Reportaje:Música

En las más altas cumbres

Thielemann dirige magistralmente en Salzburgo la 'Sinfonía alpina' de Strauss - Dos muestras coinciden en celebrar en la ciudad el hechizo de las montañas

El Mont Blanc, techo de los Alpes, supera los 4.800 metros. Cota que queda superada en Salzburgo (metafóricamente, claro) en los meses de verano. Al hilo de su festival, desde luego, pero también con una serie de manifestaciones no por paralelas con menor entidad cultural. La Sinfonía alpina, de Richard Strauss, interpretada el domingo y lunes pasados por la Filarmónica de Viena bajo la dirección de Christian Thielemann, se veía así oportunamente reforzada en la ciudad con la apabullante exposición Alpen, en la Residenz, una reflexión sobre la influencia de las altas cumbres en las artes plásticas -y en la sociedad en general- en los últimos cuatro siglos. Además, la galería Thaddaeus Ropac ha tirado la casa por la ventana en una doble exposición dedicada a Anselm Kiefer, con las altas montañas como punto de partida de un panorama más amplio. Un panorama que llega a nuestros días con las consecuencias de las guerras y con ecos del pensamiento universal vinculados a Hölderlin, Goethe, Heidegger o historias del Antiguo Testamento.

El concierto monográfico dedicado a Richard Strauss con Thielemann, la Filarmónica de Viena y la soprano estadounidense Re-née Fleming, fue una de esas veladas musicales en las que se percibe que la excelencia es aún posible. Bien es verdad que en estos momentos el director musical Christian Thielemann está en el centro de todas las miradas, tras haber sido nombrado sustituto de Simon Rattle a partir de 2013 en el Festival de Pascua de Salzburgo. Un cambio de gran calado, pues supone además que la Filarmónica de Berlín deja su sitio de las últimas décadas en Salzburgo a la Staatskapelle, de Dresde, de la que Thielemann es titular, y con la que comparecerá en unas semanas en el único festival que puede hacer competencia a Salzburgo, el de Lucerna.

Thielemann ha sido elegido el mejor director musical del año, por encima de Muti y Abbado, en la última lista de la revista Festspiele, lo cual, a pesar de lo relativas y discutibles que suelen ser estas clasificaciones, no ha pillado por sorpresa a casi nadie. Lo cierto es que el director berlinés sacó un sonido prodigioso de la Filarmónica de Viena en la Sinfonía alpina, con infinidad de matices en la exploración de las tormentas del alma, como dice el analista Christian Wildhagen, y con un poder de persuasión que rozaba lo sobrenatural. Antes, había acompañado con maestría en cuatro lieder y en la escena final del primer acto de la opera Arabella, de Richard Strauss, a la impoluta Fleming -vestida de diva de otro planeta-. Una soprano cuya voz de cristal se ajusta a la fragilidad y melancolía del canto del compositor bávaro.

La Sinfonía alpina tiene una correspondencia natural en la exposición Alpen, de la Residenz, no tanto por la contemplación de las míticas montañas tal y como eran pintadas después del nacimiento de la ópera, sino sobre todo por ver el carácter épico que adquirieron con la era romántica o las curiosas repercusiones sobre el mundo alpino que causó el aluvión del turismo, que se ejemplifican en varias instalaciones o folletos de propaganda.

En otro registro se mueve Anselm Kiefer con su doble exposición Alkahest, un recorrido a partir de "montañas enteras y sedimentos que se han acumulado durante millones de años, y son transportados al mar a través del agua", en palabras del propio artista. Kiefer explora la energía de esa transformación, con alusiones a los desastres de las guerras, la mitología nórdica, Gaza, Moisés, Sansón, algunos poemas de Hölderlin o pensamientos de Heidegger. Y el silencio, siempre el silencio.

Con tanto alarde artístico y explosión reivindicativa de la naturaleza, las llamadas a la realidad económica pueden parecer incluso inoportunas. Pero no lo son. Lo demuestra el significativo estudio de la Cámara de Comercio de Salzburgo sobre la repercusión del festival en la vida cotidiana de la ciudad, con datos como el gasto diario por visitante (283 euros), la procedencia (mayoritariamente alemana) y el número medio de días (7,1) que permanece en la ciudad, la inversión por persona en localidades (573 euros)... Pero eso es otra historia.

Christian Thielemann, al frente de la Filarmónica de Viena.
Christian Thielemann, al frente de la Filarmónica de Viena.SILVIA LELLI
El cuadro <i>El jovial estado de ánimo de las nubes</i> (2011), de Anselm Kiefer.
El cuadro <i>El jovial estado de ánimo de las nubes</i> (2011), de Anselm Kiefer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 10 de agosto de 2011.

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