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Catarsis en FCC

El grupo deprecia el valor de sus activos, contabiliza elevadas provisiones y pone a la venta filiales

Maqueta del puente que construye FCC en Long Beach (California).
Maqueta del puente que construye FCC en Long Beach (California).

Si no es una catarsis, término que considera excesivo algún directivo de FCC, se le parece mucho. El veterano grupo ultima un drástico saneamiento de su balance, con fuertes provisiones para reestructurarse y revisión a la baja del precio de sus activos para que sea más acorde con su valor de mercado, aprovechando las cuentas del cuarto trimestre de 2012 y del cierre del citado ejercicio que hará públicas esta semana, el jueves 28. Además, va a anunciar, en el marco de un plan estratégico 2013-2015, el abandono ordenado pero definitivo de sus aventuras empresariales en los negocios de energía, inmobiliario, concesional o de telecomunicaciones.

“Abrimos una nueva etapa”, señalan fuentes de la compañía, con el nombramiento de Esther Alcocer Koplowitz como presidenta y de Juan Béjar como consejero delegado. Y en el nuevo tiempo, agregan, “FCC va a concentrar sus esfuerzos en lo que considera desde ahora sus negocios esenciales —los vinculados a los servicios urbanos y medioambientales, los relativos a construcción e infraestructuras y los enmarcados en la gestión integral del agua— y también en dar solución a uno de sus mayores problemas hoy, el excesivo endeudamiento y una mala ratio de deuda sobre Ebitda (resultado bruto de explotación) debido en parte a la contracción que sufren los mercados de construcción y cemento en España y a la menor aportación de estas actividades al conjunto de resultados del grupo”.

Centrarse en las tres áreas de negocio citadas, sanear el balance y reducir la deuda conlleva también, explican fuentes conocedoras del nuevo plan estratégico, un programa de desinversiones intenso que esperan cumplir en su totalidad a lo largo de este y del próximo ejercicio. El plan no contempla un objetivo de inversión, más allá de las partidas imprescindibles para el desarrollo de los contratos y adjudicaciones que puedan lograr y para el mantenimiento ordinario del negocio.

Lo prioritario en los tiempos que corren, agregan en FCC, es el saneamiento y no la expansión. Tampoco vamos a dar previsiones de ventas o de beneficios en el trienio del plan, matizan, porque las cifras en estos capítulos van a estar muy condicionadas por la evolución de los negocios del grupo y el calendario y por el importe con que se vayan materializando las desinversiones previstas.

“Vamos hacia una gestión global”

El nuevo consejero delegado de FCC, Juan Béjar, según confesó tras intervenir en un acto público reciente, quiere cambiar la organización y la cultura directiva del grupo para hacerla más global, más internacional, más ágil y menos estática. Los directivos van a tener que moverse del despacho y del país para gestionar sobre el terreno sus áreas de responsabilidad. FCC ha operado, dice, como un grupo español con intereses crecientes en el exterior, y debe actuar a partir de ahora como un grupo global en el que el mercado español sea importante, pero uno más entre el medio centenar de países en los que trabaja.

Respecto a la deuda, y con algún escepticismo sobre el valor real de esta ratio, hablan de una deuda sobre Ebitda de cuatro veces. “Desde luego, lo que no vamos a hacer es financiar crecimiento con deuda”, dicen.

FCC quiere partir en esta nueva etapa con el menor lastre posible. Para ello, señalan fuentes del grupo, hemos sido “extremadamente prudentes en la confección del cierre del ejercicio de 2012 con cualquier cuenta dudosa (dicho sea este adjetivo desde una consideración estrictamente contable), como ha sido siempre norma en FCC, y estamos provisionando los costes de la reestructuración y de los ajustes de platilla que hemos hecho y vamos a tener que seguir haciendo en los negocios que tenemos en España”.

Las cuentas de FCC en 2012, en vísperas de su presentación y a ojos de algunos analistas, van a responder probablemente al guion de sangre, sudor y lágrimas. No en vano, a mediados de diciembre, el grupo ya anticipó el tiempo de sacrificios y privaciones con la suspensión del reparto del dividendo a cuenta del pasado ejercicio y justificó su inédita decisión en la historia de esta empresa en el saneamiento al que se había visto obligada a llevar a cabo en determinados activos, en especial en su filial austriaca Alpine, que va a cerrar el ejercicio con pérdidas, y en su filial cementera Portland Valderrivas.

Sobre el reparto o no de futuros dividendos y sobre su cuantía, decisión que a la postre depende de su consejo de administración y de su junta de accionistas, en FCC aducen que en todo caso deberá responder a los resultados reales que el grupo vaya teniendo en los próximos ejercicios. Y desmienten que su accionista de control, Esther Koplowitz, los haya condicionado o los vaya a condicionar ahora en función de su propia situación y de sus propias necesidades financieras. “Siempre se ha mostrado favorable, e incluso lo ha sugerido en reuniones del consejo, a una eventual limitación o supresión del dividendo si con ello se aceleraba significativamente el saneamiento y la recuperación del grupo FCC”.

En cuanto a las desinversiones, FCC renuncia a la cesión prevista del 49% de su filial de energía a la japonesa Mitsu y pone a la venta el 100% de su capital y echa así el cierre a una aventura iniciada en 2008 por el anterior presidente y consejero delegado, Baldomero Falcones. FCC Energía figuraba hasta ahora entre los activos estratégicos de la compañía.

Caso distinto es el de Cementos Portland Valderrivas. La filial de FCC, que tiene en marcha un plan de refinanciación a largo plazo y una deuda que supera los 1.480 millones de euros, negocia con el fabricante irlandés de materiales de construcción CRH un posible canje de activos.

En concreto, Portland cedería a CRH su filial Cementos Lemona y varios activos de Reino Unido, y recibiría a cambio una participación del 26% en Uniland. Tendría con ello el 100% de esta última compañía, con lo que se podría anotar todos sus resultados y hacerse además con sus activos en EE UU y Túnez, mercados donde el negocio del cemento va bien. La aportación de estas plantas mejoraría sustancialmente las cuentas actuales de la filial de FCC y reduciría su dependencia del deprimido mercado español.

El canje, empero, no está cerrado. Y si no se materializa el acuerdo en estos términos, que son los deseados por FCC, no hay otras alternativas de desinversión previstas en los planes de Portland y en los de su matriz. Cementos Portland es una empresa prioritaria para FCC y para la familia Koplowitz, cotiza en Bolsa y se gestiona con independencia de la matriz, subrayan las fuentes citadas.

La permanencia de la filial austriaca de construcción Alpine en el grupo, señalan en FCC, “está sujeta a que se llegue a un acuerdo razonable con la banca acreedora”. Si, como está previsto, se llega a ese acuerdo en la primera semana de marzo, agregan, FCC seguirá en Alpine, a la que someterá a una cura de adelgazamiento. Además, va a circunscribir su actividad a los mercados de Austria, Alemania, Suiza y Chequia.

En Realia, donde FCC cuenta con el 30% del capital, el nuevo equipo gestor espera que se llegue a un acuerdo sobre la refinanciación aplazada de su deuda en próximas semanas. Se muestra confiado con el ritmo y la prudencia con que está abordando su socio Bankia, que también lo es en Globalvia, las desinversiones a las que está obligada por la Comisión Europea y por las autoridades españolas. FCC apunta además que Realia ha transferido al banco malo los activos de promoción y que los patrimoniales que le restan son valiosos.

Más difícil lo tiene FCC, confiesan estas fuentes, en Cemusa, la filial que explota publicidad en mobiliario urbano. “Es más difícil hallar hoy inversores en el mercado publicitario que incluso en el mercado inmobiliario”.