Entrevista:PETER CAREY

"Necesitamos el humor como la luz que te alumbra"

En el número cuatrocientos y algo de una de las calles más jacarandosas de Nueva York y más famosas del mundo, Broadway, vive el escritor australiano Peter Carey (Victoria, 1943). Es un apartamento amplio, de decoración sobria y elegante, techos altos y con tanta luz natural y aire por todos lados como si fuera la mismísima Australia. Allí Carey es como sus libros, pura reflexión trenzada de presente y pasado, y crítica e ironía esparcida de humor.

Es el escritor australiano más importante de las últimas tres décadas y el segundo más destacado de la historia de su país, tras el Nobel Patrick White, y doble ganador del Premio Booker en Reino Unido por Oscar y Lucinda y La verdadera historia de la banda de Kelly, además de varias veces finalista. Así ocurre con su última novela, Parrot y Olivier en América (Mondadori), en la cual no habla de su país sino de Estados Unidos y de las raíces de la democracia moderna. Y para explicar cómo ha llegado hasta ahí, un australiano reflexionando sobre uno de los pilares del mundo, Carey empieza a hablar a las cinco de la tarde pasadas, como en su novela, a la manera de Dickens:

"El tema de la identidad y Australia está en mis primeros libros, sobre ¿quién soy?, ¿quiénes somos?, ¿qué significa ser australiano?"
"El problema es la fisura de la educación y de la cultura en la democracia. La falta de educación es el problema para llegar a la democracia"
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Peregrinaje por el encuentro de dos mundos

"Mi vida es una serie de accidentes. Empezó en mi concepción. En los años sesenta viví en Londres. Con el tiempo vine a Manhattan porque la mujer con la que me casé quería vivir en Nueva York, y pensé que sería interesante. Aquí estoy 20 años después, con dos hijos norteamericanos y casado con otra mujer que es de Inglaterra y es editora. Amo Manhattan, pero me asusta Estados Unidos. Amo Manhattan más y más y más porque está llena de personas que pertenecen por lo menos a dos países y nosotros tratamos de vivir juntos muy bien. Me gusta la energía de esta ciudad y porque siempre encuentras una compasión inesperada".

Está sentado en la cabecera de la mesa del comedor de madera, de espaldas a los tres ventanales que dan a la calle, en un contraluz que casi lo convierte en una silueta ayudado por su vestuario negro. Sus palabras siguen rastreando su relación triangular Australia-Reino Unido-Estados Unidos, para luego adentrarse en los meandros y bifurcaciones de la identidad latente en sus libros. Piensa. Duda.

"Después de todo ese tiempo, mi relación con mi país es básicamente con las personas cercanas. Pero hay una cosa... en el momento en que llego a Australia empiezo a pensar diferente, mi cuerpo se siente diferente, reconoce el lugar. Toda mi familia está allá y vuelvo todas las veces que puedo. Políticamente no estoy conectado porque hace mucho tiempo que vivo fuera. Y, la verdad, es que no me imagino viviendo en ninguna otra parte en el mundo. Ya sé que se espera que tenga un poco más de argumentos para decir esto, pero es que ¡dejé Australia hace veinte años!. El país ha cambiado como cambia el curso del río. Australia tiene una extraña historia, y la historia ha actuado extrañamente como una herida..., se ha hecho un fósil, por un lado está el dolor de la colonización y, por otro, el trato que se le está dando a los indígenas.

Mi relación con Reino Unido es... bueno... estoy casado con una mujer de allí. En todo caso con cada uno de estos tres países tengo relaciones diferentes: la relación con Reino Unido es profundamente familiar ya que mi país no existiría si mis ancestros no hubieran sido deportados. Crecimos sintiéndonos segunda clase, inseguros... Siempre esperábamos la aprobación. Es un lugar donde me siento como en casa.

En cuanto a mi país y Estados Unidos debo decir que son muy diferentes aunque parecen iguales... Ambos mataron a los indígenas... Australia empezó con personas que no querían ir allí, los prisioneros y los soldados sabían que estaban allí y que eran unos perdedores...

En cambio los que vinieron aquí, a Estados Unidos..., fue por la ambición y porque querían estar aquí...

Nosotros fuimos a Occidente y nos perdimos...

No nos gusta tener éxito... ¡No confiamos en el éxito!

A los americanos les gusta el poder... En Australia es la lucha de quien siempre será pobre...

No sé si la identidad es el tema principal de mis libros como usted dice... Bueno, sí, no... Sí, no... Estoy de acuerdo con eso en el caso de los libros que primero tienen que ver con Australia que dicen: ¿quién soy? ¿Quiénes somos? ¿Qué significa ser australiano? Es manejado con cierto narcisismo porque hablo acerca de mí y quién soy porque quiero saber de Australia... De la gente a mi alrededor. Como australiano he tenido una vida feliz en Estados Unidos, pero no soy americano aunque estoy muy conectado con la vida de aquí. Nunca pensé en escribir un libro sobre Estados Unidos. Los americanos pueden escribir libros sobre su país, y la pregunta que me hacía era si yo lo podría hacer, hasta que en el último año de la presidencia de Bush leí De la democracia en América, de Alexis de Tocqueville. Entonces empecé a pensar que podía escribir algo que fuera la verdad para Estados Unidos, pero también una verdad para mí".

Se veía venir, y es cuando aflora la era de Bush en las reflexiones de Peter Carey hasta imbricarse con el presente de la crisis política, democrática y económica que embosca al mundo. Al rato sus palabras volverán a Parrot y Olivier en América, para remontar el curso de la historia de la democracia moderna desde Estados Unidos. El pretexto literario es el viaje que hace un joven, inspirado en Tocqueville, desde Francia en compañía de un criado, lo cual produce el doble encuentro de dos mundos: el de los dos personajes procedentes de clases sociales distintas y el de ellos, dos europeos, con la tierra de promisión.

"No sé si lo que busco son las raíces en América... No utilizo la palabra raíces

... Mi pasión fue entender el presente mirando el presente... Y entender la democracia... El centro del libro es la clase social, la maquinaria de las clases sociales es lo que mueve el libro... Y es a través de eso que los dos miran las raíces... Sí...

Pero la historia de estas dos personas, la visión de ellos sobre Estados Unidos me descubre como lector parte de las raíces y cómo se fue forjando este país. Sí...

La democracia es un descubrimiento en el mundo... La manera como este país fue construido... Bueno, solo algunos aspectos porque no es posible redactarlos todos...

Lo que resulta profético es lo que escribió Tocqueville hace más de dos siglos y que sirve de epígrafe a la novela...

Es posible que surja la democracia de la gente que trabaja con la mano, los obreros...

La educación y la cultura son dos puntos importantes en este libro. El problema en este momento es la fisura de la educación y de la cultura en la democracia. La democracia no está desarrollada... Hay mucho más por hacer.

La falta de educación es el problema para llegar a la democracia. La diferencia entre el que va a ser elegido y el que elige es la educación. La educación es negada y los recursos de la educación no son verdaderos. Tenemos un vacío porque a la gente no se le ha dado lo que la democracia promete.

Alguien dirá que ahora hay más información y eso es más democracia, pero también contribuye a desinformar y baja el nivel cultural. La solución de la democracia es tener una población educada y solo podemos tener esto haciendo de la enseñanza algo importante y atractivo. Yo trabajo con un grupo de niños en Brooklyn... Les enseñamos cómo leer... escribir... a ser grandes... Si lo puedes hacer aquí, lo puedes hacer en cualquier parte y, entonces, tienes la democracia.

Pero yo soy un novelista estúpido y no sé si la democracia retrocederá ante los comerciantes y los capitalistas... En esta economía mixta... En el capitalismo debe haber reglas de control y límites. Tengo un amigo sindicalista en Australia que define el capitalismo como un toro que le está dando comida a un pollito.

La verdad es que el libro es una buena oportunidad para que la gente conozca a Tocqueville porque es uno de los intelectuales reconocido por analizar la democracia en Estados Unidos. En cuanto al presente de Europa, puede sonar duro, pero su sociedad no tiene el mismo vigor que la de Estados Unidos. Europa piensa en el pasado".

Para entonces su mujer ya ha llegado, bromea con ella mientras pasa casi de puntillas hacia la cocina abierta al salón. Van a ser las seis de la tarde y el día languidece mientras las tres lámparas del salón empiezan a convertirse en tres pequeños soles que imantan la mirada. Las palabras de Carey ya van por la manera en que indaga y analiza la historia usando la ficción... y el humor.

"Va con mi personalidad... Soy serio y hago humor de las cosas... Soy como mis libros... Esos aspectos de mi carácter están ahí... Le agradezco que diga eso del humor en mis libros... Como humanos tenemos que vivir la vida seriamente, pero necesitamos tener sentido del humor. El humor es la luz que te alumbra, necesitas la luz para ver la parte de la oscuridad.

Uso la ficción como camino para preguntarle a la historia en diferentes momentos y diferentes formas. Creo que los australianos somos perezosos al imaginarnos la historia. Necesitamos el humor para estar vivos. Algunas veces nos reímos cuando reconocemos la verdad".

Una risa en cualquier tono, incluido el que puede suscitar el profético epígrafe de la novela, en palabras de Tocqueville: "¿Podemos pensar que la democracia, que ha derrocado al sistema feudal y ha vencido a los reyes, retrocederá ante los comerciantes y los capitalistas? Anunciar todas las verdades no es bueno".

<i>Parrot y Olivier en América</i>, la nueva novela del escritor australiano Peter Carey (Victoria, 1943), transcurre en Estados Unidos e indaga en las raíces de la democracia moderna.
<i>Parrot y Olivier en América</i>, la nueva novela del escritor australiano Peter Carey (Victoria, 1943), transcurre en Estados Unidos e indaga en las raíces de la democracia moderna.CORDON PRESS MIKE SEGAR
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