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Crítica:

La vida en titulares

Narrativa. Eugenio Scalfari, fundador del diario italiano La Repubblica, definió en una ocasión a los periodistas como "gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente". Esa es exactamente la vocación del protagonista de esta novela, Frank Allcroft; también es una de las causas de su infelicidad. ¿Qué siente un periodista cuando el periodismo cede su lugar al espectáculo y su trabajo desemboca en hacer de lo banal algo importante? ¿Qué siente cuando los colegas "que tienen personalidad" son despedidos o prejubilados porque "no encajan"? ¿Qué siente cuando, día tras día, acude a la redacción para hacer cosas sin sentido porque lo que antes tenía sentido ha saltado en pedazos desde la irrupción de Internet? En el caso de Frank Allcroft, presentador del informativo de la televisión local de Birmingham, 43 años, casado felizmente, padre de una hija que vive tendida alegremente hacia el futuro, e hijo de una madre que vive arrastrando amargamente el pasado; en el caso de Frank, como decía, el desconcierto se combate con ironía británica. Pero ni siquiera esa valiosa protección consigue que su sinsentido laboral cotidiano no derive en una peculiar obsesión por aquellos que mueren solos sin que nadie les eche de menos, gente que nunca será titular de una noticia y que desaparece sin dejar huella, como si nunca hubiera existido. Uno de esos muertos llevará a Frank a indagar sobre el extraño atropello que ha acabado con la vida de un famoso y maduro presentador de un concurso televisivo. La trama de la investigación anima el desasosiego que produce la triste descripción del periodismo en el tiempo de transición actual. Como diría Frank: "Bueno, eso es la vida, ¿no?".

La vida en titulares

Catherine O'Flynn

Traducción de Daniel Royo

Seix Barral. Barcelona, 2011

288 páginas. 18 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de agosto de 2011

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