progreso social, cambio climático...”. La firma que no haya integrado esta apuesta en su ADN tiene, según dice, los días contados. No es el caso de Repsol, la primera empresa del sector del petróleo y gas que apoyó el Protocolo de Kioto, y que actualmente está embarcada en el Comité Ejecutivo de la Red Española del Pacto Mundial de la ONU para hacer suyo el reto de impulsar desde el sector privado la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Esta hoja de ruta hacia la sostenibilidad comenzó con temas de eficiencia y gestión energética, hace 25 años, cuando el cambio climático y sus amenazas no figuraban en casi ninguna agenda pública. “En los años 90, la problemática ya estaba en la mesa de debate. Se empezaba a visualizar que nos enfrentábamos a un problema real, complejo, de escala global y de complicada solución. En aquel momento, fuimos capaces de ver que o apostábamos por la sostenibilidad decididamente o no seríamos resilientes en el futuro”, recuerda López Rodríguez. En 2002, Repsol entró en IPIECA (la asociación mundial del petróleo y el gas especializada en cuestiones medioambientales y sociales) y, a través de ella, colabora con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y con el Banco Mundial para compartir conocimiento de cómo la industria del sector puede contribuir eficazmente a cumplir los ODS.

El complejo de Repsol en Puertollano ha recortado más de 500.000 toneladas de co2 en la última década.

Innovación, tecnología y una apuesta por la economía circular son los cimientos de la actuación de Repsol en favor de la eficiencia energética.

Suministrar la energía que una sociedad necesita para su desarrollo minimizando, a la vez, el impacto es una ecuación compleja que se resuelve con innovación, tecnología y una apuesta por la economía circular, sostienen desde Repsol. Nuevos materiales y usos más sostenibles de las materias primas. A través de la Oil and Gas Climate Initiative (OGCI), de la que forma parte, participa en el desarrollo de tecnologías de captura, uso y almacenamiento de carbono; mediante el Fondo de Corporate Ventures, ha entrado en el accionariado de startups con soluciones novedosas para la transición energética (Ample, Ampere Power Energy, Wattio), y a través de Repsol Technology Lab investiga la producción de hidrógeno sin emisiones de CO2.

 Los precedentes: anticipación

En 2003, la compañía creó su Unidad de Cambio Climático y, dos años después, su primera Estrategia de Carbono. “Supimos anticipar la importancia de las emisiones de CO2 y conectarla con un consumo responsable de la energía”, subraya López Rodríguez. Sus sucesivos planes de reducción —el primero fue en 2006— han supuesto un descenso anual de unos 5 millones de toneladas de CO2. “Apoyamos el Acuerdo de París y trabajamos para ser parte activa de la solución al cambio climático”, añade. Tomando como referencia 2016, el objetivo a corto plazo es bajar un 3% el indicador de intensidad de carbono en 2020. A largo plazo, la ambición es recortarlo un 40%. El último informe de la Transition Pathway Initiative (asociación que reúne a 50 de los mayores inversores del mundo) señala a Repsol como una de las dos únicas firmas del sector del petróleo y gas alineadas con los objetivos marcados en París, destinados a limitar a 2ºC el incremento de la temperatura media global del planeta respecto a los niveles preindustriales.

Lo local ha de ir sumando para que lo global alcance sus metas. El complejo industrial de Repsol en Puertollano (Ciudad Real, Castilla-La Mancha) ha dejado de emitir más de 500.000 toneladas de CO2 en la última década gracias a sus avances tecnológicos. Y da trabajo directo a 1.500 personas, siendo el foco de empleo más importante del municipio.

Es solo un ejemplo, pero significativo, de sostenibilidad medioambiental y social. “Se le ve como a un vecino o a un actor más, preocupado por dar solución a los problemas y colaborando económicamente en proyectos interesantes para la ciudad”, describe Lourdes Carrascosa, coordinadora del Panel Público Asesor de la instalación y directora de la Oficina de Atención al Ciudadano del Ayuntamiento de Puertollano. “Se puede hablar de cualquier cosa con tranquilidad, y con sensación de apertura y transparencia”, subraya.

Crear un foro de participación en el que estén representados todos los sectores sociales es la primera medida que adoptan desde Repsol cuando empieza a operar en un nuevo territorio. “Promovemos siempre un diálogo proactivo y transparente con todos, basado en la escucha y en el intercambio abierto de información”, expresa López Rodríguez. “Es normal que nos haga partícipes de toda la información que se considera de interés: paradas, contratación, obras, nuevos proyectos”, afirma Carrascosa a este respecto. El trabajo decente y crecimiento económico es el ODS 8, uno de los que ha priorizado la compañía energética junto con el 7 (energía asequible y no contaminante) y el 13 (acción por el clima). “Hemos de dirigir nuestros esfuerzos hacia ellos por su papel en el acceso a la energía, su contribución al desarrollo socioeconómico y la lucha contra el cambio climático”, concluye.

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