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Prójimas anónimas

Soñadora húmeda

Hoy he soñado que me lo montaba con mi jefe. Como me está jodiendo todo el santo día, lo de pasar a mayores en el inconsciente nocturno era cuestión de tiempo. Lo peor es que ha sido un polvo de campeonato, no un aquí te pillo aquí te mato. Y ahora es pasar por su pecera y ahogarme viva del sofoco que me entra. Sueños húmedos los tenemos todas, la que diga que no, miente, pero si esto no es la erótica del poder que venga Freud y lo vea. Tienes que ver al prenda. Se cree muy guapo y muy listo, está harto de oírselo a su corte de esbirros, así va él de tieso por la oficina. Lo que no sabe es que le decimos Fukushima.

No solo porque se considera atómico, que también, sino porque esa es su nota en el Test del Fin del Mundo. El filtro al que las amigas sometemos a la nómina masculina. A ver si se creen que son los únicos que nos pasan revista. Ya lo dice Elena Salgado, con lo circunspecta que aparenta: hasta las madres de la patria hablan de trapos y tíos cuando se juntan. El Parlamento estará mal, pero el curro es un erial. Y eso que tenemos el listón bajo. No le hacemos ascos ni a solteros, ni a gais ni a casados. Si no, no habría quorum. El que tiene pelo en la cabeza y se ve los pies por encima de la tripa ya nos parece algo. Ellos pensarán igual de nosotras, pero no hablamos de eso.

En el top están los de siempre. Hombres con lo que hay que tener, no me preguntes qué. Un mando intermedio, algún mindundi, un becario italiano, cierto gerifalte y un gorila del gran jefe. Ellos lo saben, claro, y te lo hacen saber pasando de ti 100 pueblos. Luego vienen los del montón: ni frío ni calor. Y después los que son duda y hay que pasar por el test de rigor. Están los Letales: con ellos, ni muertas. Los Etílicos: si acaso, hartas de vino. Y los Radiactivos: solo en caso de catástrofe nuclear. No son categorías fijas, no somos tan rígidas. Depende del contexto. Del nivel de consciencia. Y del momento del ciclo. La última Navidad, una pija de gerencia se pasó con el ron y se lio con Vandellós 2.

Bien visto, Fukushima no está tan mal. Ahí lo tienes, autista severo con su iPad. Desde que les dieron un chisme de esos a cada miembro del staff están abducidos por la novedad. Ya puedes ir desnuda que ni te miran. Digo miembros porque no hay ni una tía. La que había está de baja. Rompió el techo de cristal a cabezazos y aún no se ha repuesto. Pero mi señorito tiene su gracia, no se me va de la cabeza. Igual hasta me lanzo. Total, según Nostradamus el mundo peta en 2012 y vamos a acabar en el mismo sitio. Del amor al odio hay un paso. Y viceversa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de agosto de 2011