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El renacimiento del cristal mexicano

Tras superar el concurso, la multinacional Vitro abrirá una nueva fábrica en Brasil

Trabajadores envasan los productos en la empresa mexicana Vitro.
Trabajadores envasan los productos en la empresa mexicana Vitro.

En el México del porfiriato, la familia Garza fundó una fábrica de cervezas con el nombre del último gobernante azteca. La Cervecería Cuauhtémoc nacía en 1890 en la capital de Nuevo León, el Estado industrial por excelencia del país. Para alimentar la producción de cristal que necesitaban las botellas de cerveza, Isaac Garza levantó a los pocos años Vidriera Monterrey, el germen de lo que hoy es Vitro. Más de un siglo después, la compañía sigue en manos de la poderosa saga de los Garza Sada y se ha convertido en uno de las mayores fabricantes de vidrio para fines industriales y comerciales de Latinoamérica, con presencia en cuatro continentes y 33 países.

Al actual presidente del Consejo, Adrián Sada González le ha tocado librar con el momento más delicado en la centenaria vida de la multinacional mexicana. Sus filiales estadounidenses, más de media docena, estuvieron cerca de la ruina durante las primeras oleadas de la crisis financiera. La deuda de sus filiales creció como la espuma al calor de enrevesadas operaciones en el mercado de derivados. Comenzó en 2009 una dura batalla por lograr un acuerdo con los acreedores y cerrar los juicios por insolvencia abiertos en los tribunales de Texas. Los drásticos despidos en la plantilla y la venta de activos no lograron evitar la entrada en concurso de la propia matriz. Tras los forcejeos en el proceso de restructuración de la deuda, Vitro logró salir definitivamente del túnel en 2013 gracias al fondo de inversión Fintech, que adquirió los bonos de los tenedores más rocosos a cambio de un porcentaje en las acciones de las filiales y nuevos títulos de deuda por 235 millones de dólares.

Con la venta de su negocio de envases para alimentos y bebidas redujo a casi cero la deuda

La compañía abandonaba por fin la sala de urgencias, pero su tamaño se había reducido a la mitad. Los analistas coinciden que la empresa salió fortalecida. “Tanto desde el punto de vista financiero como operativo, la compañía quedó en una situación mucha más sólida, preparada para entrar en nuevas fusiones o adquisiciones, además de mantener la experiencia y el alto nivel tecnológico como activos fuertes”, señala Lilian Ochoa analista de GBM.

Los resultados del tercer trimestre constatan la recuperación con un crecimiento de las ventas del 11% con respecto al mismo periodo del año anterior hasta colocarse en los 233 millones de dólares. Por otro lado, el resultado bruto de explotación (Ebitda) registró un sustancial aumento del 68%. “Nos beneficiamos de la comparación con los resultados del año pasado, que se vieron afectados negativamente debido al paro de uno de los hornos de flotado que representa alrededor de un tercio de nuestra capacidad”, explicó el director general ejecutivo Adrián Sada Cueva durante la presentación de los resultados.

El renacimiento del cristal mexicano

El vidrio flotado es la joya de la corona de Vitro. Se trata de una mezcla química realizada en potentes hornos que da como resultado gruesas y resistentes capas de cristal con destino a la industria de la construcción o el automóvil. A lomos la industria automotriz mexicana, la primera de América Latina y la cuarta potencia exportadora mundial, la compañía registró un crecimiento del 66% en sus exportaciones de vidrio plano. El desplome del precio de la energía ha servido de aliciente para la recuperación, al abaratar los costes de alimentar los hornos. La depreciación del peso en su baile con el dólar sí ha afectado, al tener gran parte de su deuda denominada en dólares.

Fuerte desinversión

El nuevo rumbo también ha incluido la venta este mismo año de su división de envases para bebidas y alimentos. Vitro abandona así lo que fue el germen de su negocio y mantiene la fabricación cada vez más concentrada en el mercado mexicano de envases para los sectores farmacéutico y cosmético. La estadounidense Owens-Illinois compró en septiembre el apartado de bebidas y alimentos por 2.150 millones de dólares. El paquete incluye las cinco plantas de envases situadas en México, una fábrica en Bolivia y la distribución de estos productos en Estados Unidos. Más de la mitad de esos fondos han sido destinados a seguir amortizando deuda hasta dejar el ratio de apalancamiento casi a cero.

Con menos peso en la mochila, la compañía anunció recientemente un plan de inversiones de por 85 millones de dólares. El plan prevé, por un lado, la ampliación de su principal horno de vidrío flotado en Mexicali —en el Estado también norteño de Baja California—, así como la construcción de uno nuevo en Monterrey. Por otro, proyecta la construcción de una nueva planta de cosméticos en Brasil. Esta operación es vista con precaución por los analistas, dada la recesión que atraviesa el gigante brasileño y los movimientos de salida que algunas empresas están realizando. En todo caso, la presencia de vender directamente desde Brasil es una ventaja. “Creemos en todo caso que financiará estas inversiones parcialmente con deuda, lo que dejaría las arcas de la empresas con recursos suficientes para un posible pago de dividendo o para alguna nueva adquisición”, apuntan desde la casa de análisis GBM.

El concurso de acreedores dividió por dos su tamaño

Vitro ya recompensó a sus inversores en septiembre al repartir un dividendo de 750 millones de dólares. A su vez, los miembros de la familia Sada han aprovechado el dinero que ellos mismos se embolsaron con el cupón en ir recomprando parte del accionariado que se dispersó durante la campaña de supervivencia. Durante los últimos meses, ha ido recuperando posiciones hasta controlar, de manera directa o indirecta, más del 30%.