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Irán trata de ganar tiempo en Turquía

Ankara subraya que solo aceptará sanciones acordadas antes por la ONU

En plena ofensiva diplomática y económica occidental contra el programa nuclear de Irán, el presidente del Parlamento de Teherán, Ali Lariyaní, anunció ayer desde Ankara que su país está dispuesto a reanudar las conversaciones sobre el controvertido proyecto. Pero el anuncio, con el que Irán trata de ganar tiempo y demostrar que no está aislado, tuvo un matiz importante. "Las conversaciones tendrán lugar siempre y cuando sean tomadas en serio y no de manera maliciosa", apuntó Lariyaní tras reunirse con el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, y el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. El Gobierno turco habría propuesto retomar en Estambul las conversaciones con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania.

Estambul fue escenario de las últimas e infructuosas conversaciones que se celebraron hace aproximadamente un año. No se ha hablado de fechas, pero todo apunta a que la propuesta ha sido bien acogida por el Gobierno iraní, quien ya ha anunciado la visita de su ministro de Exteriores, Ali Akbar Salehi, a Turquía la semana que viene.

La propuesta de Lariyaní podría rebajar la escalada de tensión de las últimas semanas. Tras la amenaza de Irán de bloquear el estrecho de Ormuz, por donde circula el 33% de todo el petróleo que se transporta por mar, el aumento de las sanciones por parte de EE UU, la Unión Europea y ahora también Japón, y el asesinato de otro científico nuclear iraní, Teherán parece querer un respiro. La propuesta de mantener una nueva ronda de conversaciones ha venido acompañada del anuncio del próximo viaje de representantes del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a Irán. Según fuentes diplomáticas citadas por la cadena Al Yazira, sería el próximo 28 de enero.

La visita de Lariyaní a Turquía también llega en un momento delicado para las relaciones bilaterales. Turquía siempre ha mantenido una actitud conciliadora con las ambiciones nucleares de su vecino. Sin embargo, los lazos entre ambos países se han deteriorado considerablemente desde que Ankara aceptó acoger parte del escudo antimisiles de la OTAN. Su posición frente a la represión siria también difiere. Ayer mismo, las autoridades turcas interceptaron en la frontera cuatro camiones iraníes que supuestamente transportaban armas para Siria.

Pero la economía turca no puede permitirse un nuevo varapalo. 2011 ha dejado en la bancarrota a cientos de empresarios que comerciaban con Siria y la violencia en Irak amenaza con perjudicar a otros tantos. Ankara sabe que se convertiría en uno de los grandes perjudicados por el cierre del estrecho de Ormuz. Turquía, sin apenas recursos energéticos, recibe el 40% de su petróleo de Irán. Además, su mayor refinería -Tupras- firmó recientemente un acuerdo para comprar nueve millones de toneladas de crudo a Teherán. Una crisis energética sería difícil de explicar para Erdogan, que basa gran parte de su política en el éxito económico y las relaciones amistosas con sus vecinos.

Por eso Ankara se está empleando a fondo. La semana pasada, el ministro de Exteriores Davutoglu realizó una vista de varios días a Teherán. Días más tarde, recibía al subsecretario de Estado estadounidense William Burns, quien aseguró a la agencia de noticias Anadolu: "A pesar de diferir en las tácticas, ambos compartimos las mismas preocupaciones estratégicas" con respecto al programa nuclear iraní.

Ankara ya ha dejado clara su postura ante la política de sanciones a Irán. "Turquía no se siente obligada excepto por aquellas [sanciones] impuestas por las Naciones Unidas", anunció ayer el portavoz de la diplomacia turca, Selcuk Unal, tras la reunión entre el ministro de Exteriores y Lariyaní. En este sentido, Unal aseveró que su país hará todo lo posible para "resolver el problema a través de la diplomacia antes de que la escalada de tensión aumente".

Durante su visita de dos días a Turquía, Ali Lariyaní también aludió a su enemigo, Israel. "Tenemos una generación de jóvenes científicos muy activa. Si Israel piensa que puede acabar con nuestro trabajo a través de actos terroristas, está muy equivocado", subrayó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de enero de 2012