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Bankia asegura que ganará más de 1.000 millones este año

El banco obtiene 244 millones hasta marzo por la caída de costes y dotaciones

Goirigolzarri (centro) en la junta de accionistas de la semana pasada.
Goirigolzarri (centro) en la junta de accionistas de la semana pasada. EFE

Bankia nació en diciembre de 2010, pero fue un despegue fallido. Año y medio después quebró y su caída causó enormes problemas a cientos de miles de clientes, lo que obligó a una inyección de 22.424 millones del Estado, en mayo de 2012. Tres años después, la maquinaria comercial está afinada y sus gestores aseguran que cerrarán el ejercicio con más de 1.000 millones de beneficios, según José Sevilla, consejero delegado de la entidad.

Esta cifra (que algunos analistas elevan a unos 1.200 millones) supone un incremento del 34% sobre los 747 millones de 2014. Preguntado por los dividendos de 2015, Sevilla dijo que era pronto para abordar el tema, pero comentó que irían en concordancia con los resultados del banco. Con el resultado anunciado, Bankia cumpliría otro objetivo del Plan Estratégico presentado en noviembre de 2012: tener una rentabilidad sobre recursos propios (ROE) del 10%. Ahora, el ROE es del 8,7% y la media del sector está en el 5,7%. Pese a los datos, Bankia bajó un 1,62% en Bolsa, frente a la subida del 1,17% del Ibex 35.

Al margen de las previsiones, hasta marzo pasado la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri obtuvo un beneficio neto de 244 millones, un 12,8% más que el obtenido en el mismo periodo de 2014. No obstante, la sorpresa llegó en los resultados de la matriz, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), que logró en el primer trimestre un beneficio neto en de 919 millones. La entidad, propiedad al 100% del Estado, ha vendido una parte de su cartera de deuda pública española y ha obtenido 634 millones de beneficio por las plusvalías acumuladas. Sin esa operación, BFA hubiera ganado 285 millones frente a los 279 millones del primer trimestre de 2014. Si BFA vende el 80% de la cartera restante con la misma plusvalía, obtendrá casi 2.600 millones más de beneficio.

Desde Bankia, cuyo 62,5% del capital es público, se admitió que esta cartera vendida “no es ni el 20% del total” y justificó la operación “porque el sentido de BFA es ir deshaciéndose de todo lo que tiene por mandato de Bruselas”, según Sevilla.

La caída de tipos le ha beneficiado a BFA en la venta de la cartera de deuda, pero le perjudica en negocio diario porque abarata los créditos. La fórmula para contrarrestar esta situación ha sido incrementar la actividad comercial, aumentar la productividad, mayor control del gasto y reducir la morosidad. El crédito ha subido un 2,2% por el impulso del dedicado al consumo, autónomos y empresas, que compensa la caída en hipotecas. Los depósitos se han mantenido estables.

Pese a todo, Bankia no ha logrado impedir que el margen financiero caiga un 0,6%, “por los menores ingresos de los bonos de la Sareb”, según el banco, adonde traspasaron activos tóxicos por valor de 50.000 millones.

El margen bruto se elevó un 2% y el neto creció el 7,2% por la caída de gastos en un 3%. La parte baja de la cuenta de resultados se vio favorecida por las menores dotaciones para cubrir los créditos malos. El saldo de créditos dudosos se redujo en 462 millones en el trimestre, con lo que la tasa de mora baja al 12,6% y la cobertura al 59,4%.

Las menores dotaciones y el control de gastos son las dos palancas sobre las que trabaja la entidad. Sevilla insistió en la necesidad de mantener un recorte de gastos del 3% o 4% anual para lograr que la eficiencia —lo que se gasta por cada 100 euros que se ingresa—, siga en bajas cotas. Ahora la ratio es del 42,6%. “Es el mejor ratio de la banca española. Debemos mantener esta diferencia con los demás porque es un aspecto clave cuando los tipos de interés están tan bajos”, comentó el consejero delegado.

También lanzó un mensaje a los sindicatos, ahora en negociación del convenio sectorial. “El 70% de los clientes quieren trabajar con nosotros por la tarde. No hay que trabajar más horas, pero debemos adaptarnos al nuevo entorno porque, si no, otros lo harán y el problema no será de horarios sino de mantenimiento de los puestos de trabajo”, auguró.

Sevilla dijo que no están pensado en reducir la plantilla o las oficinas, tras haber prescindido de más de 5.000 personas y 1.000 oficinas en 2013. Ahora tienen 14.300 empleados. “Nos sentimos cómodos con este nivel. No tenemos planes de reducciones adicionales. Las bajas serán vegetativas”, puntualizó.