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Análisis:

Prodigio

Los especiales musicales de Nochebuena en Televisión Española son tan institucionales como el discurso del Rey. Reconocen trayectorias largas y contundentes, pero suelen abrir más espacio a Raphael que a Rosendo, demostrando que para la tele pública no hay más música que la canción melódica. La primera temporada de Operación Triunfo vino a llenar un espacio, representado en esa noche por David Bisbal, que antes solo podíamos llenar tirando de cantantes italianos o similares. El otro invitado de la Nochebuena fue Sergio Dalma, que es nuestro cantante melódico más italiano hasta en el apellido, de un éxito envidiable en ventas gracias un público fiel que aparenta ignorar a Spotify.

Pero el formato más ambicioso fue para Ana Belén, que convocó a sus sospechosos habituales, privilegio que le permite dúos con Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Miguel Ríos o Miguel Bosé e incorporar a Pasión Vega o los Estopa. Hubo alguna sección más forzada dentro del tono cuidado y delicado. Para finalizar la fiesta recorrió los éxitos compartidos junto a Víctor Manuel, con quien le une un grado de identificación tal que en una ocasión, caminando Víctor a solas por la calle, una mujer le señaló con el dedo y gritó: ¡Mira, Víctor Manuel y Ana Belén!

Lo que uno querría alcanzar a saber al mirar a Ana Belén es donde reposta gasolina. Porque es evidente que está hecha de una pasta diferente a los demás. Se presentó con un vídeo grabado a los trece años donde ya bromeaba con las dificultades de ser tolerada y aceptada como otra actriz infantil y además cantante. Otra, en una época poblada de niños prodigios. Esa especie de prejuicio lo ha sabido torear con eficacia, y como sabe que en España se quiere mucho más a la gente en la enfermedad que en la salud, maneja un rumbo a prueba de vendavales y resentimientos, donde, para que no se engañe nadie, le persigue mucho más el poder para hacerse la foto con ella de lo que ella persigue ese poder.

Ana Belén es un milagro genético, que además canta y actúa. Sobrevive profesionalmente en un país en el que con el primer disco te presentas y te quemas todo lo a vez. Ha logrado lo más difícil: ser una adulta prodigio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de diciembre de 2011