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Europa convulsa

Sarkozy urge reformas "para no acabar como Portugal o España"

El presidente francés prepara la subida del IVA con un discurso electoral

Escindido entre su doble condición de presidente y candidato -aunque esta no se revelará oficialmente hasta un mes antes de la primera vuelta electoral, el 22 de abril-, Nicolas Sarkozy improvisó ayer en Lyon su primer gran mitin de la campaña para lanzar dos o tres ideas básicas: la crisis y el mundo actual no esperan a nadie, requieren "decisiones rápidas" y más pragmatismo que ideología, y Francia debe hacer reformas urgentes para competir en ese mundo y "no terminar como Grecia, Portugal o España".

Incansable, el inquilino del Elíseo ha decidido vender cara su derrota. Un día reúne a los agentes sociales en sus salones, otro visita fábricas y granjas de provincias, y al siguiente pronuncia un discurso en el extranjero. El aspirante socialista, François Hollande, sigue encabezando los sondeos, y la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, y el de MoDem, François Bayrou, parecen robarle cada vez más espacio a Sarkozy por la derecha y el centro. Pero él no se rinde. "La fatalidad no forma parte de mi vocabulario. No se elige a un presidente de la República para que renuncie, para que ceda, para que decida que no puede hacer nada".

La crisis requiere "decisiones rápidas", asegura el mandatario

Los sindicatos advierten de que la receta es equivocada y será ineficaz

Su mantra favorito es que en estos tiempos difíciles hay que decir la verdad al pueblo. Y quizá por eso no miró los papeles del discurso y se dirigió, primero a los obreros de una fábrica y luego a la clase empresarial de Lyon, con una extraña mezcla de determinación, demagogia, catastrofismo y sinceridad. "Nunca hay que subestimar la sinceridad de Sarkozy", escribió el periodista de Le Monde Philippe Ridet en su libro El presidente y yo.

Tocaba insistir en la necesidad de seguir actuando y decidiendo. Y lo justificó así: "Fui elegido para cinco años, y trabajaré hasta el último minuto de mi mandato. ¿Pensáis que es razonable decirles a los 120.000 nuevos parados 'francamente no tenemos tiempo para decidir, sufrid en silencio y dejadnos ocuparnos de nuestras cosillas'?". La puesta en escena forma parte de una doble estrategia política y electoral: por un lado se trata de presentarse como el hombre de la providencia, el único que puede sacar al país de sus apuros, argumento que ayuda tanto a tapar el balance de un quinquenio horrible, con máximos de paro y deuda, como a fustigar a la oposición, rea de la "indecencia de alegrarse de la pérdida de la triple A".

Por otro, intenta preparar a los ciudadanos para las reformas estructurales que anunciará a finales de mes, durante un discurso televisado, llamadas a estimular la competitividad y el empleo. La más discutida es el llamado IVA social, que subirá en al menos dos puntos el impuesto para reducir las cotizaciones sociales que agravan los costes laborales.

Los sindicatos le advirtieron el lunes en el Elíseo que la receta es equivocada y será ineficaz; y sus partidarios creen que subir impuestos en plena campaña electoral es un disparate. Pero eso no importa: "Me dicen que no debemos aumentar el IVA, pero olvidan una cosa: si nos quedamos como estamos, las deslocalizaciones continuarán, y hace falta taponar las pérdidas de sangre industrial de Francia".

Las otras medidas en cartera consisten en flexibilizar el tiempo de trabajo y los salarios en las empresas en dificultades, lo que significaría probablemente el final de las 35 horas semanales, y en aprobar la tasa sobre las transacciones financieras, para denunciar "el baile de los hipócritas que estiman que hace falta esperar a Europa". Además, Sarkozy ha prometido reformar de manera radical la formación profesional, y poner en marcha un plan de vivienda para sostener el crecimiento y crear un organismo para financiar a la industria.

Los socialistas observan con una combinación de estupor e inquietud el hiperactivismo de su principal adversario. Ségolène Royal afirmó que Sarkozy quiere reformar en cinco horas lo que no ha sido capaz de reformar en cinco años. Y François Hollande espera su momento. El domingo, presentará su proyecto presidencial con un "gran discurso" que fijará el camino en Bourget, cerca de París y del viejo campo de concentración de Drancy. La última encuesta, conocida ayer, da a Hollande una amplia victoria en el segundo turno. Un 57% frente al 43% de Sarkozy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de enero de 2012