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COLUMNA i

Empujando una cuerda

EE UU y China están cruzando líneas rojas muy relevantes, haciendo más difícil la marcha atrás

Los avances y retrocesos en la guerra comercial entre EE UU y China han sido, son y muy probablemente seguirán siendo, el principal factor director de las expectativas sobre el ciclo económico global y del comportamiento de los principales activos financieros. Desde la primavera de 2018, todos los episodios de turbulencia financiera y sus posteriores fases de calma y renovada apuesta inversora por los activos de riesgo han venido de la mano de eventos relacionados con el enfrentamiento comercial entre ambas potencias.

El vaivén sufrido en los mercados en el inicio de agosto tiene el mismo origen y, por el momento, dibuja un patrón similar: un shock inicial provocado por un anuncio inesperado; la profundización del movimiento al anunciarse represalias por la otra parte, y la recuperación de una relativa calma ante los primeros signos de recule parcial por las partes. En este caso, el shock inicial se produce el 31 de julio al anunciar Trump la imposición de aranceles sobre 300.000 millones de importaciones chinas a partir de septiembre; el pánico llega con la intensa depreciación del yuan del 5 de agosto, y el anuncio de exenciones a los aranceles y vuelta a las negociaciones devuelven cierta calma.

Hay sin embargo diferencias importantes frente a episodios pasados. EE UU y China están cruzando líneas rojas muy relevantes, haciendo más difícil la marcha atrás y elevando el riesgo de acelerar la espiral proteccionista y de devaluaciones competitivas. Por otro lado, a pesar del renovado esfuerzo de acomodación monetaria de los bancos centrales, el ciclo global sigue emitiendo señales muy preocupantes (con Europa a la cabeza). El riesgo de que el freno al comercio y la inversión empresarial terminen por empujar al mundo a una desaceleración más profunda es hoy más elevado.

El hundimiento de las curvas de tipos, sobre todo en sus tramos largos, es muy preocupante. Las dudas sobre la capacidad de los bancos centrales de estimular la economía en la actual situación son cada vez mayores. En este punto, la metáfora de que la política monetaria estaría “empujando una cuerda” (pushing on a string, con origen en 1935), cobra una vigencia absoluta. La expresión advierte de la ausencia de simetría en la capacidad de la política monetaria para conseguir sus fines. El banco central puede frenar fácilmente una expansión económica subiendo los tipos de interés; pero puede ocurrir que bajadas de tipos de interés u otras medidas de estímulo no tengan apenas efecto si los agentes económicos no responden a ellas (por ejemplo, si los bancos no están dispuestos a prestar o si consumidores y empresas no quieren pedir prestado para consumir y/o invertir). En la primera situación, el banco central tira de la cuerda para frenar la economía; en la segunda, al empujarla, solo la arruga. En este entorno, y con estos tipos de interés, que la política fiscal no arrime el hombro es una irresponsabilidad.

(*) José Manuel Amor y Salvador Jiménez son profesores de Afi Escuela de Finanzas

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