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ANÁLISIS

Guerra de generaciones

El poder de compra de las pensiones mengua con el tiempo. Por razones políticas

Marcha por las pensiones dignas que concluyó hace dos semanas en Madrid.
Marcha por las pensiones dignas que concluyó hace dos semanas en Madrid.

Los sindicatos salen a la calle y reivindican pensiones dignas, pero su marcha por esa dignidad queda opacada en buena parte por el conflicto de Cataluña. No es comparable el número de manifestantes de la una y del otro. Las centrales de clase exigen al menos dos cosas: que los actuales pensionistas no pierdan poder de compra, como consecuencia de la reforma de las pensiones hecha por el PP; y que los futuros pensionistas (los jóvenes y los maduros de hoy) puedan cobrar su pensión pública y que esta no sea inferior a la de sus antecesores (fruto de la reforma laboral del PP).

Estas marchas han coincidido, aunque sea brevemente, con el análisis recientemente publicado por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), titulado Evitando la desigualdad en la vejez, que se centra en el futuro de la gente madura que todavía no es pensionista (alguien la ha denominado generación X) y de los millennials (entre los 19 y los 35 años) y los centennials (hasta que cumplen los 18 años). España será uno de los países en el que la tercera edad tendrá más riesgos por el espectacular envejecimiento de la sociedad (razones demográficas) y por el gigantesco paro y precarización estructural, que afecta a la población más joven (razones políticas). Ese informe dice que los jóvenes actuales, y los nacidos a partir de la década de los sesenta, corren el peligro de afrontar unos niveles de pobreza y desigualdad mucho mayores que sus padres.

Coexisten en la sociedad española activa al menos dos generaciones: la generación bloqueada (los jóvenes), formada por aquellos a quienes se les obliga a trabajar en cualquier empleo (si lo encuentran), por cualquier precio; a los que se les incitó a estudiar lo que el mercado laboral dicta y no aquello para lo que tenían vocación; a volver una y otra vez al hogar paterno o materno, en medio de una gran frustración…

Y luego está la auténtica generación perdida, alrededor de la cincuentena. Una generación que no tiene quien la escriba y que, como se refiere a ella uno de sus componentes, “proviniendo de la clase obrera entró masivamente en las universidades, criada con otro mito, el de que un título universitario era un pasaporte para el ascenso social, que en muchos casos les valió un trabajo mediocre, que vivió las mieles de la burbuja, que se endeudó confundiendo los créditos bancarios conque por fin había llegado el momento de realizar sueños y que en muchos casos la crisis ha mandado al paro dejándolos no sin futuro sino con un presente lastrado, con una hipoteca difícilmente pagable e hijos a los que mantener. Y a una edad en la que ni pueden emigrar, como los jóvenes, ni nadie los quiere porque ya son viejos”.

¿No es este un problema muy relevante del que se habla poco? ¿No es esta una situación que explica, por ejemplo, que el 70% de los catalanes menores de 30 años sean partidarios de la independencia?