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Crónica:SILLÓN DE OREJAS

Encantados de saludarla, señora Wilde

Oscar Wilde nunca fue "un marido ideal" como tampoco lo era sir Robert Chiltern, protagonista de su célebre comedia, pero hubo un tiempo en que lo intentó seriamente. Incluso sus amigos se dieron cuenta. Por ejemplo, el joven Yeats, que, tras una visita a la casa de los Wilde, se refirió a la "perfecta armonía" del matrimonio, bajo la cual percibía, sin embargo, cierta "deliberada composición estética". Oscar y su mujer, Constance Mary Lloyd, ambos irlandeses, se casaron en 1884, se mudaron al entonces bohemio barrio de Chelsea y vivieron juntos hasta que estalló (1895) el escándalo que llevó al dramaturgo a un juicio ignominioso. En el entretanto hicieron dos hijos (Cyril y Vyvyan) y se convirtieron en la pareja más deslumbrante del Aesthetic Movement, la vanguardia intelectual y artística que agitó a la muy pacata sociedad tardo-victoriana. Como pareja se comportaban como su propio anuncio, mostrándose a menudo orgullosos y desafiantes. Él epataba con su talento y su ingenio y ella se mostraba como una mujer independiente que se enfrentaba a los tabúes de su tiempo; abogada de los derechos de las mujeres y partidaria de la libertad de Irlanda, defendió la "vestimenta racional", criticando el opresivo corsé y las inflamables crinolinas entonces utilizadas por las damas, al tiempo que lucía revolucionarios vestidos en los que la elegancia no estaba reñida con la libertad de movimientos. Escribió artículos y cuentos para niños, intervino en tertulias y debates, y apoyó iniciativas empresariales de carácter feminista. Y contribuyó a convertir su casa de Tite Street en uno de los templos de la vanguardia artística londinense. La estupenda biografía Constance: The Tragic and Scandalous Life of Mrs Oscar Wilde, de Franny Moyle (John Murray, 20 libras; 10,99 en e-book) recorre la trayectoria vital de esta mujer, explorando tanto su actividad social como su papel como esposa y madre. Descrita a menudo como una especie de víctima pasiva de su marido, que se habría casado con ella para acallar a los moralistas y aprovecharse de su dinero, Constance emerge en esta biografía como una mujer valiente y decidida que trató de ayudar a Wilde hasta el final. Tras el escándalo -y la negativa de Oscar a abandonar a Alfred Bosie Douglas- cambió de nombre y se exilió con sus dos hijos. Murió (1898) a los 39 años en Génova, en cuyo cementerio está enterrada. Hasta los años sesenta del siglo pasado no se inscribió en su lápida que había sido la esposa de Oscar Wilde.

Clones

Clonar el éxito de María Dueñas: esa parece la consigna para la nueva temporada. Junto a El juego del ángel (Planeta, 2008), de Carlos Ruiz Zafón, y La catedral del mar, de Ildefonso Falcones (Grijalbo, Random House), El tiempo entre costuras (Temas de Hoy, Planeta, 2009) forma parte del trío de honor de los fast sellers españoles de los últimos años. Ahora, con el mercado aún exangüe, varios sellos enfrentan la rentrée apostando por posibles clones (en el sentido comercial del término) de esa novela que tantas satisfacciones sigue dando. Clones que, como en el caso de la novela de Dueñas, sean buenos, bonitos y, sobre todo, baratos: con anticipos de primerizo (y si no hay agentes literarios, mejor que mejor) y rentabilidades de las de antes. De El tiempo entre costuras se afirma (dentro del patético secretismo que rodea en España a las cifras de ventas) que, entre pitos, packs y flautas, ya se han "colocado" un millón de ejemplares. Ese es el sueño de los editores, pero no el único. Ahora también quieren que los autores "se lo curren" en la promoción. De María Dueñas dicen que va a donde la llamen: a giras, a presentaciones, a charlas, a bibliotecas, a clubs de lectura, a librerías, a institutos, a ferias, a mesas redondas. Dueñas ha demostrado que, a la hora de ahorrar en mercadotecnia, el trabajo del autor es el mejor impulsor del "boca a boca". Y ese es, mientras nadie demuestre lo contrario, el mejor sistema para vender libros. Y aunque las muy profesionales chicas de Temas de Hoy siguen retrasando el bolsillo de El tiempo entre costuras para no matar prematuramente a la gallina de los huevos de oro, el departamento editorial sigue buscando alternativas. Su siguiente "apuesta" (en octubre) es Lazos de humo, de la periodista María Iglesias (Sevilla, 1976), algo más joven que Dueñas, pero con un perfil semejante: ambas han hecho carrera al margen (pero cerca) de la literatura, las dos son entusiastas, una y otra parten de motivos relacionados con su historia personal. Lazos de humo cuenta (en algo más de seiscientas páginas) la historia de Germán Díaz, "el hijo de un carbonero", que supera sus orígenes de clase y se convierte en abogado defensor de los humildes. Todo eso en la charnela de los siglos XIX y XX, con las crisis políticas y económicas del joven siglo como telón de fondo de una historia de personajes. Narrativa de corte tradicional (es decir, antiguo) con sus amores y sus psicologías, sin florituras literarias y para lectores a los que las novelas "de intriga histórica" se les han quedado cortas. En resumen: lo que se vende, queridos.

Gatti

Toda la obra de Armand Gatti (Mónaco, 1924) está marcada por la obsesión de intentar que "el hombre sea más grande que el hombre". Anarquista desde su infancia (su padre lo era), resistente durante la Ocupación, poeta antes que nada, Gatti encontró en el periodismo la Universidad en la que completó su conocimiento del mundo. En 1959, años después de obtener el prestigioso premio Albert Londres, abandonó definitivamente el periodismo por el teatro. No por cualquier teatro. La suya es una dramaturgia profundamente antiburguesa en la que todos los elementos convencionales se encuentran permanentemente en entredicho: el propio texto, los personajes, el espacio y el tiempo, los actores, el espectador. Sus obras son auténticas work in progress en las que texto y contexto se permeabilizan y fecundan, y en las que los personajes (interpretados a menudo por actores no profesionales) son portadores de mensajes que constantemente se ponen en cuestión. La editorial KRK, en cuyo catálogo ya figuraban algunas de sus obras teatrales (entre ellas La pasión del general Franco, compuesta en los sesenta para recaudar fondos para los obreros asturianos en huelga), ha publicado recientemente un volumen que incluye La columna Durruti y La tribu de Carcana, ¿en guerra contra qué?, dos piezas construidas en torno (y como homenaje) al célebre anarquista leonés muerto en Madrid (20 noviembre, 1936) al día siguiente de recibir un disparo de origen no aclarado. En ellas Gatti recoge y discute los dilemas teóricos que inquietaban a Durruti (¿qué es lo prioritario, ganar la guerra o hacer la revolución?) y reconstruye un posible retrato del revolucionario Ramón Carcana (álter ego del líder anarquista), elaborado a partir de quienes tuvieron un papel determinante en su vida. Un teatro distinto que puede leerse como un apasionante ensayo abierto a la interpretación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de agosto de 2011