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El G-20 respalda el rescate europeo de la banca española

El organismo aboga por “romper la vinculación entre riesgo bancario y riesgo soberano”

Bruselas estudia fórmulas para evitar que el rescate contagie a la deuda española

El presidente de la Comisión Europea.
El presidente de la Comisión Europea. AFP

Los máximos representantes de la Unión Europea y la Comisión Europea hicieron, en el arranque de la cumbre del G-20 en Los Cabos (México), con un ejercicio de contención, al borde de lo increíble. “Incluso en estos días tormentosos, hay que relativizar la incidencia de la crisis, no se puede comparar a lo que ocurrió entre 2008 y 2009”, dijo el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, en referencia a la Gran Recesión. Al final de la conferencia de prensa, estaban al borde de perder los nervios por las preguntas sobre la mala gestión de la crisis del euro. “No estamos para recibir lecciones de nadie”, clamó José Manuel Durão, presidente de la Comisión Europea, “quiero recordar que la crisis comenzó en Norteamérica, por prácticas financieras poco ortodoxas”. Entre medias, los dirigentes europeos se esforzaron por subrayar la “voluntad política” de la UE para ayudar al nuevo Gobierno griego a cumplir con sus compromisos.

En ese respaldo al nuevo Ejecutivo griego que pueda formar Nueva Democracia, caben todo tipo de matices. A los enviados de Bruselas les tocó el papel de poli bueno. Tras glosar los “sacrificios” del pueblo griego y asegurar que el cumplimento de los objetivos presupuestarios es “notable”, el presidente de la Comisión dejó claro que los objetivos del segundo plan de rescate “deben ser respetados”, sobre todo en las reformas estructurales, donde aprecia “un retraso evidente”. Pero también que Bruselas planteará “ayudar al nuevo Gobierno con medidas que promuevan el crecimiento y el empleo”.

A la canciller alemana, Angela Merkel, le tocó decir nein, como viene siendo norma en la crisis del euro. “No se puede aceptar ningún relajamiento de las reformas pactadas en el programa de rescate”, dijo Merkel a su llegada a Los Cabos. La dirigente alemana apremió a los partidos griegos a formar “rápidamente” un Gobierno que “cumpla los compromisos del país con sus acreedores internacionales”. Merkel intentó apagar así un incendio provocado por su ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, quien se había mostrado partidario de renegociar los plazos.

La crisis española se llevó también buena parte de la comparecencia de los dirigentes europeos. Aquí, Barroso se descolgó con unas declaraciones desconcertantes: “Estamos a favor de un sistema que evite cualquier contaminación entre deuda financiera y deuda soberana”.

La Comisión ya asumió que la mejor manera de ayudar a la banca española era de forma directa, sin pasar por el Estado. La novedad es que Barroso ha dado a entender que esa fórmula se estudiará cuando el Gobierno español haga la petición formal de rescate. Eso contradice la posición de varios países, con Alemania a la cabeza, que exige que sea el Estado el que garantice la devolución del préstamo, que puede llegar a los 100.000 millones. Y choca con la normativa del fondo de rescate, que no lo contempla.

El comunicado final se referirá a España

“Aún no puedo decir cómo se establecerá exactamente el mecanismo de apoyo a la banca española”, añadió el presidente de la Comisión. La mera posibilidad de que se discuta si el dinero se inyecte de forma directa en las entidades con problemas es un balón de oxígeno para el Gobierno español, que defendió esta opción en las últimas semanas. Además, la idea de “romper la vinculación entre riesgo bancario y riesgo soberano” se incluye también en los borradores del comunicado final del G-20, lo que abona una especulación dirigida a enfriar a los mercados. El comunicado también da “la bienvenida al plan de España para recapitalizar su sistema bancario”.

Mientras, los expertos del Fondo Monetario Internacional siguen lanzando recados al Gobierno español. Justo en el día en que arrancaba la cumbre del G-20, un informe publicado por el organismo recomienda a España que abarate aún más el coste del despido improcedente, “al menos hasta la media europea”, y que introduzca el contrato único con indemnización creciente en función de la antigüedad. Es un documento de trabajo, pero está en línea con las recomendaciones que el FMI prepara para España.

Los socios del euro se comprometerán ante el resto del G-20 a “tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar la integridad” de la unión monetaria. Pero Van Rompuy se esforzó en ampliar el foco de la cumbre más allá de Europa. El presidente del Consejo Europeo reclamó a los países emergentes que cumplan con los compromisos adoptados en abril y cierren su nueva contribución al FMI, que plantea recolectar unos 430.000 millones de dólares (340.000 millones de euros) para ayudar a países con problemas para financiarse. Horas después, un comunicado conjunto de China, India, Rusia y Brasil rebajaba las expectativas. Los emergentes ampliarán su aportación, pero solo cuando el organismo internacional haya gastado antes otros rescursos. Y siempre que se concluya la reforma lanzada en 2010, que les otorga más poder en la institución. Un callejón sin salida, ya que la reforma está bloqueada en el Congreso de EE UU hasta después de las elecciones de noviembre.