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Los ciudadanos formados son ahorradores más libres

La educación financiera es un tema clave para fomentar la inversión a largo plazo

Alumnos del Instituto Bellvitge del L’Hospitalet del Llobregat (Barcelona) durante una clase de educación financiera
Alumnos del Instituto Bellvitge del L’Hospitalet del Llobregat (Barcelona) durante una clase de educación financiera

España ocupa el furgón de cola entre las economías desarrolladas en lo relativo a los conocimientos financieros de sus ciudadanos. Además, los bancos tienen un control hegemónico en la venta de productos de ahorro. Esta combinación ya es preocupante por sí sola, pero si se le añade que nuestro país tiene una esperanza de vida de las más altas del mundo en un contexto donde las proyección demográficas cuestionan la sostenibilidad del sistema público de pensiones la conclusión es obvia: tenemos un problema que urge solucionar. La educación financiera se presenta como la mejor respuesta a esta encrucijada. Varios miembros de la industria participaron esta semana en la sede de EL PAÍS en un debate sobre cómo fomentar la inversión a largo plazo. El encuentro fue patrocinado por Fidelity Worldwide Investment, JP Morgan Asset Management y Axa Investment Managers.

“La gente va a tener que tomar decisiones financieras importantes, sobre todo para su jubilación. Y se trata de que tengan la información suficiente para que esas decisiones sean las adecuadas”, según Sebastián Velasco, director general de Fidelity en España y Portugal. “Los temas financieros suelen resultar antipáticos, generan rechazo entre mucha gente. Por eso es importante dar visibilidad al problema del ahorro a largo plazo y hacer ver a la gente que con más formación tendrán más opciones de vivir mejor en el futuro”, añade.

España ocupa el furgón de cola en cuanto a los conocimientos financieros

Los fiascos financieros en forma de participaciones preferentes, salidas a Bolsa decepcionantes o colocación de productos estructurados complejos alejan al ciudadano del mundo de las finanzas personales. Javier Dorado, director general de JP Morgan AM en España y Portugal, reconoce el daño que estos casos han hecho en la confianza del ahorrador, pero invita a ser constructivos y mirar más hacia el futuro que al pasado. “Las situaciones de crisis son las más apropiadas para hacer cambios. En este sentido, vivimos un momento óptimo para tratar de modificar las cosas”, enfatiza. En su opinión, la educación financiera consiste en enseñar a la gente conceptos básicos y no tanto en hablar de productos concretos. “Primero hay que cambiar el enfoque de la gente sobre el ahorro, luego ya llegará el momento de hablar de productos”.

El papel de los bancos

El ciudadano no es el único que debe asumir responsabilidades en la mejora de la educación financiera. Las propias entidades tienen que desarrollar una actitud más proactiva. Es verdad que la crisis se ha llevado por delante un número importante de jugadores de la industria, pero en España todavía existen más de 31.000 oficinas bancarias (frente a las más de 44.000 que había antes de que estallase la recesión). Un auténtico apostolado para difundir la cultura financiera. “España es un país muy bancarizado. Tener tantos puntos de venta debe ser la casilla de partida para transmitir los conocimientos a los clientes. Y el primer paso para lograrlo es la formación de los propios empleados de las redes bancarias”, comenta Javier Dorado.

El poder de la red de oficinas a la hora de comercializar productos con los que satisfacer las necesidades puntuales de la entidad, con independencia de si estos se ajustan al perfil del clientes, es una realidad que ha quedado patente en múltiples ocasiones. Por eso, algunos expertos tienen dudas de que los bancos quieran ahora cambiar ese paradigma. “Llevamos 20 años oyendo que hay que ir hacia una política de clientes y no de productos, pero no acaba de ser así”, señala Manuel Romera, director del sector financiero del Instituto de Empresa. En su opinión, la educación financiera está muy vinculada a la oferta y la demanda. “La cultura financiera debería servir para que cada persona asuma el nivel de riesgo que le corresponde en función de sus necesidades”.

Una carta fallida

El tercer actor con un papel importante para mejorar los conocimientos financieros de la ciudadanía es la Administración. Existe desde hace varios años un proyecto conjunto entre el Gobierno, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) para introducir —en principio a través de experiencias piloto— la educación financiera en el currículum escolar. Los expertos consideran que es un enfoque necesario, pero no suficiente para fomentar la cultura del ahorro entre toda la población. Hay varias generaciones que ya no están en edad escolar y que deben tomar conciencia de la necesidad de ahorrar.

“Para poder afrontar un problema lo primero que hay que hacer es conocerlo. Hay grandes capas de la población que desconocen que tienen un problema de capacidad de ahorro. Todo el mundo confía en la pensión pública, pero dos de cada tres desconocen cuánto van a cobrar cuando llegue la jubilación”, advierte Ángel Martínez-Aldama, presidente de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva (Inverco). En este sentido, el representante de las gestoras de fondos y pensiones se lamenta de que el Gobierno haya guardado en el cajón el proyecto según el cual iba a enviar una carta a todos los trabajadores mayores de 50 años informándoles de la cuantía de la pensión que le correspondería de acuerdo con la normativa actual y de mantenerse las condiciones de cotización y vida laboral hasta la jubilación.

Los ciudadanos deben tener nociones financieras suficientes para poder tomar decisiones adecuadas

Beatriz de Barrios de Lis, directora general de Axa Investment Management, está de acuerdo con que la carta habría sido una buena herramienta para poner negro sobre blanco la necesidad de ahorrar. “Se trata de hacer un ejercicio de prevención. Es importante que se sepa el problema al que nos enfrentamos como sociedad. En este sentido, no existe un ejercicio de transparencia por parte de los gobiernos”, se lamenta Barrios de Lis. “Hay que hacer una campaña utilizando todas las vías posibles. En este sentido, las gestoras internacionales podemos aportar nuestra experiencia de lo que ocurre en otros mercados”, agrega la responsalbe de Axa.

Más allá del depósito

El ahorro en España siempre ha sido conservador. En este sentido, los depósitos bancarios son el producto fetiche de la gran mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, la caída de los tipos de interés hasta mínimos históricos, junto con las inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo a las entidades —lo que desincentiva la necesidad de captar pasivo para fortalecer los balances— ha reducido la rentabilidad de los depósitos y de la deuda pública a corto plazo hasta niveles que apenas cubren la inflación, dejando huérfanos a millones de ahorradores. La previsión de la mayor parte de los servicios de estudios es que esta fase con el precio del dinero tan barato se prolongará varios años más lo que refuerza el llamamiento de la industria para mejorarlos conocimientos financieros de los ahorradores.

“Hay que tener una conversación adecuada con el cliente desde las oficinas bancarias. Sin asustarles, pero sí hay que decirle las cosas como son, insistiendo en la necesidad de ahorrar a largo plazo. Cuanto antes se empiece, mayor será el horizonte temporal del que dispondrán de cara a su jubilación”, señala Dorado.

La crisis también ha desmontado otro mito del ahorrador español, aquel mantra que aseguraba que el precio de la vivienda no bajaba. “Hay que diversificar, hacer una planificación financiera. La inversión inmobiliaria ha demostrado que no es el ahorro perfecto por lo que en el futuro habrá que optar por más productos financieros y menos ladrillo”, según Martínez-Aldama. El presidente de Inverco también recuerda que la cultura financiera no sirve de nada si no hay opciones de ahorrar. “Mucha gente bastante tiene con llegar a final de mes. Creo que para el colectivo que no tiene capacidad de ahorrar sería bueno que se incentivasen de algún modo los planes de pensiones de las empresas”.

En España nunca ha existido una cultura que ponga en valor el asesoramiento financiero. Es cierto que en los últimos años han surgido numerosas empresas de asesoramiento financiero. Las Eafis, como se las conoce en la jerga del mercado, no tienen producto propio y su negocio se basa en cobrar por estudiar las necesidades del cliente y aconsejarle qué activos encajan mejor con su perfil. Sin embargo, no acaban de despegar porque los ahorradores se resisten a pagar solo por recibir asesoramiento. “El asesoramiento financiero tiene un coste y hay que asumirlo”, recuerda Martínez-Aldama.

Los bancos tienen que formar mejor a los trabajadores de sus sucursales

La responsable de Axa Investment cree que, a la espera que los gobernantes tomen alguna decisión con respecto a los sistemas públicos de pensiones, son los ciudadanos los que deben tomar la iniciativa y plantearse cómo ahorrar con una perspectiva de largo plazo. “Es importante empezar a ahorrar cuanto antes. Un error bastante común que se comete, quizás por desconocimiento, es empezar a ahorrar cuanto ya quedan pocos años para la jubilazión”, indica Barros de Lis.

Por su parte, Manuel Romera se muestra bastante crítico con el papel de los bancos a la hora de promocionar la cultura financiera. “Hay que incentivar al cliente a que ahorre ofreciéndole rentabilidades atractivas. Las entidades deben cuestionarse si quieren competir realmente entre ellas o repartirse la tarta. El problema no es que haya productos estandarizados, sino que no se venda a cada cliente aquel que más le interese”, afirma el profesior del Instituto de Empresa.

Warren Buffett es considerado como uno de los mejores inversores de todos los tiempos. El oráculo de Omaha es famoso, aparte de por la rentabilidad de su cartera, por su fina ironía y sus frases célebres. En el mercado se le atribuye una reflexión que bien puede servir para explicar la importancia de apostar desde todos los estamentos por la educación financiera: “Alguien se sienta hoy bajo una sombra porque otro plantó un árbol muchos años atrás”.