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OPINIÓN i

El salario mínimo del PP desentona en la UE

En Europa tienen claro que la mejora de los salarios mínimos se ha convertido en una necesidad para asegurar unos ingresos mínimos vitales a los trabajadores

Pablo Casado, este lunes en un acto electoral del PP en Barcelona.
Pablo Casado, este lunes en un acto electoral del PP en Barcelona.

Los recientes enredos de Pablo Casado sobre el salario mínimo interprofesional (SMI) reflejan lo alejado que está el líder del PP del mundo del trabajo y del debate europeo. Comprometerse a subirlo a 850 euros al mes en 2020 cuando desde enero están vigentes los 900 podría ser un despiste. Pero escudarse en que se han falseado sus palabras, grabadas y ampliamente reproducidas, y no aclarar su propuesta revelan que no hubo tal equivocación y que el recorte salarial es una de sus opciones.

La cuestión de fondo es que la transformación que vive la economía está generando una pérdida de poder de negociación de los trabajadores que se traduce en una devaluación generalizada de sueldos. Ante esta coyuntura, el establecimiento y mejora de los salarios mínimos se ha convertido en una necesidad para asegurar unos ingresos mínimos vitales a un creciente número de trabajadores. En Europa lo tienen claro. Hubertus Heil, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales de Alemania, ha señalado que “la creación de un marco legal europeo para salarios y rentas mínimos será una de las prioridades de la presidencia alemana de la UE en la segunda mitad de 2020”.

Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, en su referencial discurso en la Sorbona ya anunció su propósito de establecer un salario mínimo europeo para luchar contra la competencia desleal entre países. Se trataría de definir “un salario mínimo adaptado a la realidad económica de cada país, que debería entrar progresivamente en la lógica de hacerlos converger”. La Confederación Europea de Sindicatos precisa que los salarios mínimos deberían ser el 60% de los salarios medios, lo mismo que propugna la Carta Social Europea. En España, los socialistas plantean aplicar este criterio que significaría 1.126 euros al mes, y Unidas Podemos fija en 1.200 euros el objetivo para la próxima legislatura.

En la cuestión del salario mínimo hay mucha ideología, pero también estudios rigurosos que cuestionan algunos principios de economía como que un aumento del salario mínimo reduce siempre el empleo. El pasado mes falleció el economista estadounidense Alan Krueger, cuyas investigaciones sobre el salario mínimo han supuesto un cambio radical de las ideas establecidas. La labor de Krueger, basada en sus amplios conocimientos estadísticos y el uso de datos propios, ha sido elogiada por destacados medios internacionales como The Economist, Financial Times, Le Monde o este diario.

Climent Quintana-Domeque, exalumno de Krueger y catedrático en Exeter, ha destacado la relevancia de los trabajos de Krueger junto a David Card sobre el salario mínimo. Quintana-Domeque explica en Nada es gratis que las investigaciones de ambos economistas revelaron que el incremento en el salario mínimo no se tradujo en una reducción del empleo. Y subraya que estos trabajos han influido claramente las posteriores expansiones del SMI.

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