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Análisis:EL ACENTO

Las cuentas de Thatcher

Los primeros ministros británicos están habilitados para reclamar al Tesoro el reembolso de cantidades considerables, en concepto de gastos sufragados de su bolsillo, una vez que han concluido en el desempeño del cargo. El fondo fue creado en 1991 por el premier conservador John Major, quien ya se ha servido del mismo. Pero quien ha obtenido una suma mayor ha sido la primera ministra, también conservadora, Margaret Thatcher, que desde 2006 ha sacado de la caja oficial 535.000 libras (unos 600.000 euros), lo que se compara con el propio Major, su sucesor, al que le han resarcido por valor de 490.000 libras, y Tony Blair, neolaborista, 273.000 libras, de las que casi 170.000 correspondían al periodo 2008-2009, una cantidad superior a su salario como primer ministro en ese tiempo. Los últimos jefes de Gobierno británicos han percibido por esta causa 1,7 millones de libras esterlinas (más de dos millones de euros).

Margaret Thatcher, la antigua dama de hierro, aunque más bien sería hoy de algún metal precioso, gobernó Reino Unido de 1979 a 1990, y siempre ha tenido muy claro todo lo referente a las finanzas, como demostró en una reunión de la CE, en

la que espetó a sus colegas: "I want my money back" ("Quiero que me devuelvan mi dinero"), que era lo que, al parecer, había pagado de más su país en derramas comunitarias. Y lo obtuvo, con lo que su aura de personaje de Dickens debió quedar inmortalizada para siempre. La de la hija del tendero de Grafton, en las antípodas de otro primer ministro de

su país, sir Alec Douglas-Home, que en las reuniones de Gabinete se ayudaba de mondadientes estratégicamente distribuidos sobre una mesa para hacer operaciones aritméticas. Hay que decir, sin embargo, que para que reembolsen hay que presentar los recibos, como en las empresas más serias.

Pero todo ello es mejor que el expeditivo procedimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba que, tras una victoriosa campaña en Italia contra tropas francesas, presentó a los Reyes Católicos unas cuentas que se conocen desde entonces como

las cuentas del Gran Capitán.

Y sin recibos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de noviembre de 2011