Columna
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Hagan memoria

Vivimos tiempos de crisis del audiovisual, con muy malas noticias: por ejemplo, la incomprensible destitución de José Luis Rado, cuya gestión al frente de la Filmoteca Valenciana es ejemplar. Frente a sectarismos y decisiones arbitrarias, la creatividad acabará premiándose, nos decimos con optimismo e ilusión.

Optimismo. Por azar he podido ver antes de su estreno un documental valenciano. Es un film de gran calidad: trata del alzhéimer, dolencia a la que hoy se dedica el Día Internacional. El documental se titula Les veus de la memòria (2011), de Barret Films. Se estrena por todo lo alto en La 2, de Televisión Española, en el programa Documentos TV. Será el domingo 25 de septiembre a las 22.00; y hoy mismo también se pasa en versión original en la cadena autonómica.

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La película es de mucha actualidad por el mal que nos muestra, esa patología que creemos que no nos concierne. En España, sin ir más lejos, son más de 600.000 los ciudadanos que viven, malviven o sobreviven con este trastorno neurodegenerativo. Las taras y los síntomas resultan bien conocidos, por lo menos en sus primeras fases: el olvido de lo inmediato e incluso la pérdida progresiva de las funciones motoras. Para el enfermo, generalmente viejo, el resultado es devastador: el yo se disuelve, la identidad desaparece y la psicomotricidad, esa que nos permite emprender todo tipo de acciones, prácticamente se disipa.

En Les veus de la memòria hay ancianos de distintas edades y hay gente que aún no ha llegado a los sesenta años. ¿Qué se nos cuenta? El 26 de septiembre de 2010, un coro de enfermos de alzhéimer dio un concierto en el Palau de la Música de Valencia. El repertorio incluía canciones populares y otros ejercicios polifónicos. Emociona ver cómo cantan, cómo se esfuerzan por hacerlo bien: y lo hacen bien, dirigidos por Salvador Fito. En realidad, el documental es el relato de los meses que preceden, con esas clases de musicoterapia que incitan, que sacan del estupor a quienes sufren.

Y es también el retrato de una rutina. Con el Alzheimer se pierden los automatismos, los recursos funcionales; con la música se retienen recuerdos que hacen vivir: esas letras y esas músicas que avivan acontecimientos, que hacen rememorar impresiones. Lo remoto vuelve y la identidad se fija emocionalmente.

La película de Barret Films la protagonizan personas que se yerguen, que se incorporan para así sacudirse el aturdimiento, para salir bien elegantes en el rodaje, para entonar, para luchar contra el deterioro. Son mujeres y varones que probablemente jamás se habían planteado cantar. Ahora han perdido todas las vergüenzas, todos los pudores, y las melodías les animan. Y a mí me provocan congoja. Lo admito sin reparos.

De verdad, no se pierdan el pase. Hagan memoria.

http://justoserna.wordpress.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de septiembre de 2011.