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De la plastilina a la alta cosmética

Jovi cumple 75 años como empresa familiar y exporta la mitad de su producción

Clara Blanchar
Alejandro Tejedo, en el almacén de la fábrica de Jovi en Rubí
Alejandro Tejedo, en el almacén de la fábrica de Jovi en RubíGIANLUCA BATTISTA

Los meses de abril, mayo y junio son temporada alta en Jovi. La fábrica trabaja a pleno rendimiento. El líder mundial en plastilina y productor de lápices, pinturas, pastas de moldear, tizas y maquillaje (de fiesta y para cosmética) se afana en cerrar pedidos antes de que acabe el curso. Comercios y colegios quieren tener todo el material antes de irse de vacaciones.

Ocurre igual desde hace 75 años, los que cumple la empresa familiar, fundada en un cobertizo —la traslación temporal de los garajes que tanta fortuna han cobijado en la era digital— del barrio del Guinardó de Barcelona en 1939 por dos amigos: José Salvador (de su nombre viene el “jo” de Jovi, el investigador de todo el asunto) y Vicente Tejedo (que aportó el “vi” y fue el comercial de la alianza).

Es osado atribuirles haber inventado la plastilina. Pero sí inventaron el sistema de producción industrial en 1964 de una pasta de mayor plasticidad que la existente, que no manchaba ni era tóxica y que consiguió todos los permisos: la plastilina que conocemos hoy. Los fundadores murieron en los ochenta.

“El secreto es trabajar y pensar a medio plazo: ni a corto, ni a largo”

Jovi sigue en manos de las familias fundadoras y vende 85 millones de piezas al año, factura 13,5 millones de euros, exporta el 50% de la producción escolar y artística (y el 80% de la división artística), emplea a un centenar de personas en su fábrica de Rubí (Barcelona) y el año pasado ganó 223.000 euros.

La firma prevé, en los próximos cinco años, crecer un 50% en ventas y alcanzar 22 millones de facturación tras consolidarse en Estados Unidos y Japón, dos mercados “en los que las pastas para modelar tienen mucho éxito y en los que la sociedad tiene poder adquisitivo”, explica el consejero delegado, Alejandro Tejedo, hijo del cofundador. Hoy por hoy, los principales mercados extranjeros de Jovi son los países del este de Europa, Francia y América Latina. El secreto, según el directivo, es simple: “Hacer el trabajo cada día y pensar a medio plazo: ni a corto, ni a largo”.

En perspectiva, Tejedo matiza que otra de las claves de su éxito fue tomar una decisión estratégica en 1992. “Replegarse y centrar las energías en tres líneas: pinturas, ceras y lápices, y pastas moldeables”. También decidieron dejar de fabricar complementos como los pinceles, que compran de gama alta, para no arriesgar todos los permisos de los productos de uso infantil o escolar. “Teníamos un portafolio de 4.000 productos y tras el repliegue pasamos a tocar cuatro teclas, pero bien tocadas”.

Lo recuerda mientras muestra el laboratorio de la fábrica de Rubí, donde la empresa invierte anualmente un millón de euros. Además de innovar, incorporar colores, chequear materiales… hay que adaptarse constantemente a las estrictas normativas del material escolar y la cosmética. Unas normas que no son las mismas en cada país: “Un pigmento para un lápiz de ojos puede estar permitido en Europa, pero no en Estados Unidos”, revela Tejedo. A pequeña escala, en el laboratorio se mezclan las pastas, los acabados se someten a temperaturas extremas que simulan el envejecimiento del producto, se hacen pruebas con nuevos colores...

En la planta baja de la fábrica, el área de producción de material escolar y artístico va a toda máquina. En una línea se empaquetan lingotes de plastilina rosa, que descansan en grandes piezas sobre un palé; otra máquina hace plastilina amarilla, pero en pequeñas cantidades, como sobrecitos de azúcar; una especie de enorme olla de pastar se abre y muestra, recién hecha, plastilina azul… En otras zonas se producen lápices de cera o las pastillas de pintura prensada de las cajitas de acuarelas. También cuentan con maquinaria para producir buena parte de los envases: botes, tapas, cajas...

“No podríamos producir en China; hay que controlar cada detalle”

La fábrica de Jovi resulta familiar, porque cualquiera que entre puede tener entre sus manos una bola de plastilina o una caja de acuarelas. Es curioso, porque hay robots o jaulas con maquinaria de diseño propio creada por ingenieros propios. Pero algunas líneas son sucesiones (empalmes) de maquinaria de otros sectores que los ingenieros han adaptado. Ésta es otra de las transformaciones que ha vivido el negocio: que sus empleados cada vez más son personal cualificado, con titulaciones como la de ingeniero, subraya Tejedo.

El área de lápices cosméticos es un mundo aparte: Jovi Cosmetics produce lápices de ojos, lápices khol, perfiladores, eyeliners. Aquí se trabaja con precisión milimétrica: para encolar las tablillas de madera de cedro, cortarlas, darles forma, sacar punta a los lápices, poner tapones, imprimir con cuerpos de letra pequeñísimos, dar los retoques de cada marca… Jovi no produce marca propia —“no queremos ser competencia de nuestros clientes”— ni revela para qué firmas fabrica, pero basta ver la materia prima y los acabados —¡baños en oro en la cabeza de los lápices!— para darse cuenta de que algunas son de gama alta. La cosmética supone el 20% de la producción, pero se exporta el 85%. Y la idea es potenciarla. El área de cosmética también fabrica maquillaje de fiesta.

Jovi produce el 80% de lo que vende en la fábrica de Rubí, de 10.000 metros cuadrados. La compañía siempre ha tenido claro que es básico tener la producción cerca. Compran accesorios fuera, pero ni se les ha pasado por la cabeza deslocalizar la producción. “No podríamos producir en China. No puedes hacer ajustes sobre la marcha si fabricas tan lejos; para ser eficientes hay que controlar hasta el último detalle de la producción”.

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Sobre la firma

Clara Blanchar
Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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