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Crítica:CIRCO

Un atlas del cuerpo humano

El circo es el gran atlas del cuerpo humano en acción. En esta era donde el tiempo se nos escurre entre pantallas y redes sociales virtuales, los artistas circenses nos recuerdan que el cuerpo hay que moverlo: a ver quién es el guapo que les quita a ellos lo bailao. En el circo se escriben poemas épicos con versos de arte menor, se huele el peligro en el vuelo de los trapecistas y se ve la música sutil de las alambristas. Es el arte sinestésico por excelencia.

El nuevo programa navideño del Price le da cuartelillo a los cinco sentidos. Leandre Ribera, su conductor, payaso excéntrico, lo lleva con mucha gracia. Su discreta omnipresencia es un hilo que cose números disímiles, bien escogidos, alguno de ellos con un buen pellizco de riesgo. El que abre la tarde derrocha vitalidad y un ritmo vacilón, sostenido de maravilla por la orquesta de Germán Díaz Guerrero. Se trata de una serie de saltos sobre la barra rusa, ejecutados con difícil facilidad por los jóvenes de la Compañía Havana, ganadores la semana pasada del Premio del Público del Festival de Grenoble, y en agosto, del Primer Premio del Festival Circuba. Van sobrados, en el buen sentido, e incluso da gusto ver cómo uno de ellos marra el aterrizaje de un triple salto mortal, porque su compañero le empuja a intentarlo de nuevo, él se pica y la fiesta se prolonga hasta que lo consigue de manera impecable.

PRICE EN NAVIDAD

Dirección artística; Leandre Ribera. Puesta en pista: Alessandro Serena. Escenografía: Rafa Garrigós Dirección musical: Germán Díaz Guerrero. Teatro Circo Price. Hasta el 15 de enero.

Impresionantes de veras los equilibrios del Dúo Guerrero sobre el cable, a siete u ocho metros sobre la pista y sin red. Ella, una funámbula con voz bonita y poderosa, sube alambre arriba cantando y cruza el vacío mientras su pareja baila desatado el "tiqui tiqui" y salta por encima de ella como si fuera coser y cantar. El riesgo, que se mascaba, se materializa al caer él al vacío (abajo, unas colchonetas limitan la posibilidad de sufrir daños mayores). Menos mal que consiguió agarrarse con una sola mano en el último instante, para, a lo Tarzán, ganar la plataforma y proseguir su viaje donde lo dejaron.

Del número de Graziella Galán, que ya conocía, me sorprendieron sus malabares en posición imposible: sale caminando cabeza abajo por el techo del Price, como antípoda por su casa. A The Flying Nikolaeva, trapecistas volantes, este edificio tan grande casi se les queda chico: da placer ver sus vuelos tan de cerca, y especialmente el triple mortal que cierra su actuación. Gustoso y preciso, el número de cama elástica de los brasileños Olimecha Family. El diábolo es al circo lo que el ajedrez al deporte: un juego inteligente, pero poco agradecido. Tempei Arakawa hace evolucionar dos diábolos en una sola cuerda. La Troupe Acrobática Hebei cierra la función con un bello y delicado número de equilibrios con tazas y contorsiones, que nos hace reflexionar sobre si el camino que sus ejecutoras, todas niñas, han seguido hasta alcanzar esa maestría es apropiado para tan temprana edad. El carillón humano de la compañía catalana La Tal imprime unidad estética al conjunto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de diciembre de 2011