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Un disparo de la insurgencia mata a un militar español en Afganistán

El fallecido llevaba chaleco antibalas, pero el proyectil se coló por un hueco

La suerte, que tantas veces ha salvado la vida a los soldados españoles en Afganistán, les abandonó ayer. El sargento primero Joaquín Moya Espejo, de 35 años, falleció a primera hora de la tarde tras recibir un disparo de arma ligera realizado "desde una posición lejana" por un grupo de insurgentes que hostigaron a la unidad de la que formaba parte. Según el Ministerio de Defensa, el fallecido llevaba puesto su chaleco antibalas -en realidad, un chaleco antifragmentos reforzado con placas de cerámica-, por lo que el proyectil debió entrar por zonas no protegidas (el hombro o el costado) y le alcanzó en el tórax. Un helicóptero estadounidense le evacuó al hospital Role 2 -equipado para intervenciones quirúrgicas- de Bala Murghab, pero entró en parada cardiorrespiratoria durante el vuelo y los facultativos solo pudieron certificar su fallecimiento. Joaquín Moya Espejo, natural de Córdoba, estaba destinado en el Regimiento de Infantería Garellano 45, con sede en Vitoria, y deja un hijo. Con esta muerte se eleva a 97 el número de militares españoles (además de un traductor) que han perdido la vida desde que España inició en 2002 el despliegue en Afganistán.

El ataque se produjo en un valle bajo control de talibanes y contrabandistas

Dos distritos de la 'provincia española' pasarán a manos de Kabul antes de junio

El fallecido formaba parte del Equipo Operativo de Asesoramiento y Enlace (OMLT), que se encarga de la instrucción de uno de los dos batallones de la brigada del Nuevo Ejército Afgano (ANA) que se está constituyendo en la provincia de Badghis, bajo responsabilidad española. El ataque se produjo a menos de cinco kilómetros al noroeste de Ludina, donde tiene su base un destacamento avanzado del Ejército español. Los miembros de la OMLT se encontraban en una loma, supervisando el despliegue de los efectivos del ANA y españoles por el valle que conduce a la frontera de Turkmenistán, una zona infestada de insurgentes y contrabandistas.

Desde una colina situada a una distancia de entre 500 y 1.000 metros recibieron varios disparos de armas ligeras; probablemente fusiles Kalashnikov, a falta de lo que determinen las pruebas balísticas. Un equipo español de tiradores de precisión, que protegía el avance de las tropas afganas y españolas por el valle, respondió al fuego, pero no pudo evitar que Joaquín Moya resultara mortalmente herido. El fallecido llevaba puesto el chaleco antifragmentos (reforzado dos placas de cerámica de 30 por 25 centímetros en la parte frontal y posterior y otras dos de 15 por 15 en los laterales), que debía ser suficiente para un disparo de arma ligera a gran distancia. A la espera del resultado de la autopsia, todo apunta a que el proyectil se coló por el hueco del hombro o el costado.

Los militares españoles presentes en el lugar del hostigamiento -algo más de un centenar- respondieron al fuego de los insurgentes y pidieron apoyo aéreo a la OTAN, pero cuando llegaron dos F-16 los agresores ya se habían dado a la fuga.

España tiene en la actualidad casi 1.500 soldados en Afganistán. Unos 170 están encuadrados en cinco OMLT, que se encargan de instruir a un cuartel general de brigada, dos batallones de Infantería, una unidad de cuartel y otra de servicios de apoyo al combate del Ejército afgano. Todos los OMLT -salvo el último, que todavía permanece en Herat- están ya en la provincia de Badghis.

Los OMLT son un elemento clave en la estrategia de la OTAN, ya que su objetivo es acelerar la formación del Ejército afgano para permitir que el grueso de las tropas extranjeras pueda salir del país en 2014, según lo previsto.

El proceso de transición se inició en julio pasado, con el traspaso a las autoridades de Kabul de las competencias sobre la seguridad en siete áreas del país; entre ellas, la capital y la ciudad de Herat. Estaba previsto que en la conferencia celebrada la semana pasada en Estambul (Turquía) se anunciaran los nombres de otras 17 áreas que pasarán a manos de las autoridades afganas en los primeros meses del año próximo, pero el presidente Hamid Karzai decidió posponer el anuncio hasta la reunión de la Loja Jirga (Parlamento afgano), prevista para mediados de este mes.

Fuentes diplomáticas han confirmado que, a falta del anuncio oficial, la lista incluirá, por vez primera, dos distritos bajo responsabilidad española: el de Qala-i-Naw (que incluye la capital provincial) y el de Ab Kamari. Los restantes distritos tendrán que seguir esperando a que se garantice la seguridad por las dos rutas que surcan la provincia de norte a sur (la Lithium y la Ring Road), lo que aún está lejos de haberse logrado.

El Gobierno ha anunciado que el 10% de los soldados españoles regresará a casa antes de julio del año próximo, y hasta el 40% en el primer semestre de 2012, de forma que la retirada completa se producirá en 2014. El PP ya ha advertido, no obstante, de que si gana las elecciones del 20-N revisará estos planes.

La misión en Afganistán es la más costosa en vidas humanas de cuantas afrontan las Fuerzas Armadas españolas. Un total de 97 militares y un intérprete han perdido la vida desde que se inició el despliegue en 2002. La mayor parte han muerto en los accidentes aéreos del Yak-42 y el Cougar (79 víctimas en total), pero también en atentados con artefactos explosivos (12) y por arma de fuego (cuatro). El último ataque con bajas mortales se produjo el pasado 26 de junio, cuando la soldado Niyireth Pineda y el sargento Manuel Argudín perdieron la vida por la explosión de una mina. Afganistán es también la misión más onerosa económicamente, con un coste de un millón de euros al día.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, interrumpió ayer sus actos electorales para viajar a Afganistán con el jefe de la cúpula militar y acelerar la repatriación del cadáver del sargento primero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 2011

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