Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:ARTE | EXPOSICIONES

La ciudad en el quirófano

Caminar y observar con atención una ciudad permite descubrirla como espectáculo, desentrañar sus trampas e interpretar sus claves.. 250 obras de cerca de cincuenta artistas en seis exposiciones simultáneas en Sevilla señalan esos puntos débiles

"Bajo la playa, los adoquines". El eslogan invertido del Mayo Francés que Rogelio López Cuenca colocó en una señaléctica destinada a la Expo 92 adquiere mayor sentido en la muestra principal de las que se exponen actualmente en el CAAC, A las ciudades se las conoce, como a las personas, en el andar, sobre todo junto a otra de esas piezas con la inscripción, "nuestra patria el mundo entero", orlada por las divisas fuertes de la época. El temple crítico de esta obra (vetada por eso hace veinte años) se torna ahora profético: el nuevo fantasma que recorre Europa, los mercados, da la razón al autor malagueño. Su señaléctica es adecuado pórtico de la muestra porque la ciudad no es inmune a las presiones financieras.

Por eso hay que mantener el discurso de la ciudad ideal como hacen, desde distintos ángulos, Prada Poole y Pérez Villalta. La ciudad flotante del primero -maquetas, planos y filmes- llena el antiguo templo de la Cartuja, y la capilla de Colón aloja una antología de los lugares ideados por Pérez Villalta durante treinta años: breves apuntes en cuadernos que mutan hasta llegar al lienzo o el papel como signos de la utopía.

Pero las cosas siguen otras vías, como señala Jesús Palomino: viviendas hechas sin pensar en quienes han de habitarlas, ingenios urbanísticos que estimulan la fiebre del automóvil antes que corregirla. La ciudad moderna que fue ámbito y signo de convivencia plural, sufre ahora el mal de la uniformidad: todas se parecen y cuando intentan fijar su identidad, recurren a los mismos tópicos. Andreas Fogarasi da cuenta del vano intento de las Sdministraciones para lograr, mediante expertos en diseño, la identidad urbana que antes sustrajeron a los ciudadanos. Julie Rivera insiste en parecido problema mostrando a una jovencita que pasea por la ciudad (Sevilla y Barcelona) coronada por los cebos del turismo: monumentos históricos o edificios con ínfulas futuristas que, juntos, reducen la ciudad a espectáculo pueril. Así lo sugiere también el sarcasmo de Juan Sebastián Bollaín en Sevilla 2030: dos son las vías de futuro trazadas por la Administración, hacer del proletario un propietario (también lo señala Jorge Yeregui en la serie fotográfica, El valor del suelo) y atraer al turismo celebrando todas las fiestas típicas en ordenada amalgama y con la participación responsable de los ciudadanos.

A la denuncia se suma el compromiso. Libia Castro y Ólafur Ólafsson, más que la participación del espectador en sus obras, buscan darle razones para una acción militante. La obra que da título a su muestra, Tu país no existe, es un cuidado vídeo en el que una soprano enuncia esa frase y la razona, desde los canales de una Venecia rendida al turismo. Con otra perspectiva, el trabajo de Lara Almárcegui: guías de solares abandonados esperando mejores plusvalías, proyectos para recuperarlos en beneficio de todos, denuncia de iniciativas oficiales que, como El festival internacional de jardines de Liverpool, impulsado por el Gobierno de Thatcher, costaron mucho y quedaron en nada. Santiago Cirugeda propone otra recuperación, la de las azoteas, donde cabe construir con rapidez viviendas de bajo costo. Hay un compromiso menos ostensible pero eficaz, el del cómic. Un arte urbano que en las viñetas de Nazario, El Roto y Miguel Brieva señalan la necesidad de una nueva sensibilidad, como dice Francesc Ruiz en sus Cómics para la revolución, que se apilan en la sala diseñando un fantástico skyline.

Pero la exposición no se agota en estas reflexiones. Una sala recoge la impresión que Nueva York causó en Juan Ramón Jiménez, García Lorca y el fotógrafo Francisco Ontañón, y se completa con una animación de Madelon Vriesendorp donde el Empire State y el Chrysler Building hacen el amor, alumbrados por una mortecina antorcha de la Estatua de la Libertad. Otro recinto, el de la Capilla de Fuera, recoge la España de los cincuenta en las cámaras del grupo AFAL. Muy cerca, fotografías de Xavier Ribas, Jorge Yeregui y José Antonio Guerrero reflexionan sobre la relación entre ciudad y naturaleza, mientras que en otras salas, las fotos de Dan Graham ofrecen la fría indiferencia de ciertos espacios urbanos, las de Peter Downsbrough, el aséptico geometrismo de algunos diseños, y las de Daido Moriyama forman un retablo de objetos, figuras, residuos y esfuerzos que animan la vida urbana.

Como trasfondo, la muestra abre una reflexión sobre Sevilla, ciudad de exposiciones internacionales. Carente de perfil empresarial y tocada en los años ochenta por una liquidación industrial apresurada y sin alternativas reales, solo la exposición iberoamericana de 1929 y la universal de 1992 trazaron su perfil urbano moderno. Dos filmes sobre esos fastos enmarcan una selección de las postales reunidas por Nazario: vistas de Sevilla, monumentos, edificios singulares, calles, hoteles y los inevitables tipismos, ya presentes a fines del siglo XIX. Quede para el espectador atento discernir entre realidad y mito, valor cultural e interés turístico. A esto se añaden la imagen elaborada por Juan Carlos Robles de un barrio deprimido, las fotografías rectificadas de enclaves urbanos de Alejandro Sosa (con ecos del Strip de Ed Ruscha) y un trabajo de José Miguel Pereñíguez recordando los proyectos de García Mercadal, nunca realizados, y de los bloques en equis de Espiau que sí llegaron a construirse, unos y otros en el barrio de los Remedios. Junto a todo esto, como un destello, el filme de Gervasio Iglesias, La ciudad del arco iris que narra cómo en pocos años los jóvenes músicos de Smash agitaron las tradiciones de la ciudad e iniciaron la fértil relación entre flamenco y rock.

La exposición, que propicia itinerarios nuevos en La Cartuja, enlaza problemas locales y cuestiones generales, diagnósticos críticos y elementos utópicos. Abre así un panorama sobre la ciudad y lo hace, afortunadamente, con más preguntas que respuestas.

A las ciudades se las conoce, como a las personas, en el andar. Hasta el 4 de marzo de 2012. Alejandro Sosa: Sevilla en proceso. Hasta el 15 de enero de 2012. Andreas Fogarasi: Construir / Desmontar. Hasta el 15 de enero de 2012. Julie Rivera: La arquitectura de la felicidad. Hasta el 4 de marzo de 2012. Lara Almárcegui. Hasta el 12 de febrero de 2012. Libia Castro & Ólafur Ólafsson. Tu país no existe. Hasta el 12 de febrero de 2012. Todas las exposiciones en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Avenida de Américo Vespucio, 2. Isla de la Cartuja. Sevilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de diciembre de 2011