Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Atraco

Los ricos siempre han podido permitirse el lujo de ser elegantes. La caridad, la generosidad, y hasta la condescendencia con los pobres, quedan bien y salen gratis. Pero los parias no tienen más patrimonio que la rabia, porque su miseria es fruto de la codicia de quienes tienen más y nunca tienen bastante. Por eso, suelen hacer papeles feos, que encarnan el rencor, la torpeza, el egoísmo. Ese es el papel que yo voy a representar aquí, pero antes les voy a explicar por qué.

Si mi voto valiera lo mismo que el de Sáenz de Santamaría, analizaría mi victoria con la preocupación de constatar que, después de haberles mentido tanto, los ciudadanos ya saben que a los mercados les importa un bledo que gobierne o no Mariano. Si mi voto valiera lo mismo que el de Duran i Lleida, celebraría la astucia de los míos, que apenas han esperado unas horas para imponer los recortes que han ocultado durante la campaña. Si mi voto valiera lo mismo que el de Martín Garitano, afrontaría el futuro con optimismo. Si mi voto valiera lo mismo que el de Josu Erkoreka, me sentiría, al menos, salvada por la campana. Si mi voto valiera lo mismo que el de Rubalcaba, estaría aterrada, lo confieso, ante el panorama de un congreso ordinario que consolidara el liderazgo de los grandes perdedores de la historia del PSOE ante el horizonte de la representación parlamentaria más endeble desde 1977.

Todo eso haría yo si mi voto valiera lo mismo que el de los demás, y quedaría como una señora, pero no me lo puedo permitir. Los parias, ya se sabe, somos rencorosos, torpes, egoístas, y la papeleta de IU que yo meto en la urna, siempre vale menos que otras. Esta vez, por ejemplo, ni siquiera la tercera parte de lo que ha valido una papeleta de Amaiur. Así, me permitirán que condense mi análisis del resultado del 20-N en una sola frase: la ley electoral es un atraco.

Sobre la firma

Almudena Grandes

Nació en Madrid en 1960. Escritora y columnista, publicó su primera novela en 1989. Desde entonces, agradece la libertad que le dan sus lectores y la oportunidad de mantener el contacto con ellos a través de los libros y de las páginas del diario EL PAÍS. En 2018 recibió el Premio Nacional de Narrativa.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción