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Reportaje:MUNDIAL DE MOTOCICLISMO | Gran Premio de Valencia

El chico que no se divertía en la moto

Stefan Bradl, que será campeón de Moto2 en ausencia de Márquez, dejó el Mundial con 17 años porque no soportaba estar alejado de su familia

Si le preguntas a Stefan Bradl (Augsburgo, Alemania; 21 años) por el mejor recuerdo que guarda de su infancia se remonta al verano de sus 13 años: se encontró una minimoto abandonada enfrente de su casa y pasó los días, junto a un amigo, reconstruyéndola para, luego, dar vueltas y más vueltas con ella, tratando de imitar a papá, Helmut Bradl, campeón de 250cc en 1991. Dos años después de aquello empezaba a asomar su cabeza por el Mundial de motociclismo, con unas cuantas apariciones esporádicas a lomos de una KTM de 125cc; y otros dos años más tarde Alberto Puig le echaba el ojo para que se formara en la Red Bull MotoGP Academy, pero el campeonato, demasiado rígido para él, demasiado exigente, y aquella academia que le alejaba de su familia y le obligaba a convertirse de repente en un hombrecito, se le hizo grande. Y buscó cobijo en casa, junto a sus padres. Y encontró acomodo también en el campeonato español de velocidad, en un ambiente más tranquilo. Era el año 2007 y Bradl ganó el título nacional de 125cc. Hoy, está a un paso de ganar otro, el del Mundial de Moto2.

"No era capaz de disfrutar y no quería seguir así. Maduré de golpe", dice el piloto

"Era un niño y no tenía carácter para vivir un régimen casi militar", explica su mentor

Este curso ganó cuatro de las seis primeras carreras hasta que Márquez cogió el hilo

Si corre, el español necesitaría ganar y que el líder no acabara entre los 13 primeros

La suya es una historia de superación. La del niño que no se lo pasaba bien corriendo. Hasta que empezó a hacerlo, otra vez, convertido en un jovencito con facultades e inteligencia en la pista. "Fueron unos momentos duros, no era capaz de disfrutar las carreras. Vi que no era así como quería seguir. Maduré de golpe", dice. "Los hay que pueden pensar que no era bastante fuerte para soportar la presión en el Mundial; quizás es así. Yo opino que su fortaleza la demostró al decidir parar y dejarlo todo, volver a casa. Era un niño y no tenía el carácter suficiente para estar tantos meses separado de su familia; en alguna ocasión me ha explicado que sentía vivir casi en un régimen militar. Aquello no era divertido, solo trabajo. Solo tenía 17 años...", recuerda su jefe de equipo, Stefan Kiefer, de la mano de quien regresó al Mundial, superados sus miedos, al año siguiente. "Cuando surgió una nueva oportunidad, volví, me sentí feliz, y llegaron los resultados y el éxito fácilmente", explica él, que pasó de sentir que aquello de pilotar no era lo suyo a firmar seis podios (dos victorias incluidas) ya en 2008.

El año pasado, el de su estreno en Moto2, se apuntó una victoria. Y este pareció que nadie le haría sombra (ganó cuatro de las seis primeras carreras) hasta que Marc Márquez le cogió el hilo a la categoría (el alemán no ha ganado ninguna carrera más; el español, siete). Pero los ceros iniciales y los problemas de visión del de Cervera (Lleida), que ayer confesó que sigue esperando un milagro que le permita correr este fin de semana, allanan el camino a Bradl, que será virtual campeón en el momento en que Márquez no participe en la sesión de clasificación de este sábado, pues en su ausencia ni siquiera necesitaría ganar la última carrera del año, este domingo en Cheste; mientras que si este corre necesitaría ganar y que el líder no se clasificara entre los 13 primeros. Dice Bradl que la lluvia intermitente que estos días cae sobre el circuito de Cheste no ha desmontado sus planes para la carrera: "Estoy confiado, estamos preparados tanto para correr en seco como en mojado". No tiene una estrategia clara para el domingo porque esta depende, asegura, de si Márquez corre o no el domingo, lo que le gustaría, pues "ganar el título con él en la pista siempre sería mejor". Su objetivo, liberado de la presión de las últimas carreras, tras los 20 puntos que le recortó a su rival en Malasia -donde el español tuvo que ver la carrera sentado en una silla del box-, es el podio.

Lo dice con la tranquilidad que le caracteriza, "menos nervioso" de lo que lo estaría si Márquez estuviera en plenas facultades. "Es un chico muy calmado e inteligente. Piensa mucho encima de la moto, piensa a todas horas, por eso no suele caerse en las carreras", explica Kiefer, que lleva ya cuatro años junto al chico, el más regular de la categoría, con un solo cero, en Holanda. En este tiempo "se ha hecho mayor, ha aprendido mucho, es capaz de decirnos exactamente qué pasa ahí fuera, lo que hace mucho más fácil nuestro trabajo de puesta a punto de la moto". El germano, en un equipo mayoritariamente integrado por alemanes y en el que se habla alemán, que ahora sí puede tener cerca a su padre cada día, ha vuelto a encontrar la paz en familia. "Estoy orgulloso de mí mismo", zanja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de noviembre de 2011