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España se queda por primera vez sin un puesto clave en el consejo del BCE

Se trata del primero de los grandes países del euro que sale del comité ejecutivo

Yves Mersch, nuevo miembro del consejo del BCE, en el centro.
Yves Mersch, nuevo miembro del consejo del BCE, en el centro. EFE

Final de partido. Quedan la prórroga y los penaltis: la recesión se agudiza, el paro sigue en cifras de récord olímpico, viene una nueva oleada de recortes, España se ha visto obligada a solicitar el rescate para sus bancos y, a pesar de la cumbre de jefes de Estado de hace unos días —o tal vez por culpa de esa cumbre—, los tipos de interés de la deuda española siguen en niveles insostenibles y el peligro de una intervención en toda regla, lejos de desvanecerse, continúa in crescendo. Y a todo esto el Gobierno no deja de perder batallas en Europa: España se quedó este lunes, por primera vez, fuera del comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), el organismo decisivo de la institución clave en la gestión de la endiablada crisis del euro.

El gobernador del Banco de Luxemburgo, Yves Mersch, será el sustituto de José Manuel González-Páramo como miembro del directorio del Eurobanco. Con este nombramiento, queda fuera Antonio Sáinz de Vicuña, actual director de los Servicios Jurídicos del BCE y candidato español al puesto. Además, el alemán Klaus Regling será el presidente del mecanismo permanente de rescate europeo, en detrimento de la candidata española, Belén Romana, aunque ese extremo está aún en el aire, a la espera de un acuerdo entre Francia y Alemania. De momento, todas las puertas se cierran.

España se convierte en el primer gran país de la eurozona que pierde su puesto en el directorio del BCE desde su fundación en 1999

“El nivel de credibilidad institucional de España está en mínimos desde su entrada en Europa”, decía este lunes un diplomático en Bruselas. No todo es negativo: Madrid obtuvo un año extra para cumplir con el déficit y metas más suaves para 2012. Pero a cambio el Ejecutivo se verá obligado a poner en marcha medidas adicionales, entre las que destaca la mil veces negada subida del IVA, muy negativa de cara a una posible recuperación. Las misiones en España de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el BCE van a ser cada vez más frecuentes, en una intervención que ha dejado de ser de baja intensidad. El esperpéntico salvamento de Bankia, la sensación de improvisación en las sucesivas reformas financieras, la comunicación política del rescate (una “línea de crédito” sin condiciones macroeconómicas por la que España presionó a sus socios, según la versión negacionista del Gobierno) y aquella apelación del presidente Mariano Rajoy a la “soberanía nacional” en Bruselas han afectado negativamente a la imagen de España en los últimos meses. Todo eso, unido a la incuestionable debilidad económica, acaba pasando factura: las condiciones impuestas son más duras y la pérdida de músculo en las instituciones cada vez más preocupante.