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Crítica:

Golpes bajos

El primer largometraje de Paco Arango, productor y guionista de series como El inquilino y ¡Ala... Dina! y director de la Fundación Aladina -entidad privada consagrada al apoyo y ayuda de los niños enfermos de cáncer-, incluye en sus créditos finales imágenes en vídeo de Antonio, el chico que sirvió de inspiración al personaje central de la película, interpretado por Andoni Hernández Sanjosé: un quinceañero de carismática personalidad que, a las puertas de la muerte, se convierte en una suerte de ángel inspirador de la reconstrucción de una familia en crisis, sobre el telón de fondo de la Navidad. A este crítico no le cabe ninguna duda de la buena voluntad de la propuesta: tampoco le cabe ninguna duda de que recurrir a esas imágenes es, directamente, un golpe bajo.

MAKTUB

Dirección: Paco Arango. Intérpretes: Andoni Hernández Sanjosé, Diego Peretti, Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo, Amparo Baró, Mariví Bilbao.

Género: comedia. España, 2011.

Duración: 117 minutos.

Está rodada con las maneras de lujosa y funcional ficción televisiva Peretti mantiene su dignidad de (tragi)cómico a la italiana

Rodada con las maneras de una lujosa, pero funcional, ficción televisiva, Maktub quiere ser un cuento navideño agridulce, donde la presencia del dolor se ve constantemente contrapunteada por la vitalidad de ese personaje central que parece revelar mayor madurez, entereza y resignación ante una muerte tan temprana, injusta e inevitable que los adultos que le rodean.

En uno de los repartos más extraños del reciente cine español, el argentino Diego Peretti (No sos vos, soy yo) logra mantener su dignidad de (tragi)cómico a la italiana, mientras un Jorge García más desubicado que en la isla de Perdidos redefine el concepto de cursilería lacrimógena, Aitana Sánchez-Gijón explora su lado menos amable, Goya Toledo invierte energía en conservar su merecido trono de drama queen y el tándem formado por Amparo Baró y Mariví Bilbao elabora un extraño número de comedia de la crueldad.

Lo peor de Maktub no es solo su agresiva combinación de estética televisiva y sentimentalismo con colores de centro comercial, sino su poca disimulada condición de ficción promocional sobre la mencionada Fundación Aladina y el doloroso product placement de un best seller de Paulo Coelho que sirve de epílogo a un conjunto que, quizá por todo eso y más, pueda encontrar a un público entregado ahí afuera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de diciembre de 2011