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¿Hace falta una carrera para tener éxito en los negocios?

Un grupo de emprendedores españoles cuenta la importancia de la formación en su trayectoria profesional

De izquierda a derecha, Julio Ramírez, Miguel Ángel Ramos, Enrique Hormigo, Jorge Schnura, Ignacio Pérez, Diego González e Ignacio Rivas. Ampliar foto
De izquierda a derecha, Julio Ramírez, Miguel Ángel Ramos, Enrique Hormigo, Jorge Schnura, Ignacio Pérez, Diego González e Ignacio Rivas.

A la luz de la creciente oferta de másteres en emprendimiento que existe en España, cabría preguntarse si las escuelas de negocios enseñan a los jóvenes a ser empresarios y si ésta es, o debería ser, una de sus principales funciones. ¿Qué papel desempeña la formación en el éxito de un proyecto empresarial? ¿Es determinante? No es fácil responder, pero lo cierto es que en Estados Unidos, donde la edad media de los emprendedores es de 40 años, la mayoría tiene formación universitaria. “En España, los casos más recientes de proyectos de emprendimiento exitosos corresponden a personas con un título universitario y un posgrado”, apunta Isidoro Sánchez Tejado, business angel de la red de inversores de IESE Business School.

Es importante adquirir una buena formación para ser un magnífico ejecutivo y saber cómo gestionar una empresa, pero una cosa es dirigir un negocio y otra muy distinta crearlo. Es la opinión de Ignacio Pérez Dolset sustentada en una amplia experiencia en negocios tecnológicos. Entre otros proyectos, fundó LaNetro, antecesora del grupo Zed, que hoy engloba varias empresas dedicadas al entretenimiento en Internet y el móvil; a la creación de películas de animación, y a la producción de videojuegos. Ignacio y su hermano Javier fueron los creadores de Commandos, el videojuego lanzado a finales de los años noventa que se convirtió en un éxito internacional, y Planet 51, película de animación desarrollada por Ilion Animation Studios, una de las compañías de Zed. También es fundador y director general de U-Tad, Centro Universitario de Tecnología y Arte Digital.

Esta intensa trayectoria le permite afirmar que, en lo relativo a formación y puesta en marcha de empresas, en España se tiende a hacer las cosas al revés. “La actual ya no es la España de los años ochenta, cuando era necesario formar ejecutivos para las compañías que venían de fuera. Ahora, el país necesita nuevas empresas, pero estas las fundan aquellos que tienen un producto”. Pérez Dolset no tiene duda: la empresa se crea a partir del producto, que el empresario tiene que conocer muy bien. “Y no siempre es así. En el sector tecnológico, por ejemplo, el desconocimiento es el origen de muchos fracasos”.

El director de U-Tad cree que la formación empresarial debe ser horizontal. Y pone el ejemplo de Estados Unidos, donde detrás de cada ingeniero, médico o informático hay una vocación empresarial: “Los americanos emprenden en cualquier sector, porque muchos convierten su vocación, sea la que sea, en empresa. En España, las carreras empresariales están a la orden del día, pero ¿para montar qué tipo de negocio?”. No obstante, advierte, abrirse camino en el mundo empresarial no es sencillo. Ni aquí ni en ningún otro sitio.

La capacidad de ejecución, de sacar un prototipo, probar y ver si gusta tu idea es lo que define a un buen emprendedor

Emular el momento de la firma de un autógrafo de una celebrity a sus admiradores, aprovechando la enorme disponibilidad de smartphones y de tecnologías de geolocalización, quizás pueda parecer una idea estrambótica para montar un negocio. Es, sin embargo, a lo que se dedica Fanstastic, la empresa que Enrique Hormigo puso en marcha en agosto de 2013. Así lo explica su fundador: “Los famosos consiguen llegar a sus fans de forma más fácil, más segura y más acorde a los tiempos; y los fans consiguen, a través de sus propios méritos, aquello que anhelan: un autógrafo de su ídolo que inmediatamente pueden publicar en las redes sociales”.

De momento, la aplicación está disponible para iOS y Android de forma totalmente gratuita y, en breve, comenzarán las acciones para incrementar el número de usuarios y la notoriedad de la aplicación. Además, van a realizar una nueva búsqueda de financiación contando ya con métricas y comportamientos. “Estamos hablando de una aplicación global (está en ocho idiomas), que se puede emplear en cualquier parte del mundo y en cualquier ámbito donde haya fans”, indica con entusiasmo Hormigo, que cuenta con un máster en Dirección Comercial y Marketing del Instituto de Empresa (IE) y un MBA de la Escuela de Organización Industrial (EOI). De su paso por las aulas, destaca el impulso que recibió para perder el miedo a emprender, para poner en marcha lo que tenía en mente, además de la resistencia a la frustración. “Si midiendo bien tus posibilidades financieras, el proyecto no funciona, no es el final de tu vida laboral; pero si no lo intentas, nunca sabrás el resultado”, comenta.

Hormigo cree que un máster puede ayudar en varios aspectos. Uno muy importante es medir conocimientos y aptitudes. “Permite compararte con otras personas y saber si eres bueno o malo en algunas áreas. Quizá te consideres muy bueno en marketing, pero en clase te das cuenta de que no eras tan bueno, o al revés. Por lo tanto, la formación siempre ayuda a apuntalar lo que ya sabes o a mejorar en tus lagunas”. También considera que en la mayoría de los proyectos que se ponen en marcha, la idea prevalece sobre las posibilidades reales. Y esto pone en peligro el éxito de los mismos. “El voluntarismo sin medida se puede convertir en tu peor compañero de viaje”, asegura.

Muy diferente es el negocio que Miguel Ángel Ramos montó en Huesca, junto con su socia Rosabel Pérez, en 2006. “Nuestro objetivo era abordar un proyecto con potencial, realista, que a la vez nos permitiese satisfacer nuestras expectativas profesionales de creatividad y de crecimiento, así como asumir nuestras propias responsabilidades y definir nuestro futuro”, explica. La casi nula existencia en España de empresas industriales especializadas en microinyección, les ofrecía una oportunidad de negocio en la que se embarcaron con un claro propósito: aportar valor añadido al cliente a través de un servicio integral en microcomponentes. Objetivos ambiciosos que se han cumplido. Ocho años después, Oscatech compite a nivel europeo con empresas consolidadas del sector.

Formación y experiencia

Ambos cuentan con formación y experiencia en otras empresas: Rosabel Pérez es licenciada en Ciencias Empresariales y ha ejercido durante 14 años como responsable administrativo-financiero en una multinacional francesa; Miguel Ángel Ramos es licenciado en Ciencias Físicas, tiene un posgrado en Polímeros y en Tecnologías de Transformación y más de 15 años de experiencia en la industria de los polímeros técnicos.

Un máster puede ayudar en varios aspectos. Uno muy importante es medir conocimientos y aptitudes

Ramos considera imprescindible tener una buena formación técnica en la actividad que desarrolle la empresa. La definición de estrategias y la visión empresarial son habilidades que tuvieron que adquirir. “En este punto, fue muy importante la formación que recibimos en la EOI, personalizada y basada en tutorías in situ”, afirma.

Actualmente, Oscatech sigue siendo una microempresa, pero está consolidada en su organización, en sus finanzas, con clientes fidelizados y con un gradual y constante crecimiento. “En definitiva, hemos conseguido el objetivo de proyecto empresarial que nos planteamos y ahora podemos afrontar nuevos retos”, resume satisfecho Miguel Ángel Ramos.

Después de trabajar en banca durante varios años, Diego González decidió hacer un máster en el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), donde se dio cuenta de que quería tener su propio negocio. Y empezó a desarrollar un primer proyecto de valoración de empresas. Esta experiencia, que duró un año, fue el germen de Bull4All, una sociedad, fundada en 2013, dedicada al asesoramiento financiero online.

Este emprendedor reconoce que se empieza con mucho entusiasmo, “pero la realidad del día a día es muy dura, muy complicada, no sólo porque requiere mucha dedicación, sino por la incertidumbre: nunca sabes si vas a llegar a ese primer estadio de cubrir costes”, asegura.

Respecto al papel de la formación versus la experiencia en un proyecto, lo reparte así: el 80% es experiencia, el resto formación. De la que él recibió, aprendió metodología, y le ha servido de mucho, pero la recomendación que haría a cualquiera que quiera empezar es que lo haga en un sector que conozca. “Yo me dedico a esto porque, dentro de las dificultades, me muevo con soltura, es donde tengo experiencia”. Y le parece una falta de ética y responsabilidad de todos los gobernantes que, con la tasa de paro insoportable que hay en España, aprovechen para decir a los jóvenes que monten negocios. “Esto no tiene sentido. Es criticable que no se explique a la gente lo complicado que es sacar adelante una empresa”, dice Diego González.

Algo que apasione

Una cadena de restaurantes especializados en carnes a la brasa de crianza propia. Es el negocio que Julio Ramírez, y sus dos hermanas, han conseguido ampliar hasta sumar 50 restaurantes asociados a la marca Abrasador, con la misma carta y con cortes originales e innovadores de las carnes de vacuno e ibérico que producen en Menasalbas (Toledo), “consideradas ya por muchos profesionales como unas de las mejores del mundo”, explica satisfecho Julio Ramírez. Y añade que el emprendedor necesita encontrar algo que le apasione. “Si a esto le unimos la formación adecuada, tendremos un 80% del éxito asegurado”.

La empresa se crea a partir del producto, que el empresario tiene que conocer muy bien. En el sector tecnológico, el desconocimiento es el origen de muchos fracasos

En su caso, consideraron necesario hacer un MBA (IEDE fue el centro elegido) para ejercer puestos de responsabilidad en el negocio y superar mejor el punto de inflexión que supone pasar de una pequeña empresa familiar a “una gran compañía de futuro bien cualificada”. El papel lo aguanta todo, afirma, por eso, recomienda a cualquier emprendedor que primero trabaje por cuenta ajena en un proyecto similar al que quiera desarrollar. Y, mientras tanto, madurar la idea que tenga en la cabeza.

Motivación

Cuando Jorge Schnura se matriculó en IE University nunca se había planteado ser empresario. Le gustaba la tecnología. Sin embargo, la motivación que recibió, el hecho de que le enseñaran que era posible, lo empujó a emprender. “Esto fue muy importante porque me hizo ver que emprender no es nada inalcanzable ni peligroso y que muchas personas lo pueden hacer”. Hace tres años, cuando solo tenía 20, fundó con dos socios Tyba, una plataforma que se dedica a hacer un matching, basado en un algoritmo inteligente, que define qué candidato es el mejor para cada oferta de trabajo y qué empresa encaja mejor con cada candidato. “Es un encaje en ambas direcciones. Estamos enfocados sobre todo en start-ups, de distintos tamaños -por ejemplo, DropBox es cliente nuestro– y la mayoría son de fuera de España. Nos va muy bien”, asegura. Han crecido y hoy tienen una plantilla de 30 personas.

Schnura subraya que aunque se habla mucho de emprender, este es un mundo muy desconocido. “Pocos saben cómo montar una empresa, qué hay que hacer. Un error bastante común es emplear un año o más en planificar cómo crear un negocio, a qué mercados se va a dirigir, etcétera. Justo lo contrario de lo que hay que hacer, al menos en el mundo de Internet. La capacidad de ejecución, de sacar un prototipo, probar y ver si gusta tu idea es lo que define a un buen emprendedor. Cualquier inversor profesional de Internet dice que lo más importante es precisamente la capacidad de ejecución, más que planificar”.

¿Y qué piensan en las escuelas de negocios? ¿Están preparados en España los jóvenes que se lanzan al ruedo empresarial? Javier de los Ríos, jefe de estudios del área de Emprendimiento del CEF (Centro de Estudios Financieros), cree que muchos se han centrado en los servicios, en algunos casos con poco valor añadido, de ámbito local o con poco desarrollo tecnológico. “Para que esta situación cambie es necesario que la preparación y la formación mejoren o se refuerce en áreas como las exportaciones, el marketing digital o la tecnología”.

Carlos Martínez, director general de IMF Business School, señala que una de las principales carencias que tienen nuestros emprendedores, y motivo por el cual muchos proyectos interesantes fracasan, es su escasa preparación y formación en competencias básicas. “En muchas ocasiones tenemos perfiles de emprendedores que poseen unas competencias técnicas magníficas pero cometen errores muy básicos en temas tan importantes como finanzas, marketing, estrategia empresarial, etcétera”. En su opinión, la única manera de asegurar la viabilidad del proyecto pasa por la formación y el aprendizaje de estos aspectos empresariales.

 

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