Reportaje:

El embudo de Mourinho

El técnico ideó un plan para evitar que Messi dañara al Madrid como en la Supercopa, avanzando por el centro - Encomendó a Özil las funciones de Khedira y pegó a Lass y a Xabi a los zagueros

José Mourinho afrontó un doble dilema cuando preparó el partido contra el Barça. Por un lado, estaba convencido de que no le quedaba más remedio que ceder el balón al rival. Por el otro, era consciente de que un clásico en el Bernabéu exige tomar decisiones políticas que se ajusten al gusto de la afición. Para resolver el primer problema ideó lo que sus jugadores llaman trivote y él, sensible a las resonancias impopulares, prefirió denominar triángulo de presión ofensiva. Para responder a las expectativas de la gente disponía de Mesut Özil. Pero Özil, por su naturaleza, no encajaba en el trivote. Así es que Mourinho, imaginativo, concibió dos operaciones en una: acentuó las funciones defensivas de los tres integrantes del trivote y sacrificó a Khedira para darle a Özil la batería de deberes más compleja y extenuante del once titular.

La plantilla prefirió que jugase el media punta, que acabó agotado de tanto defender
El argentino acabó haciendo exactamente lo que el sistema pretendía evitar
Más información
"Mi nombre está con el del señor Miguel Muñoz"
Benzema: "Mourinho me ha hecho sacar la rabia que tenía dentro"

Dicen los testigos de las últimas charlas tácticas antes del clásico, el sábado pasado, que lo más asombroso del plan fue la parte que le correspondió al media punta alemán. Mourinho abordó a Özil para pedirle que hiciera el mismo trabajo que Khedira había realizado en Mestalla, solo que además le pidió que apoyase los ataques de Di María, Cristiano y Benzema de un modo creativo.

Los jugadores aseguran que el trivote de Mestalla tuvo su vértice en Xabi, que guardó la posición por detrás de Lass y Khedira, mientras que en el triángulo del clásico el vértice apuntó a Özil. A la táctica de Mestalla el entrenador le llamó "triángulo ofensivo" porque Lass y Khedira obedecieron a la consigna de descolgarse periódicamente para acompañar las maniobras de los atacantes. Esto no sucedió contra el Barça.

Mourinho repasó ante la plantilla las jugadas en las que Messi desequilibró los partidos de la Supercopa y la Champions. En ambos encuentros, jugados en el Bernabéu, el argentino avanzó por el centro del campo, precisamente, la zona más poblada, antes de marcar sus goles. El sábado, obsesionado por crear un embudo capaz de atrapar a Messi, el técnico ordenó a Xabi y a Lass que se mantuvieran en el centro, que bascularan lo menos posible, y que se pegaran a Pepe y a Ramos para cerrar espacios por delante de la defensa. Fue un trivote análogo al de Valencia solo que más compacto, menos flexible, y con un solo elemento liberado.

El único jugador con permiso para descolgarse fue Özil pero al mismo tiempo Mourinho le encomendó tres funciones defensivas. Primero, acompañar a Benzema cuando subiera a presionar la salida de Piqué y Busquets; segundo, acudir a las dos bandas en auxilio de Cristiano y Di María cuando hicieran la presión sobre sus respectivos laterales; y tercero, replegarse hasta incrustarse entre Lass y Xabi, junto a los centrales, cuando el Barça se hiciera con el control del balón.

Özil es reconocido por sus compañeros como el futbolista más creativo y habilidoso de la plantilla pero nadie le considera un talento atlético. Para correr sin descanso el más dotado es Khedira. Khedira, un fondista con registros extraordinarios, era el hombre que quería poner Mourinho contra el Barça. Pero, según fuentes del club, su instinto político, y el deseo mayoritario de la plantilla, le persuadió de decantarse por Özil. Fue la concesión. Pero a cambio, le cargó de tantas misiones tácticas que Özil acabó por consumirse sin oxígeno. El media punta debió cubrir demasiado campo y tuvo poco el balón porque, entre otras cosas, el entrenador hizo hincapié en acabar las jugadas lo más rápido posible. Un factor acentuó el déficit de posesión, según los jugadores: Mourinho prohibió a Coentrão que subiera y limitó a las incursiones de Marcelo. Quería defender con seis atrás sin descomponerse. Seis más Özil en la primera parte. En la segunda parte, todos atrás.

El plan se desintegró exactamente cuando Messi provocó el 1-1. El argentino hizo todo aquello que Mourinho había intentado evitar con su trivote: se escapó de Özil, sorteó la entrada de Xabi, y desconcertó a Lass y a Sergio Ramos antes de dar el último pase a Alexis.

Tras el partido, el técnico culpó a sus jugadores. En el vestuario dicen que Xabi y Özil se sintieron señalados. "No me ha gustado el primer gol porque ha sido igual a otros que hemos sufrido contra el Barcelona", lamentó Mourinho. "Si un jugador mío va a un balón dividido al 50-50 el balón tiene que quedarse ahí. Mi centrocampista hace que mete el pie y saca el pie y a partir de ahí se desarrolla una jugada que es típica de nuestro adversario. Si tú tienes agresividad mental esas cosas no pasan".

Mientras tanto, Lionel Messi hace cruces en sus botas: una por cada trivote demolido.

José Mourinho, ayer en Valdebebas.
José Mourinho, ayer en Valdebebas.SERGIO BARRENECHEA (EFE)

Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS