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“Entendemos el disgusto, pero no las agresiones”

Los trabajadores de Vueling, en tierra y en aire, se llevan la peor parte de los incumplimientos de la empresa

Colas para presentar reclamaciones a Vueling, en la Terminal 1 del Aeropuerto de El Prat, en Barcelona
Colas para presentar reclamaciones a Vueling, en la Terminal 1 del Aeropuerto de El Prat, en Barcelona EFE

Desde sus inicios, Vueling ha querido ser una compañía de buen rollo. Su solo nombre ya era una declaración de intenciones: ese gerundio castellano inglés, la tipografía relajada, la cultura empresarial de cercanía y empatía con los pasajeros... Una manera de hacer y entender el negocio que, a la hora de enfrentar una crisis de días de cancelaciones y retrasos masivos, resulta contraproducente. La empresa ha tardado semanas en hacer autocrítica sobre los problemas derivados de una operación demasiado ambiciosa para sus medios y entre tanto sus trabajadores, la cara visible ante los clientes enfurecidos, se han llevado la peor parte. Llegando incluso a situaciones límite. Por esa razón los sindicatos piden más seguridad y personal.

“Entendemos el disgusto, pero no las agresiones”, asegura Jordi Martí, de CC OO en Iberia Handling en El Prat. Los 1.500 trabajadores de esta empresa en el aeropuerto barcelonés prestan el servicio de asistencia en tierra a Vueling y a otras aerolíneas. Es decir, la atención en los mostradores de atención al cliente, facturación de maletas, embarque de los vuelos... Martí certifica que en los últimos días algunos clientes han volcado en los trabajadores de la empresa su ira por el caos de Vueling. “La gente nos increpa, algunos incluso hasta les han escupido. Cuando los compañeros tienen que viajar en los aviones, otros pasajeros les gritan y les hacen reproches. ‘Pero mira qué bien viven’, les dicen”, cuenta.

La plantilla está quemada por meses de trabajo al límite de los recursos

Hace unos días, explican desde la contrata de Vueling, un grupo de viajeros terminó por quebrar el cristal de un mostrador con un teclado, ante la mirada atónita de los trabajadores. Esa fue su reacción tras enterarse que un vuelo a su destino era para las personas con billetes del día y no para ellos, que llevaban horas atascados en El Prat. “Nosotros tenemos el uniforme de Vueling y por eso a los viajeros les cuenta entender que no tengamos ningún detalle del meollo de la operativa o que no tengamos respuestas a sus preguntas”, explica Martín.

Antes del control de seguridad aeroportuario, son los Mossos d'Esquadra los encargados de preservar el orden. Después, es terreno de la Guardia Civil. Ambos cuerpos certifican “la crispación” en los últimos días de los pasajeros, pero dicen que no han recibido ninguna denuncia por agresiones. Los sindicatos piden la presencia policial sea más tangible y el tiempo de reacción más corto.

Los pilotos, más alejados del público, tampoco se han librado de la presión y el estrés que han generado las cancelaciones y atrasos que solo el pasado fin de semana afectaron a 8.000 viajeros. Desde SEPLA, el Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas, explican que si bien no han experimentado agresiones, en algunos casos los pilotos han tenido que calmar a los pasajeros dentro del avión, tanto personalmente como a través de los servicios de megafonía. “Nos vemos obligados a dar información que en muchos casos tampoco tenemos”, se queja una portavoz del sindicato.

La Guardia Civil dice que hay crispación, pero no le constan ataques a empleados

La temporada alta de la aerolínea es entre abril y octubre y el año pasado ya había experimentado serios problemas en su operativa estival. El pasado mayo, los últimos datos disponibles del portal especializado FlightStats24, Vueling ocupó el último lugar en puntualidad entre las aerolíneas de bajo coste europeas. Un 36% de los vuelos salió con un retraso de más de 15 minutos. “La plantilla ha llegado a esta crisis ya muy quemada y después de advertir en muchas ocasiones que el diseño de las operaciones estaba sobredimensionado”, explican desde el Sindicato de Tripulantes Auxiliares de Vuelos de Líneas Aéreas (STAVLA).

“A la presión comercial se suma que las programaciones siempre están al límite”, agregan del mismo sindicato. Tanto STAVLA como SEPLA le habían pedido a la antigua dirección de Vueling buscar alternativas para poder cumplir con el plan de viajes del verano, sin recibir ninguna respuesta. Iberia Handling, de hecho, también ha tenido tensiones internas debido a los retrasos, ya que Vueling no es único cliente.

Un portavoz de la aerolínea lamentó ayer las agresiones y aceptó que la relación con el cliente es uno de los principales activos afectados por la crisis de las últimas semanas. Ayer la dirección y los empleados, sin embargo, intercambiaron palabras de agradecimiento por los esfuerzos realizados por ambas partes. Un acercamiento que tal vez sea el comienzo de un nuevo “feliz Vueling”.