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Fainé se afianza en el grupo

El paso de la presidencia de CaixaBank a la de la Fundación supondrá afrontar grandes retos para el veterano banquero

Isidro Fainé, presidente de CaixaBank en la presentación de resultados de 2015.
Isidro Fainé, presidente de CaixaBank en la presentación de resultados de 2015.

Isidro Fainé (Manresa, 1942) anuncia hoy el abandono de la presidencia de CaixaBank, el tercer banco español. Este catalán, considerado uno de los ejecutivos más influyentes de España, continuará dirigiendo el imperio de La Caixa desde la presidencia de la Fundación Bancaria, que es dueña del holding industrial Criteria (con participaciones en Gas Natural, Abertis, Suez, Saba, Cellnex, etc.) y propietaria del 47% de CaixaBank, que acumula recursos de clientes por 296.000 millones, además de participaciones en Telefónica y Repsol. Con este movimiento, Fainé cumple con la normativa española (exige estar al frente del banco o de la Fundación) y con las preferencias del Banco Central Europeo (BCE), que apuesta por ejecutivos más jóvenes: su sustituto, Jordi Gual, economista jefe del banco, tiene 59 años.

Fainé, que entró en La Caixa 1981, tomó las riendas de la entidad en 1999, cuando fue nombrado director general. En 2007 fue nombrado presidente ejecutivo, en lugar de Ricardo Fornesa. En los últimos 17 años, la entidad se ha transformado completamente: el activo total se ha multiplicado 4,64 veces, hasta los 344.000 millones; el patrimonio ha crecido 5,2 veces; los clientes se han duplicado (hasta 13,8 millones), cuenta con 5.211 oficinas con 32.242 empleados. La obra social, una de los emblemas del grupo, ha pasado de tener un presupuesto de 139 millones a 500 millones, 3,6 veces más. El beneficio ha sido más variable, como producto de la crisis y las provisiones, ya que en 1999 ganó 728 millones frente a los 273 millones de marzo de 2016.

Fainé conoció la banca antes de llegar a La Caixa. A punto de cumplir 74 años (el 10 de julio próximo, lleva 52 años en el sector, lo que le convierte en el ejecutivo más experto. Se incorporó a La Caixa procedente de Bankunión, un banco industrial que quebró en 1982. Antes estuvo en el Banco Atlántico, una entidad en Paraguay y en la Banca Jover.

Cinco crisis vividas

Ha vivido la crisis del petróleo de finales de los setenta, que desembocó en las primeras quiebras bancarias de la democracia, la caída de los bancos de Rumasa, la crisis económica de los noventa, así como la de las puntocom en los 2000. Pero, sobre todo, ha pilotado la entidad durante la Gran Recesión que arrancó en 2007 y aún no se ha cerrado. En España, la peor parte se la llevaron las cajas, agrupadas en la CECA, la Confederación presidida por Fainé. Este fue un capítulo doloroso para este catalán que siempre ha defendido este modelo de banca social.

El Grupo La Caixa salvó el golpe inmobiliario gracias a la fortaleza de capital, que le permitió realizar hasta cinco compras de bancos (alguna con ayudas públicas), así como por los grandes beneficios de su aseguradora y por los réditos de las empresas participadas.

En 2011 creó CaixaBank para adaptarse a la nueva normativa de la UE, banco que salió a cotizar en julio de ese año. En 2014, Fainé vivió un momento amargo por el enfrentamiento con Juan María Nin, consejero delegado del banco, que fue cesado en julio de 2014. El sustituto fue Gonzalo Gortázar (Madrid, 1965), actual hombre de confianza de Fainé en el banco, procedente de Morgan Stanley, donde estuvo 16 años.

Fainé tiene un perfil de ejecutivo hecho a sí mismo: empezó a trabajar a los 13 años y confiesa públicamente sus orígenes humildes recordando que enseñó a leer a su madre. Con su amplia experiencia, ahora afronta un reto difícil: recuperar la rentabilidad, con un largo panorama de bajos tipos de interés. Además, los márgenes también están sufriendo por la competencia en los créditos, mientras deben seguir limpiando el balance del ladrillo contaminado y se adaptan a la digitalización del sector.

CaixaBank ha apostado por las oficinas y, al mismo tiempo, por la banca on line, lo que le ha subido los gastos. A medio plazo, creen que es una estrategia ganadora, pero el mercado le está castigando porque espera un plan de cierre de sucursales y reducción de costes. Por si esto fuera poco, como admite Fainé, la música de fondo es la pérdida de prestigio de las entidades, otra dificultad más.