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Reportaje:

Obras de arte doblemente expuestas

Ningún sistema de seguridad protege al patrimonio del ataque de los dementes

La seguridad absoluta es una entelequia. Los responsables de museos, salas de exposiciones, conjuntos monumentales, iglesias, catedrales y hasta galerías de arte saben que toda obra que esta expuesta al público corre peligro, por muchos recursos que se empleen en su protección. "Todos los métodos de seguridad tienen lagunas", reconocía el pasado martes Francisco Navarro, delegado de Administración y Patrimonio del Cabildo de la Catedral de Sevilla.

Esta afirmación se produjo tras conocerse que un hombre de 66 años, al parecer con sus facultades mentales alteradas, asestara dos golpes a un retrato del rey San Fernando firmado por Murillo y que se exhibe en el pequeño museo con el que comienza la visita a la catedral hispalense. El incidente, que ocurrió el pasado 14 de junio pero se ha hecho público esta semana, no ha tenido consecuencias para el lienzo del siglo XVII, apenas un hundimiento temporal de la tela que a las pocas horas recupero su aspecto original. Percances como este u otros como el ataque que sufrió en junio del año pasado la talla de Jesús del Gran Poder, obra de Juan Mesa fechada en 1620, a la que un perturbado arrancó el brazo derecho, son "inevitables", aseguran todos los especialistas consultados.

El Museo Thyssen Málaga tiene un circuito cerrado con 130 cámaras

"Todos los métodos tienen lagunas", dice Navarro, de la Catedral de Sevilla

"La protección total no existe, ni ha existido nunca. En los museos de reciente creación se instalan sistemas muy sofisticados que impiden, casi por completo, la sustracción de las obras; pero si alguien está decidido a dañar una obra y no le importan las consecuencias porque o no está en sus cabales o lo que busca es notoriedad, eso no lo podemos evitar, salvo cubriendo las piezas con cristales blindados como ocurre con la Mona Lisa, en el Louvre", afirma José Luis Zambrano, director de Seguridad del Museo Carmen Thyssen Málaga.

Esta pinacoteca, la última que se ha abierto en Andalucía, se inauguró el pasado 24 de marzo en el recién restaurado palacio de Villalón, del siglo XVI. El museo cuenta con los sistemas de protección más completos del mercado, que controlan un equipo de 25 vigilantes de seguridad bajo las ordenes de Zambrano y dos jefes de seguridad. "Además de los vigilantes hay 20 auxiliares de sala que también dependen de nuestro departamento. Ellos atienden al público y también vigilan que nadie toque un cuadro o se salte una catenaria", explica Zambrano, responsable de lo que ocurra en una superficie expositiva de casi 5.200 metros cuadrados en la que, actualmente, se exhiben 240 piezas, la mayoría pinturas del siglo XIX de autores andaluces.

"Disponemos de un circuito cerrado con 130 cámaras que están centralizadas en un control vigilado por dos personas las 24 horas. Ellos son los primeros encargados de dar una respuesta si salta una alarma de las barreras electrónicas de las cubiertas (anti-intrusión), de incendios, de los sensores sísmicos, o de ruido. El control está conectado con la policía y todos los servicios de emergencias", explica Zambrano.

"Dentro de poco instalaremos un sistema de seguridad individualizado para cada cuadro que consiste en colocarle un chip conectado al centro de control que registra cualquier movimiento y si alguien lo descolgara activaríamos el sistema de bloqueo inmediato de las puertas y siempre sabríamos dónde se encuentra la obra", añade.

Las medidas de seguridad son las mismas, algunas más sofisticadas que otras, en todos los espacios que albergan arte. Alarmas conectadas a una central, vigilantes y puertas blindadas es lo mínimo que una compañía exige para asegurar obras de arte que están expuestas al público. "Nosotros trabajamos con todo tipo de clientes, desde particulares que tienen una obra de 30.000 euros hasta coleccionistas con piezas cuyo valor suma 300 millones de euros", afirma David Encinas, director de Marketing de Axa Art España, una de las principales aseguradoras especilizadas en obras de arte en el mundo.

"Lo más frecuente son daños estéticos durante el transporte o el embalaje, los robos en el mercado del arte son poco frecuentes porque se trata de piezas conocidas muy difíciles de vender. Cuando se producen suelen ser por encargo y, casi siempre, la policía los descubre", añade Encinas, quien recibió un montón de llamadas de cofradías sevillanas tras el ataque al Cristo del Gran Poder. "El problema es que muchas no conocen el valor de sus piezas y no están dispuestos a gastar dinero en una tasación, así que están infraasegurados porque tienen pólizas para el contenido general", concluye.

Con los controles actuales se habrían evitados robos tan rocambolescos como el que sufrió La visión de San Antonio, de Murillo, que está en una de las capillas de la Catedral de Sevilla. El gran cuadro fue mutilado en 1874 para apoderarse de la figura de San Antonio. Un año más tarde, un anticuario de Nueva York se hizo con el fragmento del lienzo y lo devolvió al templo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de agosto de 2011