Fabio Balboni / Economista jefe del HSBC para Europa

“El populismo es el rechazo a la globalización”

Fabio Balboni posa durante una visita reciente a Madrid
Fabio Balboni posa durante una visita reciente a MadridÁLVARO GARCÍA

La incertidumbre es el salario del mundo. Vienen años más malos y, quizá, más ciegos. España tendrá que recortar un 0,5% su PIB y ni aun así cumplirá su compromiso con Bruselas de situar el déficit en el 2,2% durante 2018, la Europa a dos velocidades acelera, la distribución de la riqueza continúa siendo una brecha, el sector bancario preocupa y la victoria de Trump solo es munición para la industria armamentística europea. Este es el sedimento oscuro y triste que deja una hora de conversación con Fabio Balboni (Bolonia, Italia, 1982), economista jefe para Europa del banco británico HSBC. Aunque queda la esperanza de que el futuro, al final, resulte menos incierto y, quizá, menos ciego.

Pregunta. Aseguran que la economía española se parece cada vez más a la francesa. ¿Es por mérito de la española o por demérito de la francesa?

Respuesta. Es una combinación de las dos cosas. España ha emprendido reformas estructurales importantes en el mercado de trabajo y mejorado su competitividad. Y Francia ha hecho lo contrario. Los dos países tienen desafíos muy similares, sobre todo el fiscal.

P. ¿España cumplirá con el objetivo de déficit?

R. No. Tendrá que hacer más ajustes y además ahora que hay un Gobierno y Bruselas tiene a quién quejarse. España deberá efectuar recortes por valor del 0,5% de su PIB. Pero incluso así incumplirá el objetivo de un 2,2% de déficit en 2018.

P. ¿De dónde llegarán los 5.500 millones de euros en ajustes que exige Bruselas?

R. Es una pregunta muy difícil. Porque Rajoy está en minoría. ¿Qué se puede hacer? La mitad del gasto son las autonomías. De educación y salud será muy difícil recortar. Y tocar las pensiones tiene un coste político importante. Mientras que subir los impuestos no figuraba en el programa del PP. Será una combinación de los dos.

Alemania tiene un problema demográfico. Necesita 800.000 personas nuevas cada año solo para mantener su población constante

P. La subida del IVA parece la opción con más papeletas.

R. Sí, pero ese aumento afecta a la población más pobre. Lo que es un problema. España, no lo olvide, es el país donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis de toda la zona euro.

P. La geografía política actual de España, ¿le gusta a los mercados?

R. Al mercado le gusta que haya un Gobierno en España. Pero lo que le interesa es que el país siga haciendo reformas. Pensemos en el mercado de trabajo, la reducción del déficit, la financiación de las autonomías.

P. ¿Cuál es el principal enemigo de la economía europea?

R. Que el Banco Central Europeo (BCE) acabe con su programa de compra de activos porque vea que existe peligro de inflación.

P. ¿Las políticas de austeridad han terminado?

R. Sí, y quizá demasiado tarde. Por ejemplo, EE UU y Reino Unido llevan creciendo desde hace siete años y la deuda pública sigue aumentando. En cambio, en la eurozona, cuyo crecimiento solo hace tres años que se produce y es muy frágil, la deuda baja. Por eso digo que se han acabado muy tarde.

P. ¿El auge del populismo es una respuesta a la desigualdad o a la injusticia?

R. Es una respuesta a las dos. Primero es un rechazo a la globalización. Lo hemos visto en Estados Unidos, en Italia o en el Brexit. Un rechazo de las personas que han sido penalizadas por ese movimiento. El segundo elemento son las políticas redistributivas. Tiene que haber una mayor preocupación por ellas en el futuro porque ya vemos las consecuencias negativas de no tenerlas. Es necesaria una política de transferencia para ayudar a los que hasta ahora han sufrido más.

P. ¿Qué bancos les generan mayor preocupación, los alemanes o los italianos?

R. Estamos preocupados por el sector bancario. El italiano es el que más nos inquieta porque tiene varios problemas: una elevada tasa de morosidad y una baja rentabilidad. Pero lo que nos interesa a nosotros, los economistas, es la capacidad del sector para contribuir a la economía real. Y existe el riesgo de que algunas políticas lanzadas por el BCE no ayuden en ese sentido.

El crecimiento continúa siendo bueno en Reino Unido, pero no significa que en el futuro no vaya hacia una ralentización

P. Se vislumbra una Europa a dos velocidades. Francia, sostienen, es un miembro “indispensable”. ¿Quiénes no lo son?

R. Hay una Europa a dos velocidades. Pero no es una Europa que distinga entre Francia y España. Diferencia entre Alemania, donde crecen los salarios y el empleo y, sobre todo, Francia e Italia, en los que hay un crecimiento muy escaso y las dinámicas salariales están bajando y resulta muy difícil reducir el paro. Estas son las dos velocidades del Viejo Continente que me preocupan.

P. ¿El Brexit ha sido más benigno de lo esperado?

R. El crecimiento continúa siendo bueno en Reino Unido, pero no significa que en el futuro no vaya hacia una ralentización. Vemos una reducción en las inversiones, una depreciación de la libra y un aumento de los precios. La inflación puede superar el 3% y esto reduciría el poder adquisitivo de las familias.

P. ¿Qué repercusiones tiene la victoria de Trump?

R. Existe un riesgo de que Estados Unidos se retire del contexto global. Primero en el comercio. Esto tendría unas consecuencias muy negativas para la eurozona porque el 14% de las exportaciones europeas se dirigen a ese país. Aunque si hay un paso atrás en política podremos ver una geografía distinta en el mundo, lo cual puede generar oportunidades interesantes en la zona euro. Pensemos en un aumento del gasto en defensa.

P. ¿Qué efectos económicos tendría la migración si Europa fuera más generosa con sus puertas?

R. La zona euro y, sobre todo, Alemania tienen un problema demográfico. El país germano necesita 800.000 personas más cada año solo para mantener su población constante. Y esto resulta básico desde un punto de vista del crecimiento potencial. Pero el Viejo Continente no solo necesita inmigrantes, sino también más movilidad de los trabajadores entre sus fronteras. Dicho esto, no vemos que la inmigración sea un argumento negativo desde el punto de vista económico. Por cierto, si al final el Brexit supone una barrera migratoria, algunos sectores como la hotelería y la restauración podrían sufrir mucho.

P. El plan Juncker propone una inversión inducida de casi 600.000 millones de euros en Europa. ¿Le parece una buena idea?

R. Más sobre el papel que en la realidad. El problema es que necesita atraer capitales privados. Y para hacerlo precisa darles beneficios. Y esas plusvalías no pueden ofrecerse en el largo plazo. Por lo tanto, resulta imposible que impacte en sectores como la educación o las infraestructuras, que es donde hay una carencia de inversión pública.

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