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Entrevista:IÑAKI GALDOS | Expresidente de Hamaikabat

"Batasuna ha transformado una derrota política en un triunfo electoral"

San Sebastián
Iñaki Galdos (Oñati, 1966) abandonó la primera línea de la política vasca tras los malos resultados electorales de Hamaikabat en las municipales y forales de mayo pasado. Se afilió a EA en 1995 y presidió este partido en Gipuzkoa a partir de 2001. Fue diputado de Deportes y Acción Exterior (2007 y 2011) y en 2009 dejó EA para fundar Hamaikabat, que ahora se ha convertido en una plataforma.

Iñaki Galdos tiene entre manos proyectos relacionados con la política y los medios de comunicación, y "con la Euskal Herria del futuro", en definitiva.

Pregunta. ¿Ha tenido tiempo de digerir su nueva situación?

Respuesta. Estar en el otro lado de la barricada permite abordar la política con más sosiego.

P. ¿Cómo observa el panorama político?

R. Con gran preocupación. La izquierda abertzale, con habilidad, está consiguiendo que su agenda lo acapare todo frente a la pasividad del resto. Con inteligencia, ha sabido transformar una gran derrota política en un triunfo electoral que al parecer no va a menguar el 20-N.

P. ¿Por qué se da esa pasividad en la esfera política y social?

R. Todo gira en torno a la izquierda abertzale. Los comunicados de ETA y los mensajes por entregas de Batasuna están marcando el ritmo. Se están instaurando en el pensamiento colectivo ideas que nadie se atreve a discutir.

"La actuación de Bildu en las instituciones es un gran fiasco"

"Uno de los pecados del nacionalismo fue renegar del Estatuto de Gernika"

P. Por ejemplo.

R. Ahora es políticamente correcto hablar de una paz sin vencedores ni vencidos. Muy pocos lo discuten, y menos desde el nacionalismo. Si existen unas estrategias que deben ser derrotadas, se convendrá en que las personas y colectivos que han impulsado o apoyado esas estrategias algo de derrotados tendrán. Otro tanto sucede con los verificadores. Es saludable que exista gente dispuesta a ayudar, pero no hay verificación posible si no hay una autorización institucional expresa. Tanto Brian Currin como los últimos verificadores solo tienen la legitimidad de una de las partes.

P. ¿Cómo debe culminar el proceso de paz?

R. Siempre he abogado por el liderazgo institucional. Cuando el próximo Parlamento vasco sea fiel reflejo de la sociedad, las instituciones deberían poner en marcha el proceso de diálogo.

P. ¿Coincide en que el final de ETA está cerca?

R. El final de ETA está cerca, pero me preocupa que se imponga en parte de la sociedad vasca un relato falso sobre lo que ha supuesto la banda terrorista. Se habla muy poco de que ETA está siendo derrotada por la sociedad vasca y por la acción policial.

P. ¿Se pone más el foco en los presos que en las víctimas?

R. No se debe aplicar una política penitenciaria en función de coyunturas políticas. Desde una defensa radical de la democracia, la actual política penitenciaria es criticable, haga ETA lo que haga. Lo mismo ocurre con la detención de Otegi, la sentencia de Bateragune o la ilegalización de Sortu. El problema de los presos necesita una solución, pero el reconocimiento del dolor causado a las víctimas es más que necesario.

P. ¿Y el papel del lehendakari?

R. Es consciente de que el liderazgo lo lleva la izquierda abertzale. Es rehén del PP y no tiene mucho margen de actuación. Le ha faltado valentía.

P. ¿Y la llegada de Bildu a las instituciones?

R. Gran parte de la sociedad asiste con desconcierto a la inacción e inoperancia de Bildu. Veo con perplejidad cómo se están desdiciendo de muchas cosas. Que mantengan la bandera española con el argumento de que la ley les obliga me retrotrae a los años durísimos en los que se quemaban autobuses, contenedores, se boicoteaban las fiestas y había heridos y detenciones. Y de la acción de gobierno, solo sabemos que están pensando y reflexionando. Todo es un gran fiasco. La ciudadanía está siendo condescendiente. Las manifestaciones casi diarias han desaparecido cuando los problemas persisten. La juventud contestataria ha dejado de movilizarse. Hay miedo y excesivo respecto a Bildu.

P. EA acertó con el caballo ganador al ingresar en Bildu.

R. Cuando alertamos de la deriva soberanista de EA se nos criticó durísimamente. El tiempo nos ha dado la razón. Nosotros defendíamos, para apoyar una coalición con el PNV, que no había sitio electoral para una tercera fuerza entre el PNV y Batasuna. Nos saltaban al cuello. Ahora, con esta fusión EA-izquierda abertzale nos vuelve a dar la razón.

P. ¿El PNV ha acabado por asumir su nuevo papel?

R. El PNV debe aprovechar esta circunstancia para hacer una reflexión importante sobre su futuro, como hizo Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) tras la pérdida de la Generalitat. Artur Mas lideró un proceso denominado "la casa grande del catalanismo", una reflexión interna y una renovación generacional que le ha devuelto a la Generalitat y a numerosos ayuntamientos, como el de Barcelona. Lo que no puede hacer el PNV es asumir el discurso de la izquierda abertzale. Uno de los pecados históricos del nacionalismo institucional fue, hace más de una década, renegar del Estatuto de Gernika. Aquel gran error le ha traído este lío al PNV.

P. ¿Por qué fracasó la coalición PNV-Hamaikabat?

R. Ni Hamaikabat estaba en condiciones de pedir al PNV un trato de tú a tú, ni el PNV de Gipuzkoa podía despreciarnos. En esto sí, el PNV de Gipuzkoa debió mirar más al espejo de la izquierda abertzale, que acogió por mero oportunismo y necesidad a partidos menores que Hamaikabat.

P. ¿Le apetece volver?

R. En la política se puede estar de muchas maneras. Yo leía a José Antonio Agirre cuando tenía 14 años y la política la llevo en la sangre. En la política hay hueco para la reflexión.

P. ¿Qué va a votar el 20-N?

R. Es evidente que votaré al PNV. Esa es mi opción. Yo quería que EA fuese un partido en alianza permanente con el PNV, y lo mismo Hamaikabat. Desaparecida esa opción, mi voto irá al PNV.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2011