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Tribuna:PRIMER PLANO

Steve, el Magnífico

Un escalofrío recorre mi espalda cuando veo a Steve Jobs. Es como si viniera el jefe, pero no un jefe normal, sino uno de esos que dicen que existen, que no solo mandan, sino que aportan.

Si algo define a Jobs es su capacidad de inspirar a millones de personas. Una inspiración que se ha transformado en acción, que ha llevado a muchas personas a salir de sus casas y a querer hacer cosas. Una inspiración que ha provocado una auténtica movilización de la sociedad.

Podemos decir abiertamente que Steve Jobs ha sido el primer líder global. Ha sabido vender conceptos más que productos a través de una oferta única para todo el mundo, que no ha diferenciado ni razas ni procedencias ni sexos, ni ha tratado de buscar ventajas en acuerdos locales. Simplemente ha presentado una oferta al planeta.

Fue capaz de crear una filosofía, el mensaje de 'tú puedes' encarnado en religión para muchos

Vivimos en un mundo global, y Steve Jobs ha sabido jugar en él. Supo desarrollar un modelo de negocio sencillo para un mundo complejo. Todo ello a través de una fórmula mágica: mezcló y equilibró hardware, software y se inventó los complementos.

Si algo le caracterizaba era el pleno respeto por el talento. En todas sus creaciones está presente ese talento que reverenció, adoró y buscó constantemente. Trató siempre de conseguir un mundo diferente, pero también mejor, buscó la excelencia a través de la innovación y consiguió imponer su talento gracias a su obsesión por rodearse de los mejores.

Siempre supo reconocer a los grandes poseedores de talento, le encantaba trabajar con ellos y atraerlos a su compañía para hacerla mejor y más grande. Su manera de trabajar siempre fue muy abierta con quien él consideraba que tenía algo que aportar y cerrada con quien pensaba que era un "copión". Fue el azote de los copiones y nunca dudó en recordarlo.

Buscó siempre alianzas con quien consideró el futuro. Solo porque entendía que la nueva base es el conocimiento. Jobs no fue un tipo normal, fue un creyente: en él mismo, en el mundo, en la tecnología; pero también fue un déspota con la mediocridad y un intransigente con los vagos; los llamó de todo y nadie rechistó.

Steve Jobs nunca trabajó para la masa y, sin embargo, con sus obras llegó a la masa. Descubrió la mentalidad de diseño y lo elevó al estatus de religión, redefinió la experiencia de usuario de tal manera que la convirtió en lo que hoy buscamos los nuevos consumidores: no un producto simple, sino un ecosistema complejo donde ser tú mismo.

Quizá por lo que le costó conseguirlo, y una vez superados sus problemas emocionales, Jobs es un hombre que quiso dar amor, solo así puede entenderse la dedicación, el cuidado y el cariño que imprimió a sus proyectos y cómo incorporó a ellos a sus queridos usuarios.

De repente, los aparatos se usaron, y esta fue la razón por la cual muchos le respetamos; él siempre construyó cosas para ser usadas, y sus creaciones nos llevaron a entender que la tecnología no era solo imagen, sino algo útil.

Estamos en la era del conocimiento, que es el verdadero nuevo paradigma, y, dentro de esta, estamos en la primera edad, la edad del software. El conocimiento necesita de herramientas que canalicen y potencien el talento, este es nuestro nuevo mundo. Steve Jobs fue consciente de que estaba inventando las primeras herramientas de la nueva etapa humana, la palanca, la rueda... los elementos básicos para moverse en el nuevo mundo.

Steve Jobs ha sido un líder, porque Steve Jobs era un genio.

Una vez, leyendo a una catedrática de Barcelona que convivió con Dalí, Miró y Picasso, le preguntaron cómo supo que eran auténticos genios, y su respuesta fue rotunda: "Porque no había ninguna duda". Y este es el caso de Jobs.

Jobs fue capaz de crear una filosofía. Quizá lo más importante es que siempre fue consciente de que su insignificancia no era cierta, es la gran lección, levántate y busca tu futuro, eres humano, tienes talento y eso es todo lo que necesitas. El mensaje de "tú puedes" encarnado en Jobs es religión para muchos y es el eje central de por qué la sociedad del conocimiento es buena para el planeta, porque es la sociedad de las personas.

Estamos hablando del primer agente global, quien entendió la humanidad como un todo y se lo dio todo, pero no hay que olvidar que fue un emprendedor. Eso significa que durante esta carrera él corría otra mayor en su interior, la carrera entre su ego, su pasado y su futuro. Y la ganó.

En los museos del futuro quedará la imagen del iPhone como icono del siglo XXI al lado de una botella de Coca-Cola, icono del XX. Los dos definen la felicidad en sus respectivos tiempos.

Cada vez que se escuche a Jobs se verá que su visión del mundo pasaba por hacer cosas, por emprender, en casa y fuera de casa... por que aproveches tu vida, y tus capacidades.

Su imagen personal fue haciéndose pura y despojándose de todo artificio conforme lo hacía su mente.

Así llegó al final siendo brillante, eficiente y productivo. Llegó al final en su mejor momento, cuando era demoledor.

Unos meses después de presentar una más de sus invenciones, muchos competidores, tratando de recomponerse, pensaban que por fin veían la luz al final del túnel, cuando esa luz en realidad era un tren brillante y veloz que les iba a arrollar otra vez. Era Steve, el Magnífico.

Carlos Barrabés es presidente de Barrabes.biz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de octubre de 2011