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Los coches negros son rentables

El sector funerario pasó de ser local a estar en manos de unas pocas grandes empresas

España es el país con más tanatorios de Europa y tiende a crecer

Estatua de un ángel en el cementerio de Comillas (Cantabria).
Estatua de un ángel en el cementerio de Comillas (Cantabria).

España tiene la red de instalaciones mortuorias más amplia de Europa, y posiblemente una de las más modernas. El número de tanatorios, próximo a los 1.000, dobla y en algunos casos hasta triplica el de otros países europeos. "Casi no hay Ayuntamiento de más de 10.000 habitantes que no tenga uno", dice Víctor Humanes, vocal de Panasef, la patronal del sector. Lo mismo pasa con los crematorios. Pese a que en España solo se incineran el 32% de los fallecidos, frente al 70% al en otros países del continente, hay 230 hornos crematorios. En Francia hay 151 y en Italia 58.

También en esto, en lo funerario, España es diferente. Mientras que "en buena parte de Europa se da los pésames a la familia en casa, se vela el difunto en el hospital y se hace la ceremonia en la iglesia o en el local de las funerarias, en España todo esto se realiza en un tanatorio", asegura Juan Jesús Domingo, consejero delegado de Mémora, la empresa líder del sector, con 125 de estas instalaciones. Le siguen Funespaña (129), Albia (104), y AVS (68).

Todo esto, sin embargo, es relativamente nuevo. Hace no muchas décadas las prácticas funerarias iban más a tono con el resto de Europa. Todo empezó a cambiar en los noventa "cuando los grandes Ayuntamientos empezaron a construir los primeros tanatorios municipales, que surgieron para romper con lo viejo, lo oscuro, y dar paso a espacios más abiertos, con más luz y zonas verdes, para que la gente no se sintiera tan agobiada", cuenta José Vicente Aparicio, subdirector general de Funespaña.

Fuente: Datos de las empresas
Fuente: Datos de las empresas

La tendencia fue ganando tal velocidad que a lo largo de este siglo se convirtió en un boom al que acudieron no solo los municipios, sino las grandes empresas del sector y hasta las constructoras. "Se habituó a la gente", apunta Domingo, "a tener el tanatorio en la puerta de casa, cuando en Europa lo habitual es que la gente recorra 100 kilómetros hasta el más próximo". Tal fue el auge, apunta Humanes, "que muchos Ayuntamientos se gastaron parte del dinero del Plan E [plan de inversión en obra pública del Gobierno de Rodríguez Zapatero] en ese tipo de instalaciones".

Al boom’ de la construcción de tanatorios acudieron Ayuntamientos, funerarias y hasta constructoras

Esta abundancia de tanatorios, imposibles de mantener por unos consistorios endeudados, sumada a la atomización del sector funerario —con casi 2.000 pequeñas empresas en toda España— acabó finalmente por desencadenar la aparición de un sector más moderno y con grandes empresas. La pionera en el nuevo modelo fue Funespaña, en 1990. Después llegarían otras como Albia en 1998 o Mémora, creada por Acciona en 2000. Casi todas siguieron el mismo proceso a partir de la compra de firmas funerarias locales, lo que "permitió pasar de un sector atomizado a otro estructurado sobre grandes compañías", dice Daniel Palacios, director Comercial de Albia. A lo largo de sus de sus 25 años de vida, Funespaña adquirió más de cien empresas: solo en los últimos tres años, más de 20. Esta práctica de constantes adquisiciones ha permitido a estos nuevos gigantes funerarios crecer rápidamente. Funespaña, que en 2009 facturaba 74 millones de euros, dobló sus ingresos hasta los 153 millones el año pasado. Según iban comprando pequeñas firmas, estas compañías se hicieron también con la mayor parte de la red de tanatorios existentes, en unos casos firmando contratos de gestión con los Ayuntamientos y en otros abriendo sus propios centros. La propiedad por parte de estas empresas de grandes redes de tanatorios que cubren el máximo de territorio ha sido decisiva para asegurarse el mercado. No sólo envían ahí a sus clientes, sino que reciben los de otras funerarias.

En el sector apuntan a otra causa para explicar el surgimiento en España de estas empresas: la existencia del llamado seguro de decesos, algo que, según explica Domingo, "casi no existe en Europa". De hecho, varias aseguradoras se han hecho con empresas del sector para poder ofrecer a sus asegurados un servicio homogéneo en todo el país y entenderse con un solo proveedor. Mapfre tiene el 66% de Funespaña, Albia está vinculada a Santa Lucía y Servisa a Ocaso.

Estos tanatorios son, además, el escenario en el que las grandes empresas ofrecen y lanzan todo tipo de innovaciones y servicios. La concentración y la masa crítica derivada de su mayor tamaño les permiten ofrecer propuestas que las pequeñas firmas locales no pueden asumir, una tendencia impulsada por los cambios en la cultura funeraria en España. Frente a lo que era el velatorio habitual, todas las compañías del sector proponen servicios como el Homenaje a la Vida del fallecido, con acompañamiento musical (flauta, piano o cuarteto de cuerda), maestro de ceremonias y discursos de familiares y amigos. Es habitual ahora proporcionar asistencia psicológica, grupos de duelo, ayuda telefónica o la gestión legal o administrativa. "Acabamos de lanzar Electium", informa Domingo, "un producto por el cual una persona de más de 70 años puede dejar fijado en vida como quiere que sea su proceso final, el servicio funerario y sus voluntades vitales".

La subida del IVA y el menor poder adquisitivo han llevado a un descenso de precios

La otra cara de la moneda es que las inversiones en construcción de tanatorios —pueden llegar a costar entre cuatro o cinco millones de euros— y en la compra de firmas locales, han tensado las cuentas de algunas de estas grandes firmas. Ello explica que Mémora haya tenido que refinanciar recientemente un crédito sindicado de 247 millones de euros. Todo hubiera sido peor de haber sido un sector más castigado por la crisis. El negocio se apoya sobre un número de defunciones anuales que rondan las 390.000.

Sin embargo, el sector está lejos de ser inmune a los malos tiempos. La subida del IVA en 2012 del 8% al 21%, sumada al menor poder adquisitivo de las familias, obligó a las empresas a recortar el coste de sus servicios, que actualmente oscilan entre los 2.800 y los 3.200 euros. Las empresas se quejan de que sus ingresos, en torno a los 1.300 millones de euros anuales para el conjunto el sector, se han visto recortados en los últimos cinco años. "Al no poder trasladar la totalidad del IVA a los clientes", explica Humanes, "las empresas hemos tenido que absorber el aumento de la presión fiscal". Desde Mémora aseguran que "España se ha convertido en el país con el IVA para servicios funerarios más alto de la zona euro. Ocho no tienen IVA y cinco lo tienen reducido o súper reducido". En Francia, el IVA funerario es del 0%.

Al margen de las quejas, lo cierto es que el sector parece disfrutar de buena salud y sus perspectivas para los próximos años son también positivas. Con el aumento de la población se espera un al alza de las defunciones: "Probablemente hasta los 425.000 fallecimientos en los próximos 20 años", señalan desde Funespaña. Si a esto se añade un incremento del nivel de renta de los clientes junto a una batería de nuevos servicios de valor añadido, el sector funerario tiene recorrido. La prueba es que las grandes empresas siguen comprando firmas locales y construyendo tanatorios. En lo que va de octubre se inauguraron dos nuevas instalaciones y se anunció la construcción de otras dos.