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Los grandes fondos alientan los megasueldos

Una investigación concluye que las gestoras de EE UU desincentivan la competencia entre empresas a través del salario de sus altos ejecutivos

Panel con la cotización de BlackRock en la Bolsa de Nueva York
Panel con la cotización de BlackRock en la Bolsa de Nueva York BLOOMBERG

La competencia en los mercados se examina sobre todo con el número de empresas y el tamaño de estas. Sin embargo, la investigación académica se centra ahora también en hacerlo desde otra óptica, en concreto, sobre quién hay en el accionariado. Un estudio realizado por cuatro investigadores de Iese, Yale y Michigan sobre las principales 2.000 empresas de EE UU pone el foco en la concentración en la propiedad por parte de inversores institucionales y plantea por qué los sueldos de los máximos ejecutivos de las empresas que tienen en su cartera son “desproporcionados” en relación con los objetivos que alcanzan. La conclusión es que esos salarios no están vinculados ni a metas ni a hacerlo mejor que la competencia. La razón, concluyen, es que estas gestoras buscan “maximizar el valor de toda su cartera y no tanto los resultados de cada una de las empresas que la forman”, para lo que tratan de neutralizar la competencia entre sus participadas a través de los sueldos de sus ejecutivos.

El estudio, que ha sido presentado al Departamento de Justicia de EE UU, se pregunta por qué los sueldos de los cinco primeros ejecutivos de las grandes empresas siguen subiendo aunque estas lo hagan peor que su competencia. Sin incentivos para ser agresivos, sostienen, cada competidor mantiene su parte de la tarta y las gestoras no ven amenazadas sus participaciones.

Para sostener esa tesis, los autores han examinado 2.000 empresas estadounidenses (las 1500 del índice amplio del S&P y otras 500 cotizadas) en los últimos 20 años. En concreto, el informe ha estudiado los sueldos de los máximos directivos de las compañías en relación con sus resultados, el desempeño de las empresas rivales y la concentración de empresas tras las firmas, así como un conjunto de variables para ver cuál es la sensibilidad de las retribuciones directivas de acuerdo con los resultados obtenidos.

Las gestoras buscan maximizar el valor de toda su cartera y no tanto los resultados de cada una de las empresas que la forman

El poder de BlackRock

De entrada, constatan que el mismo puñado de grandes gestoras controlan una significativa proporción de corporaciones. El informe pone el ejemplo de Blackrock, que es el accionista de referencia en una de cada cinco empresas cotizadas, lo cual a menudo incluye los mayores competidores en una misma industria. Pero lo mismo sucede con otros fondos como Fidelity, que está en una de cada diez sociedades, Vanguard o State Street. De hecho, apuntan, Blackrock y Vanguard están entre los cinco principales accionistas en al menos el 70% de las mayores 2.000 firmas cotizadas.

Ese proceso por el que las mismas gestoras participan en compañías competidoras es relativamente nuevo, pero se ha acelerado en los últimos 20 años. Según los autores, empezó en la década de 1990 en el sector bancario, para luego pasar a la industria manufacturera, la construcción y los servicios. “Cuando estudiamos la competencia de los mercados nos fijamos sobre todo en el número de jugadores, cuando deberíamos considerar también quiénes son los propietarios”, explica Miguel Antón, investigador de Iese que ha participado en el estudio junto a Mireia Giné.

Los resultados arrojan que en las empresas que comparten accionista con la competencia los principales ejecutivos reciben sueldos menos vinculados con el resultado de la empresa y con que lo haga mejor respecto al sector. En cambio, en sociedades en las que ocurre todo lo contrario el salario de sus directivos está un 50% más relacionado con los resultados de la firma. “Hemos constatado que las empresas que se hallan en sectores en los que hay un alto grado de concentración de la propiedad los ejecutivos tienen menos incentivos para que lo hagan mejor que la competencia”, señala Mireia Giné.

La investigación va en línea con otras anteriores sobre las consecuencias de esa concentración. “Desincentivando la competencia se evitan guerras de precios, por ejemplo”, concluye Antón. Giné y Antón presentaron su investigación este mes en la reunión anual de la American Economic Association, en Chicago, que analizó al presencia creciente de los fondos como accionistas en las empresas norteamericanas. En la presentación y discusión intervino el Premio Nobel de 2016, Oliver Hart.