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Así son los grados abiertos: la opción más flexible cuando todavía quedan dudas

El sistema permite elegir asignaturas de diferentes carreras en los primeros años antes de tomar una decisión definitiva

Ivet Zwatrzko, en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona. Ampliar foto
Ivet Zwatrzko, en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona.

Hay quien llega a la universidad con 18 años y toma decisiones pensando que es una persona completamente adulta con las cosas muy claras. Luego la universidad o la carrera no son como se imaginaba y aparecen los arrepentimientos y las decepciones. Hay otra gente que, muy al contrario, llega a la universidad pensando que es demasiado joven para hacer una elección que probablemente marcará el resto de su vida. Que desearía poder conocer algo más de las carreras que le tientan o del funcionamiento de las Facultades. Para ambos tipos de estudiantes, también para los más curiosos o inquietos, llega a España la opción de grado abierto, inspirada en la flexibilidad de los sistemas universitarios de algunos países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania.

“Más que un grado, el grado abierto es un programa de acceso a la universidad en el que el alumno puede elegir durante su primer año asignaturas de varias carreras antes de decidirse en el segundo año por alguna de ellas”, explica Cristina Gelpí, vicerrectora de la dirección de proyectos para la docencia de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), centro pionero en esta práctica que puso en marcha hace tres años. En la actualidad ofrecen 42 plazas de esta opción.

Si se elige este ­programa de acceso, el alumno ­cuenta con la ayuda de un tutor que le guiará en su experiencia universitaria

La oferta ha ido creciendo progresivamente durante estos tres cursos, pero tampoco se puede aumentar demasiado debido a las dificultades administrativas y logísticas que le supone a la organización de la universidad. “Hay estudiantes que tienen una vocación muy clara, para Medicina o Derecho, por ejemplo; otros creen que no están en el mejor momento para tomar esa decisión”, indica Gelpí. “Con el grado abierto pueden explorar otras opciones antes de decidirse”.

El tiempo invertido en estudiar otras asignaturas de carreras que luego relegarán no se pierde, sino que los créditos se tienen en cuenta en el expediente dentro del grado elegido. Además, el alumno tendrá también que ponerse al día estudiando las asignaturas que le falten del grado de destino, como cualquier otro estudiante.

Itinerarios concretos

Además de la Pompeu Fabra, pocas universidades se han lanzado aún al grado abierto. Una de ellas es la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), que ofrece un grado abierto más limitado: no se puede elegir entre carreras de cualquier Facultad, sino que se restringen en algunos itinerarios, uno en torno a los grados de Ingeniería y otro en torno a los de Ciencias Sociales y Humanidades, por aquello de no dispersar demasiado el conocimiento y facilitar la logística. “Ofrecemos dos ramas diferenciadas porque comparten asignaturas entre sí, lo que facilita el encaje de las materias, y para evitar traslados entre los dos campus que harían difícil compaginar los horarios”, explica Isabel Gutiérrez, vicerrectora de estudios de la UC3M. Por su parte, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) mantiene un grado abierto, pero solo en Lenguas y Literatura, aunque ya no se ofrecerá a partir del curso 2018-2019.

De las Ciencias a las Humanidades

Ivet Zwatrzko (Vic, 1998) hizo el bachillerato de ciencias porque se imaginaba un futuro en la medicina o en la biología humana. Sin embargo, la vida universitaria le iba a llevar por unos derroteros que no se imaginaba en principio. “Al mismo tiempo, además de las ciencias, me gustaba muchísimo leer, el cine, las humanidades, sobre todo en su faceta más artística”, explica. Pensó que quizá no quisiera acabar trabajando en un laboratorio y, cuando conoció la posibilidad de grado abierto, decidió probar suerte.

En su grado abierto, el curso pasado, Zwatrzko eligió asignaturas de Comunicación Audiovisual, Estudios Globales y Humanidades. “La experiencia de grado abierto es muy satisfactoria en el sentido de que permite conocer varias cosas”, explica. “Si en su momento me hubieran hecho escoger solo un grado, habría escogido Comunicación Audiovisual y no habría visto que hay otras materias que me gustan y que me gustan incluso más todavía”.

El caso de esta estudiante es muy particular, porque al final su opción última no ha sido un solo grado, sino que compagina dos: Comunicación Audiovisual y Humanidades. Ya no es grado abierto, pero ­Zwatrzko sigue abierta a ver el mundo desde diferentes puntos de vista. Lo más difícil, el encaje en la universidad: “Tienes que ir a muchas clases diferentes con personas distintas y eso dificulta integrarse en un grupo de compañeros. Pero siempre acabas encontrando a gente con la que te llevas bien”, concluye.

¿Qué perfil de estudiantes elige el grado abierto? “Hay varios perfiles”, dice Gutiérrez, “encontramos alumnos en fase de admisión que están poco informados sobre las carreras. Por ejemplo, les gustan las matemáticas, pero no saben si la carrera va a cumplir con sus expectativas. Luego hay alumnos generalistas y curiosos, se les dan bien varias disciplinas, por ejemplo la física y la filosofía, y no saben qué elegir”. Las notas de corte suelen ser altas, dada la demanda. “Han de ser personas muy flexibles, que van a asistir a distintas Facultades y ponerse en contacto con metodologías muy diferentes”, dice Pilar Medina, coordinadora académica de grado abierto en la UPF. “Cada área del conocimiento tiene sus maneras, y para lograr ese enriquecimiento que se pretende los alumnos tienen que saber adaptarse”.

Una vez elegido el acceso por grado abierto, los estudiantes cuentan con la ayuda de tutores que les guían en su peripecia universitaria. “A mitad de cada trimestre tenemos reuniones individuales con los alumnos para ver cómo les van las cosas, cómo se acomodan a la vida universitaria”, explica la coordinadora. De hecho, pasado el primer trimestre, y en vista de las afinidades y rendimientos académicos, pueden cambiar las matrículas del segundo trimestre sobre la marcha (la UPF tiene la particularidad de funcionar por trimestres y no por cuatrimestres como suele ser habitual). “Así vamos viendo cómo se decantan por una opción o por otra”, continua Medina. “Algunos lo ven claro en el segundo trimestre, otros en el tercero”.

El mentor

Además de los tutores, que pertenecen al profesorado de la universidad, en la UPF existe la figura del mentor: un alumno de un curso superior que ya ha pasado por el grado abierto. Los mentores ya están en el grado de destino y les asesoran en los asuntos más cotidianos de la adaptación a la universidad. Algo así como un hermano mayor que les va aconsejando ante las tribulaciones de todos los días.

Respecto al encaje del grado abierto en las formas laborales vigentes, de cara a encontrar salidas después de la universidad, “el mundo laboral actual habla mucho de especialización, pero también de saber trabajar en equipos interdisciplinares, cosa que puede facilitar el haber pasado por el grado abierto. Por ejemplo, la mezcla entre el punto analítico de las Ciencias Exactas y el mundo más holístico de la Humanidades”, concluye Medina. “El mercado laboral actual pide personas que se puedan mover en diferentes entornos”.