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'Que inventen otros'

España es uno de los países peor clasificados en cuanto a innnovación dentro de la Unión Europea

El “que inventen ellos” de Unamuno sigue vigente. España sigue varada, según el informe sobre innovación en 2006 publicado ayer por Bruselas. Su espíritu emprendedor atraviesa una etapa de capa caída, sus empresas no quieren ni oír hablar de invertir en innovación y las patentes brillan por su ausencia. A España no le faltan motivos para engrosar el grupo de cola en innovación de la Unión Europea, por detrás de países como Bulgaria o la República Checa. España sólo se salva en términos de educación, con una tasa de población con educación superior por encima de la media comunitaria.

La Comisión estableció cinco categorías sobre las que evaluar a los países de la Unión. En innovación, España está por debajo de la media europea. El país es especialmente débil en el capítulo de la propiedad intelectual, con una escasez preocupante de patentes. Los gastos en innovación son escasos y lastran el espíritu emprendedor. Todo ello, en conjunto, sitúa a España en la posición más alejada de los líderes en innovación.

El Reino Unido, Islandia, Francia, Países Bajos, Bélgica, Austria y Irlanda representan la media europea. Eslovenia, República Checa, Lituania, Portugal, Polonia, Letonia, Grecia y Bulgaria, integran un humilde tercer grupo que, sino es un bastión de la iniciativa empresarial, sí hace esfuerzos por llegar a serlo. Por detrás de todos está España, en compañía de Estonia, Italia, Malta, Hungría, Croacia y Eslovaquia.

Chipre y Rumania forman un quinto racimo separado del resto de países. Pero tienen buenas justificaciones. Chipre es uno de los países más pequeños de la Unión Europea y Rumania acaba, como quien dice, de comenzar a preocuparse por la innovación. Peor es el caso de Luxemburgo, Noruega y Turquía. Ninguno cabe alguno de los grupos anteriores.

La formación endulza la mala posición

España obtuvo en 2006 resultados relativamente aceptables en materia de formación, según el informe de Bruselas. La tasa de población con educación superior fue superior a la media comunitaria (el 28,2% frente al 22,8%) y el porcentaje de personas que participa en cursos de formación continua fue 10 puntos superior a la media. La penetración de la banda ancha se situó en el 94%, endulzando la penosa situación de España en el 'ranking' europeo de innovación.