Análisis:Zapatero abre la reforma de la ConstituciónAnálisis
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Gobernar hasta el final ante la crisis desbocada

Si algo quedó claro tras el debate de ayer fue que la situación económico-financiera en España sigue siendo de alto riesgo. No se explica de otro modo la decisión de última hora de José Luis Rodríguez Zapatero de promover una reforma de la Constitución para establecer un techo de gasto, cuando esta medida había sido desechada tiempo atrás por el propio presidente y por el candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo que sirvió, además, al líder de la oposición, Mariano Rajoy, para apuntarse el tanto, ya en precampaña electoral, de que él ya lo había reclamado con un año de antelación.

Ciertamente, ha sido una decisión de última hora, según se desprende del círculo de confianza de Zapatero. Rubalcaba le dio luz verde el lunes por la noche, una vez que Zapatero la había pactado con Rajoy. El ministro portavoz, José Blanco, ha admitido en privado que también la conoció el lunes, y el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, se enteró ayer.

El Ejecutivo ha interiorizado que no están superadas las turbulencias
Se trata de una decisión de última hora para calmar a los mercados

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¿Qué hay detrás de esta decisión de Zapatero? La necesidad del Gobierno de enviar un nuevo mensaje contundente de confianza a los mercados, en la dirección de la consolidación del déficit público, ante el riesgo de graves convulsiones financieras en los próximos meses. El Ejecutivo tiene interiorizado que no están superadas las serias turbulencias de agosto, que llevaron la prima de riesgo española a un récord histórico.

Y ese riesgo es especialmente alto mientras no se implementen las decisiones adoptadas por los Gobiernos europeos sobre el fondo de estabilidad financiera, que tardarán aún varias semanas en materializarse.

Zapatero, según señalan en su entorno, ya ha agotado las posibilidades de ajuste con la bajada en 5,5 puntos del PIB, dato que el presidente recalcó en su intervención de ayer, al presentar su nuevo plan de consolidación fiscal, que implica un ahorro de 5.000 millones de euros. Le quedan medidas políticas espectaculares. Como la Ley de Estabilidad Financiera le pareció insuficiente, decidió llevar el compromiso de déficit a la Constitución, siguiendo la pauta de Alemania y Francia. Y lo anunció ayer por sorpresa para la inmensa mayoría.

Con el anuncio de la reforma constitucional, Zapatero trastocó el sentido inicial de su último debate en pleno como presidente -le quedan aún dos sesiones de control- antes de la disolución de las cámaras.

Con la presentación y aprobación del paquete de medidas de ajuste del déficit -reducción del gasto farmacéutico, anticipo del impuesto de sociedades y reducción del IVA del 8% al 4%-, que era el objetivo inicial del debate de ayer, Zapatero trataba de enviar el mensaje, en clave política, de que el Gobierno ha seguido luchando contra la crisis en plenas vacaciones estivales.

También, y tras las graves convulsiones internacionales de agosto, le venía bien reafirmar la globalidad de la crisis, que afecta a las principales economías -Estados Unidos, Alemania y Francia- para contrarrestar la machacona estrategia del PP de limitar el debate de la crisis a escala nacional y responsabilizar a los socialistas de la misma.

Zapatero se lo recordó a Rajoy en un momento del debate. Pero sabía que todo lo iba a tapar el anuncio de reforma constitucional, más aún tras la implicación de Rajoy, acordada la víspera. Y, también sabía que el pacto con Rajoy le impedía lanzarse a un debate a cara de perro con el líder de la oposición, pese a que boicoteó algunas de las medidas de ajuste, como la bajada del IVA.

Zapatero reafirmó, en el debate de ayer, la línea que impulsó en mayo de 2010, con su plan drástico de ajuste contra la crisis al situar como prioridad el alejamiento del riesgo de la intervención exterior en España. Ayer lo volvió a recordar en el debate y lo situó por encima de los intereses electorales del PSOE para el 20-N, al promover una iniciativa, como la reforma constitucional, que a priori podría beneficiar a Rajoy, quien la propuso sin éxito hace un año cuando fue rechazada por el candidato socialista, Rubalcaba.

El último debate de Zapatero puso de relieve, también, lo baqueteado que está por una crisis tan poliédrica y prolongada cuando replicó, por enésima vez, a Rajoy, que en una crisis como ésta de lo que se trata no es de tener un plan cerrado sino de tomar las medidas de respuesta adecuadas en cada momento. No le hizo falta decir a Rajoy que un cambio de Gobierno no va a solucionar la crisis. Ya lo dijo el portavoz del PNV, Josu Erkoreka.

El hecho es que Zapatero va a terminar su mandato gobernando hasta el último momento y sin acabar de ver la luz al final del túnel de la crisis, como deslizó ayer. Una frase al término de su intervención define la situación y su angustia: "Deseo que no volvamos a vivir una crisis como la que estamos viviendo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de agosto de 2011.

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