PUNTO DE OBSERVACIÓN | OPINIÓNColumna
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El reto de saber explicar

El principal reto que tiene Mariano Rajoy mañana, lunes, en el discurso de investidura, es saber contar lo que va a hacer. Todo el país necesita urgentemente un proyecto, lo comparta o no, un plan que sea, y que parezca, coherente y que ofrezca un horizonte. Este será, posiblemente, un discurso de investidura extraño, en el sentido de que es probable que no se formule como un plan de legislatura, a cuatro años vista, como suele ser lo habitual, sino que se reduzca a distancias más cortas, forzado por un intenso temporal económico que no permite moverse en perspectivas demasiado largas.

Lo peor que podría ocurrir es que Rajoy se decantara por un discurso incomprensible, un galimatías ambiguo o una lección de ideología que confundiera el hecho de que el Partido Popular ha ganado inobjetablemente las elecciones con la creencia de que este país se ha convertido en un defensor de las ideas "populares", lo que es muy poco probable.

Los ciudadanos esperan el proyecto de Rajoy para combatir el paro, y no solo para controlar el déficit público

Tampoco sería de recibo que Rajoy lanzara un discurso, tipo Churchill, de "sangre, sudor y lágrimas", como si estuviéramos en guerra, porque no lo estamos. Y si lo estuviéramos, el enemigo sería precisamente un mercado financiero desreglado que su partido ha defendido ardorosamente. El país atraviesa una situación extremadamente difícil, sin duda alguna, y los ciudadanos le han entregado el gobierno, con mayoría absoluta, confiando fundamentalmente en que sea capaz de poner en marcha un proyecto que combata el insoportable desempleo. Es en ese campo, y no solo en el control de déficit público, donde el nuevo presidente del Gobierno tendrá que rendir cuentas al final de su mandato. Y es en ese campo donde Mariano Rajoy debería dejar claro mañana, lunes, su principal compromiso.

Es seguro que la economía, incluidas las medidas "no gratas" de las que habló el pasado jueves; el "hachazo", por decirlo en otras palabras menos amables, tendrá que ocupar un porcentaje muy grande del discurso. Nadie le pide que concrete al milímetro el ajuste que va a poner en marcha, pero, desde luego, lo que tampoco sería razonable es que deje en el aire temas que ya tiene que tener muy pensados, como la reforma laboral o la reforma financiera o la política fiscal más inmediata.

Pero aunque el principal reto sea el programa económico y cómo rodearlo de un relato didáctico, Mariano Rajoy tendrá también que tener en cuenta que se enfrenta a un Congreso muy distinto a los anteriores, con más partidos con representación parlamentaria y, seguramente, con una oposición política más clara y radical que en otros Gobiernos. Habrá que escuchar atentamente su discurso y la manera en la que se dirige a los demás grupos, buscando indicios de donde cree que puede encontrar apoyos. Ningún partido, incluso cuando tiene mayoría absoluta, quiere aparecer día tras día en el Parlamento como aislado o combatido por todas las demás fuerzas políticas, y el PP, que corre en esta legislatura más riesgos que nunca de encontrarse en esa posición, no será distinto. El nuevo presidente del Gobierno debería dejar ya algunas pistas de dónde va a empezar a tantear.

El PSOE ha elegido seguramente a su mejor portavoz, Alfredo Pérez Rubalcaba, para esta sesión, pero aun así la posición del primer partido de la oposición va a ser una verdadera tortura, no solo porque los ciudadanos tienen todavía muy presentes su último año de gobierno, sino también porque hay varios partidos que se reclaman de izquierda y que dispondrán de grupo parlamentario, con todo lo que eso supone de caja de resonancia y de presencia. La tentación en los próximos meses de girar igualmente a la izquierda va a ser muy fuerte en algunos sectores socialistas, alentando quizá el enfrentamiento interno con quienes dentro del mismo partido siempre han creído que esa era una salida suicida. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de diciembre de 2011.

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