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REPORTAJE

La torre del euro creciente

La construcción de la nueva sede del Banco Central Europeo (BCE) supera en un 42% lo inicialmente presupuestado

El nuevo cuartel general del Banco Central Europeo, ubicado en Fráncfort, el pasado 19 de septiembre.
El nuevo cuartel general del Banco Central Europeo, ubicado en Fráncfort, el pasado 19 de septiembre. REUTERS

Los directivos del Banco Central Europeo (BCE) no suelen morderse la lengua al dar lecciones de austeridad pública y contención salarial privada. Pero la panacea del tijeretazo que se impone en toda Europa también tiene sus excepciones, máxime cuando se trata de levantar una sede para el propio banco emisor. Banqueros, constructores y políticos celebraron la semana pasada la fiesta por el remate de la doble torre de rascacielos que el BCE se está construyendo en el Ostend, un barrio al este del centro de Fráncfort. Faltó su presidente Mario Draghi, impedido por “imprevistos urgentes”, así que la mala noticia del día festivo quedó a cargo del miembro alemán del directorio Jörg Asmussen: la rutilante sede de la moneda única no costará 850 millones de euros como se creyó hasta ahora, sino 1.200 millones.

Las cuentas fallaron en la institución que decide el precio del dinero de 327 millones de europeos. En 2009, el entonces directivo Lorenzo Bini Smaghi hablaba todavía en una entrevista de invertir 500 millones de euros a precios de 2005 en la construcción de la sede. Explicó Asmussen que el gasto se disparó por problemas estructurales en el edificio del viejo mercado mayorista, que data de 1928. Las torres del banco se levantan a su lado, muy cerca del puerto fluvial de la ciudad. Aprovechan su gran pabellón para albergar la cantina y otras dependencias públicas. Además de estos 150 millones extra, el aumento de precios de materiales y servicios encarece el proyecto en otros 200 millones de euros. Aún no se ha fijado fecha para su inauguración en 2014. Asmussen aclaró, no obstante, que “el euro es irreversible y el señor Draghi se encuentra bien”.

Ya son bien visibles los 185 metros de hormigón y cristal que alcanza la torre norte, a tiro de piedra del río Meno (Main). Está unida a la torre sur, 20 metros más baja, por pasarelas y ascensores. Queda por colocar la antena que lo convertirá en el tercer rascacielos más alto de la llamada Mainhattan: 220 metros. Ambas torres del BCE comparten un atrio monumental que el arquitecto austriaco Wolf Prix considera único en Europa y comparable al del rascacielos que alberga en Pekín a la CCTV, la televisión estatal del régimen chino. En una charla con el diario Bild, Prix aseguró que la torre diseñada por su estudio vienés será “una identificación tridimensional de la Unión Europea”. No consta si se refería al desajuste presupuestario del 42% en la construcción de su sede.

La rutilante sede de la moneda única no costará 850 millones de euros como se creyó hasta ahora, sino 1.200

En el BCE, cuyos portavoces cultivan la manía de impedir que se publiquen sus nombres aun cuando hablan de arquitectura, explican que el dinero para la construcción sale de los recursos presupuestarios del propio banco. Insisten en que no hay transferencias de dinero público para las obras de Fráncfort. El BCE obtiene ganancias con sus operaciones, procedentes del rendimiento de sus reservas y de sus propios recursos, así como por los intereses que cobran por los bonos soberanos adquiridos por el banco en los mercados secundarios. Por ejemplo, bonos españoles. Así que el BCE tuvo un superávit de 1.894 millones de euros en 2011. Se diría que tienen para rascacielos.

El profesor de la Goethe Business School de Fráncfort Bernd Spahn se ríe espontáneamente al escuchar este argumento. Recuerda que “los beneficios que pueda obtener el BCE de sus operaciones son repartidos entre sus propietarios”, que son los bancos centrales de Europa. Estos participaron en la fundación del Banco Central Europeo contribuyendo al capital inicial según su peso económico y demográfico. España, cuarta economía del euro, tiene un 8,3% del capital del BCE. Spahn explica que “ese dinero no es del BCE”, sino del contribuyente. Con el aumento de los gastos se reducen los beneficios netos que repartirá entre los propietarios.

Las cuentas fallaron

en la institución

que decide el precio

del dinero de 327 millones de europeos

En el BCE aducen que la construcción del nuevo edificio sigue las recomendaciones comunitarias de que todas las instituciones sean propietarias de sus sedes. Levantar una gran torre de rascacielos no es solo un proyecto de prestigio y de consolidación del euro como proyecto común, sino una medida de ahorro. Hoy, el BCE paga alquiler por los tres edificios donde trabajan sus más de 1.600 empleados. El secretismo del banco de bancos incluye el montante real de estos alquileres. Pero aseguran que la construcción de la torre doble del Ostend, cueste 850 o 1.200 millones de euros, servirá para recortar gastos a largo plazo. También permite a todos los empleados compartir un único edificio, que dará cabida a 2.300 trabajadores y a cientos de visitantes.

El Consejo de Gobierno del BCE se decidió por el Ostend de Fráncfort entre 35 posibilidades distintas. Aún es obvio el origen obrero de la zona, que tuvo abundante población judía hasta el Holocausto. Hoy sigue siendo un barrio muy popular, pero la mole brillante del BCE está cayendo como una bomba sobre los alquileres del vecindario: los precios del suelo no llegan a los del patricio Westend, al oeste del centro, pero se han disparado en los últimos años hasta convertirlo en el segundo distrito más caro de la metrópoli financiera. Muchos inquilinos tienen que marcharse. Un desarrollo que las autoridades políticas de la zona dicen seguir “con preocupación”.

En Westend se levantan las grandes torres de los bancos. La mayor es la del ruinoso Commerzbank, estatalizado en un 25% para salvarlo de la bancarrota hace tres años. Algo más al sur está la torre de la Feria de Muestras, la segunda más alta, donde tiene sus oficinas el banco de inversión neoyorquino Goldman Sachs. Cuando fue su subdirector entre 2004 y 2005, Draghi no trabajaba en estas dependencias, sino en la sede de Londres. Si los cálculos no están mal otra vez y el euro aguanta hasta entonces, dentro de dos años podrá mudarse al nuevo rascacielos del Ostend.