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El BCE quiere el apoyo “total” del FMI al tercer rescate de Grecia

La institución que lidera Christine Lagarde reclama un alivio ambicioso de la deuda griega para inyectar fondos

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi EFE

Grecia sigue viviendo en la falda de un volcán. Europa y el Fondo Monetario Internacional (FMI) protagonizan la enésima trifulca relacionada con el rescate griego: la pesada losa de la deuda pública —que supera el 180% del PIB— ensombrece el horizonte en Atenas, que ha recibido ya dos rescates y medio en forma de créditos baratos y que ni aun así es capaz de disipar los temores sobre la sostenibilidad de su endeudamiento. El Banco Central Europeo (BCE) terció este miércoles —sibilinamente— en ese debate: quiere al FMI a bordo, y le quiere con todas las de la ley, aportando dinero contante y sonante al tercer rescate.

 “Hay serias preocupaciones sobre la deuda griega”, admitió en el Parlamento Europeo Benoît Coeuré, consejero ejecutivo del BCE, que se mostró partidario de que el FMI se involucre “por completo” en el rescate. Ese es el quid de la cuestión. Para inyectar fondos, la institución que lidera Christine Lagarde exige una reestructuración ambiciosa de la deuda. Y los socios europeos no están por la labor: puede haber cierto maquillaje a corto plazo, pero las medidas importantes no llegarán hasta 2018, una vez pasen las elecciones alemanas. Alemania, el país más interesado en que el FMI se involucre en el programa griego, se opone a la vez a permitir un mayor alivio de deuda ante el ascenso del antieuropeo y xenófobo AfD.

Atenas ha elevado la presión para conseguir una solución rápida ante la caída en las encuestas del primer ministro, Alexis Tsipras. Pero el acuerdo no está cerca. Entre los dos extremos —nada de nada antes de las elecciones alemanas, y todo lo que pide el FMI— hay espacio para un pacto, pero de momento no se detectan signos de acercamiento.

El Eurogrupo ha liberado un nuevo tramo de ayuda de 1.100 millones, pero Berlín bloquea el pago de 1.700 millones. Todo el mundo va a lo suyo: el BCE presiona, pero a su vez se niega a comprar deuda griega dentro de su programa de adquisición de activos hasta que vea clara la sostenibilidad de Grecia. Tsipras tiene por delante una dura reforma laboral si quiere que el dinero europeo siga llegando, y teme un nuevo lío político si no consigue el ansiado jubileo de la deuda, que depende del triángulo Bruselas-Fráncfort-Washington. Los intereses del bono a 10 años han caído con fuerza en 2016, pero siguen en el 8,5%. Y mientras no bajen de esas alturas himalayescas, el futuro de Grecia es impredecible.