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Los inversores en Holanda dan la espalda a las empresas que montan ellas

El país europeo debate por qué los inversores son reticentes a apoyar proyectos tecnológicos liderados por mujeres

Mona Keijzer, secretaria de Estado holandesa de Economía, durante una visita en Rijssen (Holanda) en 2017.
Mona Keijzer, secretaria de Estado holandesa de Economía, durante una visita en Rijssen (Holanda) en 2017. FLICKR

Conseguir que un inversor ponga su dinero en una start-up, una empresa tecnológica recién nacida, no es fácil, porque se trata de apuestas de alto riesgo. Pero si las emprendedoras son mujeres, les va a costar todavía más hacerse con financiación. Pasa en la Unión Europea. Y pasa en Holanda, donde la claridad con la que hablan los datos han generado un movimiento entre las emprendedoras y ha llevado al Gobierno a asegurar que analizará las cifras y tratará de poner remedio a la discriminación al menos en las inversiones con dinero público.

En Holanda hay cerca de 5.561 start-ups, de las cuales un 90% tienen al frente varones y un 9,52% mujeres. Sin embargo, los inversores locales destinaron entre 2010 y 2018 un 1,6% de su dinero a las start-up controladas por mujeres. Ellas se llevaron una media de 590.000 euros en cada ronda inversora, frente a un promedio de casi cuatro millones de euros que captaron ellos.

Eva de Mol, investigadora de la Universidad Libre, de Ámsterdam, y la inversora Janneke Niessen han recopilado los datos en Holanda, mientras en Europa lo ha hecho un estudio del fondo británico Atomico llamado El Estado de la Tecnología en Europa, que concluye que los proyectos en los que trabajan exclusivamente hombres consiguieron cerca de un 93% del capital invertido en tecnología en toda Europa; los mixtos captan el 5% y los formados solo por mujeres, el 2%.

Algunas holandesas han decidido agitar el debate. Eline Leijten, de 32 años, fundadora y directora general de Plugify, una plataforma especializada en reservas para conciertos y actuaciones musicales con 1.900 artistas registrados, decidió recopilar las experiencias de sus colegas mujeres. Creó un documento compartido en Google para recoger detalles del día a día de las emprendedoras tecnológicas. Los resultados se han convertido en tema de discusión entre políticos y empresarios. Anécdotas, comentarios sexistas y frases que ellas escuchan al tiempo que los inversores rechazan invertir en sus proyectos, como “caramba, embarazada y trabajando, con todas esas hormonas; lo siento por tu marido”; o “tenemos que seguir utilizando esa cara tan linda tuya, aunque, claro, no durará siempre”.

A la vista de la situación, Mona Keijzer, secretaria de Estado holandesa de Economía, ha investigado la composición de los comités que distribuyen los fondos públicos de su departamento entre los emprendedores, para ver si estaban dominados por varones. Una vez comprobado que así es, ha decidido que las vacantes de esos comités que seleccionan los proyectos sean cubiertas por mujeres a partir de ahora. La idea es que, si hay más diversidad, se evitarán los sesgos de género.
La última en hacer autocrítica ha sido la start-up Delta, una conocida organización holandesa que pone en contacto al sector público y privado y que investiga los retos de las empresas emergentes. Tiene a la cabeza al príncipe Constantino de Orange, hermano del rey Guillermo. “No pienso sentarme nunca más en una reunión de trabajo donde no haya mujeres”, dijo, después de admitir que las publicaciones de la propia Delta primaban figuras masculinas en su apartado gráfico. Lo han cambiado.

“La realidad es que la distribución de las inversiones es desigual y recibimos menos capital de riesgo, a menudo con la excusa de que las mujeres son difíciles de encontrar en este campo y es preciso formarlas. Pero no ocurre solo en Holanda. Las investigaciones publicadas en Suecia y Estados Unidos indican que el prejuicio existe, y los equipos mixtos, con hombres y mujeres, reciben algo más de atención inversora”, asegura Leijten en la sede de Plugify, ubicada en Ámsterdam.

Dana Kanze, investigadora de la universidad estadounidense de Columbia, ha analizado las preguntas que se hacen a mujeres y hombres que buscan fondos para su empresa, y ha observado que “a ellas se les inquiere sobre el control del riesgo, o cómo afrontarían a un competidor, mientras que ellos responden sobre sus ambiciones y planes de futuro”. Un estudio de la universidad sueca de Lulea (norte del país) asegura que “el flujo masivo de inversiones recibido por empresarios masculinos no es porque sus proyectos sean mejores que los de sus competidoras, sino porque los inversores toman decisiones basadas en estereotipos y no en estadísticas fiables”.

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