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Reportaje:Música

El festival de los abrazos

Sonorama cierra cuatro días de música 'indie' que han dejado un millón de euros de beneficio en Aranda de Duero

Dos cosas pueden pasar cuando se decide alargar un festival un día más: que los biorritmos digan basta o que, por el contrario, después de tres jornadas intensas de pop-rock en español, estén más que adaptados. Para quienes el cuerpo les reclamó una cura el domingo -la cuarta jornada por ser hoy festivo- Javier Ajenjo, director del Sonorama, tenía la solución: "Sopita de lechazo con gotitas de vino de Ribera del Duero". El ideador de este encuentro remató ayer la cita, a duras penas, con datos en la mano: más de un millón de euros en impacto económico para Aranda de Duero.

A la organización aún le quedaban cifras por cerrar, pero a primera hora de la tarde de ayer se habían vendido 8.000 abonos y una media de entre 1.000 y 1.500 entradas diarias. Estos números le han supuesto además a la ciudad una repercusión mediática de dos millones de euros, según un informe que el Sonorama ha hecho en colaboración con el Estudio General de Medios.

El dúo de pop madrileño Ellos, formado por Guille Mostaza y Santi Capote, subió al escenario su cuarto álbum, Cardiopatía severa, en un concierto empujado por el omnipresente calor y el batallón extra que llenó anoche el recinto para ver a última hora la vuelta de Amaral que presentó algunos temas de su nuevo álbum Hacia lo salvaje. Fernando Alfaro con su pop intenso que bordea a "la muerte diaria", en palabras del intérprete, creó gran expectación al atardecer, antes de la traca final.

"El cartel no ha sido como el del año pasado", asumía Ajenjo, "no hemos tenido unos Piratas, unos Love of Lesbian o unos Vetusta, por eso es más meritorio, hemos consolidado el Sonorama". Y a ello contribuyeron también Teenage Fanclub en la fiesta de despedida en la que la banda escocesa interpretó sus grandes éxitos y algunos menos conocidos de su último trabajo. "Hemos creado un show de una hora para que, incluso los que no han venido a vernos antes, puedan bailar nuestras canciones", decía a punto de comenzar su recital Norman Blake, el cantante. La última perla internacional del festival disfrutó al máximo de los vinos de la región, "tan caros", dijo Blake, en Inglaterra.

Era el adiós al "año de la transición", como definió ayer el director del Sonorama la 14ª edición. Un punto de inflexión que mira directamente a los ojos de los paisanos de Aranda para que "asuman de una vez que esto no es una fiesta de pueblo", y a los de los políticos. Del presupuesto de 1,2 millones de euros de la cita, solo entre el 6% y el 10% proviene de las arcas públicas. "Podríamos sobrevivir sin esta aportación, pero necesitamos seguir con la voluntad de colaboración del Ayuntamiento y la Junta de Castilla y León para hacer un festival sin agobios donde pararse a dar un abrazo a un amigo entre concierto y concierto sea posible".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de agosto de 2011