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Alegoría de la vista

Ensayo. El historiador y crítico de arte rumano Victor Ieronim Stoichita plantea este ensayo, traducido por su mujer, la también ensayista Anna María Coderch, como una reivindicación de lo meta pictórico en cuanto discurso impulsor de la modernidad en el arte, es decir, de la reflexión de la propia obra en torno a sí misma antes que de la importancia de su representación. El pistoletazo, o brochazo de salida, de este fenómeno lo constituirá, como apunta Stoichita, "la imagen desdoblada" iniciada en la mitad del siglo XIV por el pintor holandés Pieter Aertsen, una pintura paradójica que presenta una naturaleza muerta conjuntamente con un "cuadro vivo", antagonismo entre lo sacro y lo profano, entre palabra y carne, y cuya originalidad reside en haber encuadrado el fuera de cuadro. Velázquez fue adepto de esta técnica que también influyó en Pieter Brueghel el Viejo, revolucionaria para su época, ya que podría decirse que fue precursora del primer plano, aunque acusada de herejía artística suscitó la destrucción de las obras de Aertsen por parte de grupos protestantes iconoclastas. El subtítulo de 'Arte, artífices y artificios en los orígenes de la pintura europea' de esta nueva edición, expandida a partir de una versión publicada por Ediciones del Serbal hace ya una década, anuncia su consagración al origen del cuadro, invención relativamente reciente, y a las relaciones entre arte y cuadro, curiosamente en un momento en que la reconversión de la imagen fija resulta notoria ante la progresión del arte audiovisual de los nuevos medios apoyado en las tecnologías digitales. En su reciente tratado Del arte analógico al arte digital, Donald Kúspit preconizaba la idea de que la técnica puntillista de Seurat en Una tarde de domingo en la Isla de La Grande Jatte de 1884 significaba "el prototipo de la retícula digitalizada de la pantalla de ordenador". Stoichita analiza con acierto los intentos de la imagen moderna por emanciparse de los límites del umbral que señalan los márgenes del marco, del encastre, de la ventana por la cual se admira el paisaje que luego se trasladará al espacio del cuadro, y que condujeron a discursos intertextuales como por ejemplo el atiborramiento combinatorio según el modelo del "cuadro en el cuadro", precursor del cine dentro del cine, afán ombliguista por ofrecer por parte de los pintores de principios del siglo XVII una mirada absoluta del imaginario pictórico pasado y presente, antecedente del llamado gabinete de coleccionista, de la galería y del museo, una sistematización que condujo de la curiosidad al cansancio del observador. Cuántas veces nos hemos preguntado las razones por las que nos atrae un cuadro, si es por aquello que nos muestra u oculta, si por su virtuosismo o su extravagancia. La invención del cuadro enfoca este dilema con exquisita erudición y reveladora maestría historiadora para deleite sensorial de lectores vinculados no ya a una hermenéutica elitista, sino a todo un amplio rango cultural.

La invención del cuadro. Arte, artífices y artificios en los orígenes de la pintura europea

Victor I. Stoichita

Traducción de Anna María Coderch

Cátedra. Madrid, 2011

506 páginas. 35 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 10 de septiembre de 2011.

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