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Hernán Sabaté, la voz de James Ellroy en español

El traductor murió antes de recoger el prestigioso Premio Esther Benítez

El martes 22 de noviembre iba a ser un día muy especial para Hernán Sabaté (Barcelona, 1953): junto con Montserrat Gurguí, su compañera de viaje en la aventura de dar voz en castellano a escritores en lengua inglesa, iba a recibir en Barcelona el VI Premio Esther Benítez por su traducción de la novela de James Ellroy Sangre vagabunda. A Hernán, que con los años había llegado a convertirse en amigo personal del escritor estadounidense, este premio le hacía especial ilusión porque quienes se lo otorgaban eran sus propios colegas de profesión, cuyo respeto y admiración se había ganado a golpes de profesionalidad, talento, pasión y audacia. Hay que ser muy audaz -y un gran profesional- para atreverse a hincarle el diente a un autor tan difícil como Ellroy. Y Hernán se atrevió no una o dos veces, sino 12. Un tormento y un goce que solo quienes han hecho de los libros su pasión y de la traducción su oficio pueden llegar a comprender.

Hernán era uno de los pocos traductores literarios que conozco que vivía exclusivamente de la traducción. Empezó a traducir libros en 1976. "Me gustaba leer y se me daba bien el inglés, así que me pareció buena idea", explicó en una entrevista. Una decisión acertada de la que nos hemos beneficiado los miles de lectores que a lo largo de 35 años hemos podido disfrutar de sus magníficas traducciones de autores tan populares como Stephen King, Anne Rice, Arthur C. Clarke, Nadine Gordimer, Ken Follet, Patricia Cornwell o John Connolly, por citar solo algunos nombres. En 1996, tras dos décadas traduciendo en solitario, Hernán decidió dar un ligero cambio de rumbo en su carrera y le propuso a Montserrat Gurguí traducir un libro a cuatro manos. La experiencia de poder compartir dudas y soluciones de traducción les resultó a ambos tan estimulante que desde entonces decidieron trabajar al alimón.

A Hernán le encantaba escuchar música, viajar y descubrir nuevos paisajes. También le encantaba la ciudad que lo vio nacer y de la que solo escapaba para poder regresar. En ella se apagó su vida el pasado día 15 a los 58 años, poco antes de que sus colegas de ACE Traductores pudiéramos entregarle el merecido galardón. No importa: Hernán sabía que contaba con nuestra admiración y cariño. Hacía años que luchaba contra el cáncer con la misma valentía, buen humor y serenidad con los que acometía su trabajo. De su generosidad y su pasión por la vida hemos sido testigos sus colegas, sus amigos, su familia, sus sobrinos, su esposa Pilar. Y lo han sido y lo seguirán siendo sus lectores, porque la voz de Hernán Sabaté, en las miles y miles de páginas de los cerca de 200 libros que tradujo a lo largo de su carrera, no se ha apagado.

Teresa Solana, escritora y traductora, fue directora de la Casa del Traductor.

El traductor Hernán Sabaté.
El traductor Hernán Sabaté.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 28 de noviembre de 2011.

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