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El Gobierno no decidirá "a lo loco" la retirada de tropas

El ministro de Defensa confirma que revisará las misiones internacionales

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, anunció ayer en Marjayún, la base de los cascos azules españoles en el sur de Líbano, que el Gobierno revisará todas las misiones internacionales en las que participan las Fuerzas Armadas, respetando los compromisos adquiridos por España y evaluando sus propias posibilidades, y acudirá después al Parlamento para informarle de las conclusiones. El Gobierno se enfrenta al dilema de conciliar sus compromisos internacionales con la necesidad de recortar el coste de estas misiones, que en 2011 se elevó a 861 millones.

Morenés, que no quiso adelantar los resultados de la revisión, descartó en cualquier caso retiradas o reducciones precipitadas y unilaterales. "Este Gobierno es especialmente riguroso y mientras no estudiemos a fondo el contenido, la función, el propósito de cada misión, con nuestros aliados, no tomaremos ninguna decisión. No vamos a tomar decisiones a lo loco por ninguna circunstancia y menos en aspectos tan trascendentes", insistió.

Pedro Morenés: Los soldados en Líbano dan "credibilidad frente a la crisis"

Tras anunciar el lunes en Afganistán un retraso de al menos seis meses en el inicio del repliegue de las tropas españolas, que se iniciará después del verano, Morenés llegó ayer a Líbano, donde el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, tiene previsto hacer pública en marzo una revisión estratégica de la misión que podría desembocar en un fuerte recorte de los 12.500 cascos azules que hay ahora. España, Francia e Italia, los tres mayores contribuyentes europeos de la Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (Unifil), abogan por una drástica reducción de efectivos sobre el terreno y la constitución de una unidad de reserva que se movilizaría en caso necesario. El contingente español, de 1.073 militares, costó el año pasado 196,4 millones.

La visita del ministro se produce a solo diez días de que el próximo 28 de enero el general español, Alberto Asarta, ceda el mando de la FINUL, que ha ostentado durante los últimos dos años, al italiano Paolo Serra; y tres días después de que el propio Ban Ki-moon visitara Líbano e instara, sin éxito, a Hizbolá a aceptar su desarme. Asarta ha conseguido llevar la calma al sur del río Litani, con la excepción de algún incidente aislado, pero no que Israel ejecute el acuerdo para retirarse de la aldea libanesa que todavía ocupa tras la invasión de 2006.

Antes de desplazarse a Marjayún, Morenés se reunió en Beirut con el primer ministro libanés, Nayib Mitaki, y con el ministro de Defensa, Fayez Ghosn. Mitaki le trasladó una invitación para que el presidente Mariano Rajoy visite Líbano, con el objetivo de ampliar las relaciones bilaterales más allá de las cuestiones de seguridad, y le expresó su preocupación por los efectos desestabilizadores que la crisis siria puede tener sobre la frágil estabilidad de Líbano. De hecho, expertos militares interpretan los tres atentados que los cascos azules sufrieron el año pasado -en los que resultaron heridos soldados franceses e italianos- como "un aviso" a los países europeos para que cesen en sus presiones contra el régimen de Bachar el Asad. Siria cuenta en Líbano con uno de sus escasos aliados: la milicia chií Hizbolá, que es también el principal sostén del Gobierno de Mitaki.

En su alocución a los soldados españoles desplegados en Líbano, Morenés dijo que, con su labor, están contribuyendo a que España logre "ganar la credibilidad que necesita para atender asuntos tan graves como la crisis económica". En otras palabras, la credibilidad no solo se gana con los ajustes presupuestarios y la calificación de las agencias de rating sino también con la misión que desarrollan las Fuerzas Armadas en Afganistán o Líbano. Por eso Morenés será tan cuidadoso a la hora de decidir una reducción de efectivos o una retirada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de enero de 2012