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El 15-M sigue en el tajo

El movimiento, menos visible, lleva a la práctica sus iniciativas

Es probable que quien durante los últimos días haya paseado por la plaza del Ayuntamiento de Valencia y compare la calma que se respira ahora con el estado de ebullición que se percibía la víspera de las elecciones autonómicas del mes de mayo llegue a la conclusión de que el 15-M ha desparecido.

Es un hecho que el movimiento ha perdido visibilidad. Y que no hay rastro de la efervescencia que transmitían las multitudinarias protestas y las interminables asambleas de hace seis meses. O de las tiendas de campaña y talleres que ocuparon la plaza. Pero como apuntan algunas de las personas vinculadas al 15-M, todo ello no quiere decir que el movimiento esté desaparecido o parado. Todo lo contrario.

"No solo de protestas vive el movimiento", dice una activista

Uno de los proyectos más ambiciosos es la cooperativa integral

Ayer, jornada de reflexión, volvieron a juntarse en la plaza de Valencia

"En las elecciones anteriores la gente tenía ganas de protestar, de salir a la calle y expresar su indignación", apunta Matilde Cano, miembro del 15-M e integrante de la comisión de acción de la acampada de Valencia. "Las protestas responden a momentos puntuales, pero no solo de protestas vive el movimiento", apunta. Y ahora, los indignados "están metidos de lleno en un trabajo de fondo". Quizás no sea tan visible como las protestas, pero responde directamente a uno de los principales reproches que se planteó al movimiento: la falta de medidas concretas e iniciativas con las que canalizar la indignación.

Esta nueva etapa del 15-M no supone que se abandonen las acciones directas. Sin ir más lejos, Matilde, enfermera y estudiante de Derecho de 37 años, acudió al mitin que Mariano Rajoy dio en Valencia, donde, junto con otros compañeros, desplegó una pancarta en la que reclamaban "menos fórmula 1, más colegios". Otros compañeros hicieron lo mismo en el mitin de Alfredo Pérez Rubalcaba, en este caso con el lema "la corrupción no nos representa, PP y PSOE".

Durante la campaña electoral se han llevado adelante otras iniciativas como una acampada en la Facultad de Historia por la educación pública de calidad, una mesa redonda por el derecho a la vivienda o acciones consistentes en devolver a los partidos la propaganda electoral que reparten. Sin olvidar la protesta que integrantes de la Koordinadora de Kolectivos del Parke Alkosa mantiene en la plaza del Ayuntamiento de Valencia para denunciar los 400.000 euros que les deben la Generalitat y el Gobierno municipal de Alfafar en ayudas sociales.

Sin embargo, la prioridad del 15-M está centrada en dotar de solidez al movimiento y en llenar de contenido, tanto teórico como práctico, a las distintas comisiones surgidas de la acampada. Existe un grupo de trabajo denominado Sesiones de Información Pública, que ofrece ciclos de charlas y conferencias sobre el sistema político actual y sus alternativas, abierto a asociaciones de amas de casa, asociaciones vecinales o asambleas de barrio. La comisión de libre movilidad humana trabaja sobre el cierre de los centros de internamiento de extranjeros. La asamblea de Russafa del 15-M colabora con juntas vecinales con el objetivo de mejorar la participación ciudadana. Aunque, quizás, una de las comisiones más activas sea la de agroecología.

En ella colaboran, entre otros, Natxo Serra, un técnico en medio ambiente ligado a los movimientos sociales a lo largo de los últimos 16 años, y Rafael Granell, que trabaja en el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias.

De esta comisión dependen varios grupos de trabajo. Uno de ellos colabora con mujeres africanas en riesgo de exclusión, a quienes han enseñado a cultivar de forma ecológica. Unas 50 familias cuentan con huertos de subsistencia en Paterna gracias a esta iniciativa.

Otro de los proyectos consiste en dar forma a la Cooperativa Integral Valenciana (www.cooperativaintegralvalenciana.es). La idea consiste en llegar a crear una estructura que atienda a las necesidades de las personas "sin estar dentro del sistema capitalista, una especie de alternativa al sistema", comenta Rafael. Esta apuesta por una economía alternativa tiene por objeto la creación de nodos en barrios, pueblos, universidades agrupados en lo que denominan grupos de consumo. Cada uno de ellos establece sus necesidades (comida, productos perecederos, limpieza...) se agrupan y compran en común siguiendo determinados criterios (productos de cercanía, ecológicos, que favorezcan la justicia social, respetando la soberanía alimentaria, evitando intermediarios...). Entre todos se decide a quién se compra y cómo se compra. El objetivo final consiste en crear lazos sociales "y relaciones humanas que han desaparecido por el mundo del consumo".

Ya existen algunos de estos grupos funcionando, como el del Camino de Vera de Valencia, que cuenta con unas 30 unidades familiares, o el en Camp de Morvedre, donde el 15-M ha sido muy activo. Allí 80 familias se proveen de productos gracias a huertas de hortalizas. "Todos cultivan y se reparten los productos en función de las necesidades de cada grupo familiar", comenta Natxo.

"Estamos convirtiendo en algo práctico las propuestas surgidas en los debates", añade. Es a lo que se refería Matilde cuando decía que a veces hay que tomar la calle y otras trabajar. "Hay que elaborar alternativas para cuando la situación empeore", añade esta enfermera. Y en ello están.

Ayer, jornada de reflexión, un grupo de indignados se juntó en la plaza del Ayuntamiento de Valencia a pesar del mal tiempo. No entendían la decisión de la Junta Electoral Central de que los presidentes de mesa no recojan sus protestas en acta. "No se cansan [los partidos políticos] de decir que perdemos fuerza pero se han apropiado de algunas de nuestras demandas", añade Juan de 27 años, guionista de profesión y en estos momentos en paro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de noviembre de 2011