China mantiene su ritmo de crecimiento en el 6,7% en el tercer trimestre

La segunda economía mundial mantiene la senda alcista gracias a los estímulos y al repunte del sector inmobiliario

Varios edificios en la ciudad china de Zhengzhou.Foto: cnbc | Vídeo: NICOLAS ASFOURI

Las medidas de estímulo puestas en marcha por las autoridades chinas logran sostener el crecimiento económico de la segunda economía mundial, al menos a corto plazo. El gigante asiático creció un 6,7% interanual entre julio y septiembre, una tasa equivalente a la registrada durante los seis primeros meses de 2016, según informó este miércoles la Oficina Nacional de Estadísticas. El aumento del gasto público, junto al incremento significativo del crédito y un nuevo boom inmobiliario, han conducido a China hacia una especie de nueva primavera, que sin embargo se antoja corta.

Este 6,7% está en línea con las previsiones de los analistas y se ajusta casi aritméticamente al objetivo que se marcó el Gobierno chino en marzo: crecer entre un 6,5% y un 7%. En medio de la desaceleración paulatina de la tasa de crecimiento, que responde en parte a la transición hacia un modelo económico más sostenible, las autoridades han escalado en los últimos meses su intervención para asegurarse que la tasa no se desviara de lo proyectado. Desde extensos programas de renovación de aldeas antiguas a nuevas líneas de ferrocarril, la inversión en infraestructuras se ha disparado un 19,4% en lo que va de año en comparación con el mismo periodo de 2015.

"La economía se ha comportado mejor de lo esperado", aseguró en rueda de prensa el portavoz de la oficina de estadísticas china, Sheng Laiyun. A ello contribuyó también el auge del sector inmobiliario en los últimos meses -la venta de viviendas residenciales ha aumentado un 43,2% interanual entre enero y septiembre-, apoyado por un fuerte crecimiento del crédito y especialmente de la concesión de hipotecas. El consumo de los ciudadanos chinos también repuntó un 10,7%, en máximo de nueve meses, lo que indica una vez más que se muestran impasibles frente al panorama sombrío que se cernió durante finales del año pasado y principios de éste sobre la segunda economía mundial.

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Los analistas, sin embargo, coinciden en que esta vía para alentar la actividad económica no es sostenible y que los frutos son solamente a corto plazo. "La actividad económica parece haber resistido razonablemente bien, con pocas señales de una desaceleración a la vuelta de la esquina. No obstante, la reciente recuperación es solamente prestada. A medida que sus efectos empiecen a desaparecer, probablemente en algún momento a principios del año próximo, los lastres estructurales harán que la economía se desacelere de nuevo", asegura en una nota Julian Evans-Pritchard, economista para China de la consultora Capital Economics. "Todavía no están las bases para un crecimiento sostenido", admitía Sheng en la rueda de prensa.

El rápido aumento de la deuda china es uno de los mayores riesgos financieros del país. Varias organizaciones internacionales han advertido a Pekín de un crecimiento insostenible por ser excesivamente dependiente del crédito. "El auge del sector inmobiliario trae un gran riesgo. Esta nueva ronda de inversión no tiene pinta de que vaya a frenarse pronto porque el optimismo de tanto los promotores como de las familias no tiene precedentes. Hay que andar con cuidado a la hora de gestionarla", dice Lu Zhengwei, economista jefe del Banco Industrial de China.

Con el objetivo de crecimiento económico anual en su haber, se espera que en lo que queda de año las autoridades pongan freno al estímulo y se centren en controlar estos riesgos. De hecho, a principios de octubre, una veintena de ciudades empezaron a establecer límites a la compra de vivienda para controlar los precios. Una vez más, China deberá lidiar con una burbuja sin pincharla, porque a falta de la puesta en marcha de reformas estructurales significativas, de ella dependerá el desempeño económico futuro.

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